Fernando Rodríguez Sosa

Leer es vivir

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba
Fotos: Antonio López Sánchez

Durante ya plurales décadas, el fomento de la lectura y la defensa insistente de textos y autores nacionales han sido el móvil del quehacer incansable de este promotor de la cultura. En diversos foros de la radio, la televisión y en regulares espacios de la capital y fuera de ella, es una presencia constante su análisis certero, su crítica, su incitación al encuentro con la página escrita.

Imagen: La Jiribilla

Fernando Rodríguez Sosa es un hombre alto, amable y respetuoso. Desde la palabra, sea al conversar o al conducir sus espacios, es el formal practicante de una protocolar y grave cortesía, de esas que ojalá abundara más en estos tiempos. Así que su sobria parsimonia, su locuaz mesura, sus modos de lord criollo, son siempre de agradecer por quienes le escuchan.

Entonces, a propósito de los 15 años de su espacio “Libro a la carta” La Jiribilla fue en busca de algunas de las razones y respuestas de este intelectual cubano. Alguien cuyos caminos de vida y quehacer resultan ya imposibles de separar de las páginas de los libros. Escuchemos y aprendamos.

Después de tres lustros en este espacio, como hora de recuentos: ¿Qué gratitudes e ingratitudes trae a la memoria este cumpleaños?

Realmente el recuento rebasa este aniversario, porque estoy promoviendo el libro en Cuba desde hace más de 40 años. Desde el momento de mi graduación como universitario, en la entonces escuela de Periodismo en la Ciudad de La Habana, en 1974, justo en ese mismo mes se publica en Bohemia mi primer trabajo. Era un comentario sobre un libro de textos del periodista chileno Augusto Olivares, que cayera junto con Salvador Allende en el ataque a La Moneda. Eso parece que de alguna manera marcó mi desarrollo intelectual posterior, porque, desde entonces, he estado vinculado al libro.

Han sido numerosas las gratitudes y las ingratitudes. Pero si uno pesa en una balanza, son más los elementos positivos, son mayores las gratitudes que proporciona el hecho de poder contribuir desde los medios a dar a conocer los valores de la literatura cubana. Ese es el verdadero centro de mi actividad en la radio, la televisión, la prensa escrita y la digital.

Imagen: La Jiribilla

Muchas veces me preguntan por qué no comento libros de autores extranjeros editados en el país. De eso se puede encargar la crítica especializada, el trabajo editorial. A mí me parece más importante dar a conocer, exaltar la literatura que se escribe hoy, o que se ha escrito a lo largo del tiempo en Cuba. Ese es uno de los valores esenciales que integran nuestra nacionalidad. En general, en estas ya más de cuatro décadas —aunque ha habido elementos negativos— el balance es favorable, es muy enriquecedor.

Habría que preguntar por qué no escribe usted, tan apasionado de lo que escriben otros.

No es el caso. Muchas personas me preguntan por qué no lo hago. Soy un periodista, un crítico literario en el sentido martiano del término. Cuando una obra me parece que no tiene los valores adecuados, prefiero no hablar de ella. Prefiero criticar en el mejor sentido del término, bajo esa idea martiana, lo que vale la pena leer, más allá de sus lunares posibles.

De todos modos, te anticipo algo que no he dicho en ningún medio. Con la colaboración de mi hija Aline María Rodríguez, que es también periodista, estoy preparando un libro testimonial sobre esa primera actriz que es Verónica Lynn. Estamos en la fase de grabación, ya tenemos unas diez horas de conversación, donde esta artista, Premio Nacional de Teatro y Televisión, me está contando su vida, su experiencia vital. Puede ser interesante dar a conocer la obra de esta mujer, que sin dudas es un ícono en el campo de la cultura cubana.

Hay una frase que usted utiliza, donde afirma que el libro siempre se abre paso. Pensando en la anunciada muerte del libro por la tecnología actual, quisiera me hiciera una reflexión, a propósito de esas ideas.

Ese es un proverbio ruso que, desde que lo descubrí, lo uso de manera constante en todos mis espacios. En Habana Radio tengo un programa desde hace unos dos años que se titula “Invitación a la lectura”, donde se entrevista a un escritor, y siempre termino con esa frase. El proverbio dice que el libro es como el agua, que por doquier se abre paso.

Imagen: La Jiribilla

El libro se abrirá paso, como lo hizo la radio frente a la televisión y luego la televisión frente al cine. No sé cómo ocurrirá, pero no es igual leer en un tablet, en una pantalla de una computadora, que poder hojear, palpar, oler un libro. Sentir su textura, su uso como objeto artístico. Además, el mundo virtual está en evolución constante, hay algo que hoy surge y mañana está obsoleto. En medio de eso, el formato de papel persistirá. Las grandes editoriales siguen publicando en ese soporte y en cifras considerables. No creo que el libro muera nunca.

¿Qué le falta por hacer a Rodríguez Sosa con el libro en Cuba?

Mucho. Seguir insistiendo, hacer lo mismo que he hecho en 41 años y que no voy a cejar en el empeño de hacerlo. En los dos espacios que tengo aquí en la librería Fayad Jamís, “Páginas inéditas” y “Libro a la carta”, y en el que tengo en Matanzas, que ya tiene 16 años, y ahora tiene un nuevo nombre: “Confesión entre cuentos”, además de los programas que tengo en los medios de difusión. En todos esos lugares el objetivo es el mismo. Es hacer la promoción, la divulgación, es tratar de acercar al lector potencial a los textos. No con grandes artículos teóricos —porque no es mi estilo ni mi propósito— sino de manera cercana, conversacional, tratar de describir la riqueza que está en las páginas de un libro. Contarle por qué es importante conocerlo, disfrutarlo.

Para terminar, usted que le ha dedicado la vida a incitar a la lectura me diría, ¿qué es leer?

Me has cogido en una trampa, porque esa es la pregunta que siempre le hago a mis invitados. Es muy difícil… ¿Qué es leer? Leer… Leer es vivir.

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