Jóvenes documentalistas por la diversidad sexual

Frank Padrón • La Habana, Cuba
Fotos: Archivo

La diversidad  erótica  cada vez se hace sentir con mayor vehemencia y originalidad en el cine y en general, el audiovisual cubano(s).

Imagen: La Jiribilla

Tacones cercanos (2008)

La Muestra de Nuevos realizadores (llamada desde hace algún tiempo, Muestra Joven ICAIC) ha sido vanguardia en tal sentido desde sus primeras ediciones; cierto que con las mismas diferencias cualitativas que se aprecian en cualquier otro de los muchos temas y conflictos que esos bisoños cineastas focalizan en sus filmes, pero es evidente que hay una suerte de movida respecto a la diversidad erótica, con idénticas diferencias estilísticas y conceptuales, de género(s) —en todos los sentidos del término— que implica el hecho.

Dentro del lesbianismo, por ejemplo, que durante tantos años resultó un tema preterido, tabú, sobresale La tarea (Milagros Farfán[1] 2010)  relacionada con un aspecto bien peculiar dentro de aquella: la maternidad.

Peculiar interés muestra el documental, por cuanto aborda los temas y sujetos desde una perspectiva digamos, más descarnada y directa. Me referiré aquí a algunos de los más sobresalientes.

Dentro del lesbianismo, por ejemplo, que durante tantos años resultó un tema preterido, tabú, sobresale La tarea (Milagros Farfán[1] 2010)  relacionada con un aspecto bien peculiar dentro de aquella: la maternidad.

A una niña le indican en su aula realizar como ejercicio doméstico una redacción sobre su familia, lo cual le plantea un dilema por cuanto ella vive con “dos madres”, la biológica  y la pareja de esta.

Con tacto e imaginación, la realizadora capta las relaciones familiares y sociales de ese núcleo mono parental, que tiene la singularidad de integrar un sector humilde y pertenecer a la raza negra, lo cual, bien se sabe, reviste el hecho de matices nada desechables.

Aunque se trata de un documental, este responde a la modalidad de “puesta en escena”, pues los personajes representan sus vivencias ante la cámara, y ha logrado captar y trasmitir ambiente, sicologías y sus intercambios con sensibilidad y fineza, apoyada en una esmerada edición.

Una boda lésbica centraliza  Easy Sailing (2012), de Hanny Marín, quien se acerca a la unión simbólica de dos jóvenes habaneras (Elizabeth y Mónica) que constituyen una armónica pareja. Pero antes, una sugestiva música instrumental, el sucinto pero expresivo testimonio de las implicadas y algunas imágenes —delicadas y muy líricas— aluden a los hechos preparando al espectador para ese enlace que se desea legal, y que por tanto funge como una anhelada profecía.

Imagen: La Jiribilla

Easy Sailing (2012)
 

Un reciente documental Mujeres…entre el cielo y la tierra (2013), de Ingrid León, es acaso el primer texto fílmico que con enjundia y conocimiento de causa presenta el tema de modo frontal y abierto. 

La joven cineasta, hija de la veterana documentalista Lisette Vila, se acerca en 33´a las peculiaridades de esta identidad erótica entrevistando a mujeres de distintas extracciones sociales, profesiones y niveles culturales; entre el testimonio personal y las consideraciones generales (también en su connotación “de género”) las abordadas van armando un mapa que apunta a varios factores: discriminación, lesbofobia, violencia (familiar, social…) y mucha frustración que el arrojo y la voluntad de muchas de ellas han logrado revertir hacia vidas plenas y realizadas.

Entre elocuentes pinturas de artistas que trabajan la temática femenina (Zaida del Río y otros), canciones que fungen como complementarios paratextos, elegidas por la también musicalizadora Lisette (directora general del filme), Mujeres… es no solo un necesario acercamiento a un tema que lo exigía a gritos, sino un documental notablemente resuelto en sus aspectos morfológicos y conceptuales.

Una identidad erótica que ha centralizado no pocos discursos estéticos —más allá del cine— a partir de los finales del siglo pasado, y a tono con su evidente y vehemente protagonismo social, ha sido el transgénero.

Los otros

Navegando por otros sujetos de la diversidad, la Muestra ha aportado novedosos y audaces textos fílmicos:

Sabemos que una identidad erótica que ha centralizado no pocos discursos estéticos —más allá del cine— a partir de los finales del siglo pasado, y a tono con su evidente y vehemente protagonismo social, ha sido el transgénero; sobre él y las peculiares miradas que lanzan nuestros jóvenes cineastas dan fe también algunos cortos:

Tacones cercanos (2008), de Jessica Rodríguez, nos acerca a un lamentable caso de transfobia cuando un(a) joven de tal tendencia erótica es agredido (a) por un hombre dañando un lado de su rostro al lanzarle ácido; la voluntad y espíritu de superación de quien sufrió tan terrible embate informa el filme y lo transmite a los espectadores, en una sucesión de primeros planos y afiches que apuntan (y homenajean) el referente almodovariano que le sirve de inspiración al título.

Uno de los primeros acercamientos al tema en el nuevo siglo lo hizo el holguinero Yan Montaña con su corto documental M & K (2003) que sigue a un trans en provincia, con todas las coordenadas sociales, familiares y sicológicas que ello implica.Uno de los primeros acercamientos al tema en el nuevo siglo lo hizo el holguinero Yan Montaña con su corto documental M & K (2003) que sigue a un trans en provincia, con todas las coordenadas sociales, familiares y sicológicas que ello implica, mediante expresivos testimonios, empezando por el/la protagonista, demostrando la posibilidad de una perfecta realización humana en esa identidad.

Ella trabaja (2007), de Jesús Miguel Hernández, legitima los derechos laborales de la comunidad trans en Cuba, algo en lo que abunda el laureado El evangelio según Ramiro (2012), de Juan Carlos Sáenz de Calahorra, que obtuviera nada menos que el premio Coral en la edición 34 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. El joven director y guionista, interesado en la religiosidad y sus proyecciones cubanas (como daba fe también en su corto de ficción Autorretrato con árbol (2010), se acerca a un transexual en la comunidad de Guanabacoa y emprende un recorrido por su día a día.

Documental de puesta en escena, elude entrevistas al uso para emplear solo imágenes (de gran plasticidad, apoyadas en la fotografía de Yanai Arauz  y la música de Ernesto Oliva, ambas muy sugestivas y eficaces, como la edición de Lenner Santana) y una voz “in off” que lee pasajes neo testamentarios —procedentes de los evangelios— los cuales calzarían las actividades rutinarias del humilde protagonista en su  pueblo natal, desde el proceso de aseo a su anciana madre, los afectos que se propinan él y su pareja, o la solicitud de trabajo que después lo muestra en las rudas labores de chapeo en el cementerio, hasta la participación (católico como es) en la procesión local de la Virgen.

El método es original, si bien se siente un tanto forzado el empeño de establecer simetrías entre la escritura bíblica que sirve de relato paralelo, y las actividades del travesti, a pesar de lo cual resulta válido como otra manera de acercarse a un ser humano, legitimando su personalidad y sus derechos incluso desde las más altos raseros de la religiosidad y la doctrina cristianas, como sabemos, frecuentemente enfrentadas (por quienes se han erigido en jueces implacables, amparados en lecturas ortodoxas y literalistas de la Biblia).  

Hombres y mujeres que se aman fuera de lo heteronormativo conforman, desde distintos puntos de vista, estos y otros audiovisuales que nos harán reflexionar en torno a otros tantos temas del amplio y diverso campo de la sexualidad humana,  en el aquí y ahora de nuestra sociedad.



[1] Joven peruana que egresó de la EICTV de San Antonio de los Baños, justamente con este filme como ejercicio de diploma.

 

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