El resplandor de las velas frente al espejo:

Apuntes sobre la fotoanimación en el joven documental cubano

Antonio Enrique González • La Habana, Cuba
Fotos del Autor

Entre los nuevos senderos morfológicos, narrativos y conceptuales que remonta en estos momentos la documentalística cubana, en pleno proceso de reconfiguración —y deslinde respecto a las concepciones de las dos últimas décadas—, está el de la fotoanimación [1], cual suerte de resurrección-reconcepción de este lenguaje tras su paradigmático empleo en los años 60 y 70, sobre todo a manos de Santiago Álvarez.

Imagen: La Jiribilla

Frente al espejo (Maysel Bello, 2009)
 

Amén de las significativas incursiones que hacen piezas fictivas como Memorias del desarrollo (largometraje de Miguel Coyula, 2010) y Operación Alpha (falso documental de Ricardo Figueredo, 2011), dos obras más “puramente documentales” descollan como nuevas y sólidas referencias de las principales variantes formales de la fotoanimación [2]: Frente al espejo (Maysel Bello, 2009), y Velas (Alejandro Alonso, 2013). [3]

Se decanta Maysel, junto a Mayquel Díaz (imprescindible, a cargo del montaje y la posproducción) por la fotoanimación de collage, obediente del rol del documental como compilador de datos “históricos”, probatorios de la tesis y la historia desarrolladas.1.                                                                   

Con un ritmo pausado hasta la languidez, en orgánica connivencia con la calma y dulce voz de Eslinda Núñez y la casi (pero muy sutil y adecuada) omnipresencia de las bandas sonoras de cintas antológicas de la actriz, la urdimbre dramatúrgico-visual de Frente al espejo está principalmente sustentada en la apropiación de fotogramas claves de obras a las cuales la testimoniante se refiere en diferentes momentos.

Se decanta Maysel, junto a Mayquel Díaz (imprescindible, a cargo del montaje y la posproducción) por la fotoanimación de collage, obediente del rol del documental como compilador de datos “históricos”, probatorios de la tesis y la historia desarrolladas; concentrados en la apoyatura y complemento visual de los datos orales y sonoros ofrecidos.  

Bien desde el replanteamiento de la foto como plano secuencia determinado por los movimientos de cámara y la segmentación en otros tantos planos; bien por la secuenciación de fotos en una acción íntegra —lo cual frisa los bordes de la pixiliación [4]—, o bien a partir de la actitud más invasiva de re-enfocar y “recortar” elementos claves para que interactúen de diferente manera con el contexto original, el realizador propone una verdadera reconstrucción de las creaturas originales, en dialógica y asertiva relación con las palabras de la Núñez al respecto.El otro Cristóbal (Dir. Armand Gatti, 1963), Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968), Lucía, Un día de noviembre, Cecilia (Humberto Solás, 1968, 1972 y 1980), y otras obras, son replanteadas desde el redimensionamiento semántico y expresivo de sus unidades elementales, desde la confección de nuevas jerarquías sígnicas.

Así, El otro Cristóbal (Dir. Armand Gatti, 1963), Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968), Lucía, Un día de noviembre, Cecilia (Humberto Solás, 1968, 1972 y 1980), y otras obras, son replanteadas desde el redimensionamiento semántico y expresivo de sus unidades elementales, desde la confección de nuevas jerarquías sígnicas; también desde el juego (violación de) con los propios tiempos y ritmos originales de percepción. La acción cede su lugar protagónico a la pose, validada ahora como recurso y planteamiento axiales.

El espectador avisado vuelve a cintas harto conocidas, pero ubicado en una nueva dimensión preceptiva, no solo por la segmentación obligada de los metrajes y la información muy particular que revela la entrevistada (cercana al audiocomentario, muy de moda en la cultura DVD), sino por la elongación dramática que presupone “congelar” la imagen, donde figuras humanas, objetos y contextos son sometidos a un escrutinio más concienzudo, a partir de su redimensionamiento como valores de composición estática.

Las diversas unidades de sentido que son las fotos empleadas, se engarzan en una coherente narración, gracias a un montaje eficaz, armonizado con los significados sonoros en ritmo (como ya dije) y sentido. Frente al espejo opta por un relato bastante apegado a lo cronológico, dada la dinámica del testimonio, del recuento que la Núñez hace de sus participaciones en las diferentes empresas fílmicas referidas, de las bondades y complejidades de los personajes que le ha tocado encarnar.

La truca de las imágenes, si bien busca y logra generar contenidos imprescindibles, también lo hace desde el diálogo estrecho con los parlamentos. Así, en determinado momento en que Eslinda habla de una escena de su Lucía, donde rejuega amatoriamente con un poema martiano, junto a su pareja fílmica (Ramón Brito), se concatenan fotos de su plática en una acción “casi” igual en tiempo e intención que la cinta original. Cuando le toca conversar sobre la desgarradora secuencia donde identifica el cadáver del amado, el montaje imprime celeridad a los diferentes planos (primeros, medios y generales) que exponen tales momentos…              

El documental Velas viene a ser otra de las más recientes y relevantes obras cubanas, pensada y narrada fundamentalmente desde la fotoanimación de registro intencionado. 2.

También de ritmo (aún más) pausado, calmo, el documental Velas viene a ser otra de las más recientes y relevantes obras cubanas, pensada y narrada fundamentalmente desde la fotoanimación de registro intencionado, pues la mayoría de las piezas engarzadas dramatúrgicamente fueron expresamente tomadas por Alonso y su colega Lázaro Lemus.

Acorde en tema y tesis con su generación creativa —concentrada en gran medida en la exploración existencial-humanista de las individualidades—, el realizador de marras apela a historias de vida, a los segmentos más íntimos, tan sensibles como la soledad y la tristeza, que no pocas veces acompañan a la vejez; en este caso de la pareja de ancianos “documentada”, Olga Careaga y Enrique González, por demás tíos abuelos del realizador.

Ahora, también estamos frente a una de las primeras obras posdocumentalísticas [5] cubanas, dado el involucramiento del autor y la re-creación de circunstancias y personajes mediante una puesta en escena (visual y sonora) de los sucesos de una “realidad” sustraída, latente, cribada por la preceptiva autoral. Aquí, las fotografías fijas —“montadas” no pocas de ellas— y la carta leída en off por Enrique, también previamente escrita por Alonso sobre las vivencias de los ancianos, devienen artificio re-creacional, mas, en ningún momento se ceban en la deshonestidad manipuladora y lacrimógena. La vida cotidiana de los ancianos es enfocada escrupulosamente, y es constantemente alejada de cualquier patetismo conmiserativo.

Imagen: La Jiribilla

Velas (Alejandro Alonso, 2013)
 

“Contaminado” en su segmento introductorio por imágenes en movimiento —una grabación “auténtica” de un cumpleaños de Olga—, Velas asume una de las formas más curiosas de la fotoanimación, legitimada en el universo cinematográfico por el plano secuencia inicial de La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954): hablo del paneo de la cámara por una serie de fotografías yuxtapuestas simultáneamente en un espacio diegético —paredes y muebles del apartamento, escenario principal de la cinta— tomadas por el protagonista, que testimonian la intrepidez rayana en temeridad de este profesional del lente interpretado por James Stewart, dispuesto a todo por captar la imagen más impactante posible.

Alonso emplea este recurso con las fotos familiares de Olga y Enrique, para ironizar delicadamente sobre lo nutrida de la familia, que ya han obliterado y relegado, por motivos disímiles, al patriarca y la matriarca. También, estas fotos domésticas enmarcadas, que para nada tienen méritos artísticos, de diferentes calidades y estados de conservación, narran elípticamente el desarrollo genealógico; delata el paulatino envejecimiento de los protagonistas durante esta progresión temporal, como singular variante de la fotoanimación de collage.

La segunda y principal sección del documental está integrada por el montaje dramatúrgico de las numerosas fotos en blanco y negro  con que fue registrado el presente de la pareja (siendo el pasado más feliz, refrendado con sus colores naturales), en diálogo perenne con la carta en off, sin acusar graficaciones baladíes. Pues las obras, tanto las instantáneas como las coreografiadas, delatan un preciso sentido de la composición, la luz y los encuadres. Los primeros planos y los grandes close-ups cartografían la infinita tristeza que saja los rostros con las arrugas, repletos sus surcos de añoranza y resignación. También llenos del bienhechor olvido que experimenta Olga en su demencia senil, como placebo para la nostalgia que puede desmembrar vidas.

Las fotos no son fragmentadas en Velas, trascendiendo su carácter de plano por el de verdaderos planos-secuencias íntegros, pues Alonso confía y desarrolla la dramaturgia interna de las imágenes, pausadas en su alternancia, al ritmo de la gangosa voz de Enrique —reaparece Sobre Luis Gómez. A la vez, estas imágenes en blanco y negro sumen la diégesis de Velas en una atemporalidad casi mística, un momento sin tiempo —¿un limbo?— donde la vejez, la soledad y la tristeza son eternas para estos verdaderos Sísifos que existen en un ciclo infinito.           

Notas:

1.- Para constatar los conceptos que manejo al respecto, ver en esta misma publicación el artículo Uno de los paradigmas de la fotoanimación cubana (http://www.lajiribilla.cu/articulo/11050/uno-de-los-paradigmas-de-la-fotoanimacion-cubana)
2.- La fotoanimación puede catalogarse acorde la naturaleza de las imágenes fijas empleadas en cada material: de “registro intencionado”, cuando las fotos son tomadas expresamente para la obra, y “de collage”, cuando se basa en la apropiación, manipulación, fragmentación y resemantización —mediante el montaje y la fotografía fílmica— de imágenes no registradas ni concebidas por el realizador para sus puestas en escena.
3.- Premiado en la categoría de Mejor Documental en la XIII Muestra Joven del ICAIC, en 2014.
4.- La pixilación es la variante específica del stop motion dedicada a la animación de seres humanos.
5.- El documental Clandestinos 2.0 (Gabriel Reyes, 2013), también tributa a esta corriente, dado el carácter intimista-reflexivo que lo convierten en “registro” fehaciente de las preocupaciones intelectuales y generacionales del autor, quien las grafica y refrenda con imágenes filmadas.

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