De la legitimación al empoderamiento

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba
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Fotos: Archivo y de Internet

Puede ser un punto de arranque pensar al género en paralelo con las líneas de la teoría de la sexualidad de Michel Foucault, como una “tecnología del sexo” y proponer que, también el género, en tanto representación o auto-representación, es el producto de variadas tecnologías sociales —como el cine— y de discursos institucionalizados, de epistemologías y de prácticas críticas, tanto como de la vida cotidiana”, así define en su libro Tecnologías del género, Teresa de Laurentis una de las formas de entender la relación del audiovisual con los estudios de género.

Imagen: La Jiribilla

Guárdame el tiempo
 

En el caso del documental, donde se exige que los sistemas de representación sean lo más apegados a las realidades circundantes, crear obras audiovisuales donde se problematice la violencia de género más que el empoderamiento de las mujeres, parece ser una tendencia en la producción joven cubana.

Crear obras audiovisuales donde se problematice la violencia de género más que el empoderamiento de las mujeres, parece ser una tendencia en la producción joven cubana.No es que ambas aristas —de un mismo complejo sistémico: el patriarcado—, no estén interrelacionadas,  pues para hablar de empoderamiento es necesario identificar las causas que no le permiten a las niñas y mujeres desarrollar plenamente sus potencialidades dentro de sociedades equitativas. Sin embargo,  poseer una producción audiovisual donde no solo se desmonten los estereotipos y los roles tradicionalmente asignados, según sexo biológico, sino que ofrezca buenas prácticas y ejemplos que motiven a cambiar la realidad machista que rige la sociedad cubana, constituye también un paso importante.

Para realizar un análisis de la producción documental joven que en los últimos años ha mostrado una transversalizacion de género es importante decir primero que el número de mujeres jóvenes detrás de cámara ha aumentado,  esto no significa necesariamente que las mujeres y las temáticas más importantes de la agenda feminista vayan a tener mayor impronta en la producción audiovisual,  pero si representa un paso hacia una cinematografía nacional equitativa y que eventualmente redundará en una variedad de temas, estéticas y formas de hacer diversas.

La memoria y el tiempo

La violencia contra las niñas y mujeres representa el eslabón de un ciclo aún más complejo.  Para desmontar dicho ciclo Aylee Ibáñez escoge representar ella misma las historias de mujeres maltratadas en su documental La corrosión de la memoria. Sucesor de Palimpsesto,  Ibáñez asume el performance como vía para decirnos en primer lugar que estas son historias generales y no particulares. Asume la realizadora en su persona,  la representación con y de todas las mujeres. En este sentido no las victimiza y escapa de que los espectadores piensen en dichas mujeres como hechos aislados o productos de un determinado ambiente. Acompaña esta intención con la graficación de mujeres y hombres en escenas cotidianas,  incluso,  en peleas que su cámara captó desde la observación.  

Teniendo en cuenta que como parte de los usos y gratificaciones que los públicos le otorgan al género documental se encuentra el de denuncia de una determinada realidad o la apelación a intentar modificar conductas y acciones,  para La corrosión... Aylee dentro de las preguntas con las que guía el testimonio de sus entrevistadas, incluye la perspectiva futuro, o sea estas mujeres han pasado momentos difíciles,  pero han seguido adelante, sin olvidar pero pensando en lo que pueden hacer.  En este sentido el material se convierte en un dispositivo, que teniendo en cuenta lo planteado por Foucault, muestra discursos de género mediante los cuales se propone una relación de denuncia seguida de empoderamiento.

Tratando de establecer esta relación, pero apelando a la heterogeneidad del concepto dispositivo, y en un sentido historicista y comparativo  se encuentra Guárdame el tiempo de la realizadora Ariagna Fajardo.

Con una sola historia de vida, contada por su protagonista, se ilustra una clásica relación de abuso sostenida bajo el precepto de “que el hombre es así” y la mujer no debe contradecirle. Fajardo vuelve a interesarse por los roles asignados a los individuos en la formación de una familia en la Sierra Maestra. Anteriormente con el corto La casita, donde representa la vida de tres niñas y su padre, la realizadora no deja muy claro una perspectiva de género, pero en Guárdame… se hace un uso de la edición y la fotografía, mediante los cuales se presentan símbolos propios de las masculinidades de los entornos rurales en contraposición con el testimonio de encierro que ha vivido Ofelia, viuda de más de 80 años que desde que contrajera matrimonio nunca salió de su vivienda, ni a visitar a sus hermanas.

Guárdame el tiempo se erige entonces como retrato de los modos de naturalizar las relaciones desiguales entre hombres y mujeres dentro del matrimonio, así como las diferentes formas de incorporar la violencia contra las mujeres en la esfera doméstica como un elemento de convivencia más.

Tanto poniéndose en la piel de los personajes, como ilustrando sus testimonios, ambos materiales tienen la valentía de desmontar un esquema patriarcal que se manifiesta en ambientes citadinos y rurales. En ambos la importancia de los sueños y las aspiraciones de las protagonistas constituye el impulso por el cual el proceso denuncia/prevención se completa para impulsar el empoderamiento de las mujeres, a través de dos elementos tanto poéticos como imprescindibles para criticar y desmontar el patriarcado: la memoria y el tiempo.

El proceso de entender el audiovisual como un dispositivo mediante el cual se ilustran, perpetúan o cambian relaciones y representaciones de género se ha visto impulsado en los últimos años en Cuba por el programa de género y audiovisual impartido por la máster Danae C. Diéguez a las y los estudiantes de la Facultad de Medios y Comunicación (FAMCA) del Instituto Superior de Arte.

“El resultado es que  hoy contamos con alumnos cuyos temas de investigación para sus obras están atravesadas por una búsqueda de la equidad y por la denuncia al sexismo trepidante que nos acompaña, además de abordar temas sobre violencia de género y violencia hacia las mujeres y las niñas”. [1]

Imagen: La Jiribilla

Grandes Ligas de Ernesto Pérez Zambrano
 

En este sentido también ha influido el hecho de que algunas ONGs se acercan a las realizadoras y realizadores para la producción de materiales audiovisuales, que aunque son por encargo, llevan primero una preparación, sensibilización y toma de conciencia sobre el tema. En ese sentido destacan las obras que ha realizado el joven Ernesto Pérez Zambrano.

En ¿Grandes Ligas?, tomando como argumento inicial la situación de abandono en que se encuentran los equipos femeninos de pelota en la Isla, Zambrano recorre las desigualdades de género, los roles y el machismo desde un entorno particular a uno general. Sin abandonar su objetivo denunciatorio para con las diferentes instituciones que se relacionan con este deporte, el realizador va un poco más allá para mostrarnos a través de un montaje comprometido, cuán subdesarrolladamente machista se piensa en la Cuba de hoy, y aun así existen mujeres y hombres en disposición de cambiar esto.

Lo que resalta de la obra de Pérez Zambrano es lo atento que se mantiene a los micromachismos actuales y como sin inmiscuirse en las opiniones y actuar de sus diferentes entrevistados, mediante la edición y el montaje transversaliza el género y lo hace visible.

Lo que resalta de la obra de Pérez Zambrano es lo atento que se mantiene a los micromachismos actuales y como sin inmiscuirse en las opiniones y actuar de sus diferentes entrevistados, mediante la edición y el montaje transversaliza el género y lo hace visible. Tiene ¿Grandes Ligas? un momento en mi opinión clave, donde uno de los entrevistados comenta cómo sus atletas “aunque jueguen pelota no se dejan de arreglar, de pintar las uñas”, es decir no pierden lo que él entiende por femenino y en un segundo plano aparece una de las deportistas mostrando unas uñas pintadas pero totalmente dañadas por el juego. Ese instante donde a través de la construcción audiovisual se expone la construcción de los roles de género vale por mucho en el cine joven documental cubano que intenta hablar y debatir sobre el feminismo en el país.

Las diferentes realidades mostradas o construidas no deben conformarse con perpetuar y legitimar roles; sino servir como denuncia contra el sistema patriarcal en sentido general, y además como dispositivo de empoderamiento para las niñas y mujeres.

Nota
1. Entrevista realizada por la autora a Diéguez publicada en el sitio Cubanow.

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