Un canto siciliano estremece La Habana

Rosana Berjaga • La Habana, Cuba

“Etnomúsica” parece un término demasiado rebuscado para dar nombre a un cantar que es puro sentimiento. Pero las academias tienen eso, y bajo la denominación de etnomúsica recogen este proyecto maravilloso que Laura Mollica y Guisseppe Greco trajeron a La Habana en el contexto del Festival Las Voces Humanas de la Oficina Leo Brouwer.

El espectáculo, que es parte de una producción mayor, lleva por título La vuci mia, nombre que según Laura Mollica, honra no solo la voz de la cantante, sino la voz de un pueblo entero: el pueblo siciliano en su tradición, sus costumbres y su identidad. Así, cantares al amor, la religión y a las cosas cotidianas como el mar, los barcos y la pesca, el vendedor… son elementos comunes en este cantar de gente de isla.

Es un repertorio tradicional y a la vez, renovado. Una elección, para Laura, “precisa y puntual”, que comenzó muy joven y que continuó por el deseo confeso de mantener viva la tradición cultural y popular de su tierra. “En este caso —asegura la artista— está filtrada por la visión contemporánea de los intérpretes, conociendo que la música es una forma efectiva para afirmar la identidad”.

Greco y Mollica trabajan juntos desde hace 12 años. Tienen personalidades diferentes, pero comparten la pasión por este proyecto musical, iniciativa del guitarrista. Alejados de las luces del escenario, Giuseppe parece ser una persona callada y tranquila. Parece también un hombre reflexivo y atento a los detalles. Laura es conversadora, dulce, apasionada. Sobre el tablado, conforman un dueto con una fuerza imposible de predecir. No se trata solo del repertorio, una suite para instrumentos y voz que se anuncia como un homenaje al músico italiano Alberto Favara, sino de la conjunción de elementos actorales y una disposición especial de sentimientos.

Para el guitarrista y compositor, este empeño no es algo fortuito. ”Incluso cuando la gente se encuentra en la vida por azar y las cosas suceden, este proyecto ha sido una necesidad expresiva, hecha realidad gracias a la afinidad entre los dos”.

Laura agrega que Giuseppe tiene gran experiencia también en otros ámbitos musicales: posee una visión amplia heredada de otros emprendimientos que van desde la creación y producción de espectáculos, hasta el jazz y la improvisación radical. Ella, por otra parte, tiene la vivencia del teatro y “todo esto contribuye a crear una fusión. Tratamos de defender nuestra música, pero en un contexto atemporal, que no permita conflictos con las épocas, sino que consiga ser más universal”.

La gran maestra de la cantante fue Rosa Balistreri, una de las exponentes más importantes del repertorio popular en Italia. “Ella subía al escenario y yo me daba cuenta de que cantar no se trata solo de la voz, sino de involucrar todo el cuerpo en este acto de entrega al público. Esa lección la tomé de ella y hasta hoy ha sido mi guía”.

Sin embargo, La vuci mia también debe mucho a la “voz” de la guitarra. No es mero acompañamiento, es que una vez el público ha hecho silencio, comienza el diálogo (para Greco es una “sinergia”), y el instrumento se convierte en protagonista de su propio mensaje. “Es un trabajo de sensibilidad nuestro encuentro. Es toda una mezcla, que guarda momentos puntuales en los que la guitarra debe resaltar junto a la voz o sola”.

Pese a ser una compilación con características poco habituales para el público cubano, los artistas italianos consiguieron su deseo de hacer de la música un discurso común, apreciable más allá de los idiomas o experiencias de vida. Para la audiencia antillana, Sicilia y sus calles se instalaron en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes durante poco más de una hora. Tomaron el recinto vendedores ambulantes, pescadores, madres desesperadas, nanas para arrullar…

A decir de Giuseppe Greco no esperaban de la audiencia cubana sino esa química inconfundible. “Somos dos pueblos con raíces parecidas, de alguna forma somos como primos. No teníamos ningún miedo al traer estas canciones, porque sabíamos que iban a disfrutarlas y porque conocemos que el pueblo cubano tiene gran nivel cultural”.

Para Laura, “hay emociones y sensaciones universales, no importa de qué parte del mundo provengan y es por eso que a veces podemos transmitir ese sentir aunque uno no entienda el idioma: eso es ganar. Es llegar al punto de tocar la fibra de las personas y que simplemente se identifiquen”.

Como si emocionar hasta las lágrimas y la piel de gallina no hubieran sido regalos suficientes, los italianos sorprendieron con un final que evocó la iconicidad dentro de la trova cubana. Veinte años, canción de María Teresa Vera, puso el punto culminante a un espectáculo en constante ascenso dramático. Es un tema que han tocado en otros escenarios europeos, pero que en este caso tuvo la connotación de homenaje a Cuba, a su gente y a esta invitación.

Ganadores de variados e importantes reconocimientos internacionales, entre ellos el pertenecer al Patrimonio Inmaterial de la UNESCO en la categoría de Expresión de la Identidad Cultural de Sicilia, para Laura Mollica; los músicos continúa trabajando en La vuci mia, como un proyecto en construcción del cual, nos anuncian, veremos más, ¡mucho más!…

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