Se baila aquí

Dame una charanga y bailaré un son…

Emir García Meralla • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Alguna vez se dijo que el fin de la década de los años 50 y la década de los 60 fueron los años dorados del sonido de la charanga, tanto en Cuba como en el Mediterráneo caribeño y en la ciudad de New York.  Razón no le falta a quienes llegaron a tal conclusión; el sonido de las charangas regreso a la música cubana desde mediados de los años 50 cuando la orquesta Aragón se estableció definitivamente en La Habana.

Sin embargo, para llegar a tal conclusión se deben tener presente hechos y acontecimientos que definieron el furor charanguero que matizó la vida musical cubana y su impronta más allá de los mares. Hagamos memoria y tratemos de revivir algunos destellos de esos años dorados.

Cuando a mediados de los años 40 del pasado siglo un grupo de músicos decide abandonar la orquesta del flautista Antonio Arcaño, Las Maravillas, y se unen a la de Ninón Mondejar, conocida posteriormente como La América; se estaban sentando las bases para que se generaran dos acontecimientos importantes dentro de la música cubana; uno de ellos sería la aparición del cha cha chá como hijo legítimo del danzón de nuevo ritmo; y el renacer del sonido de las charangas dentro del consumo musical del país.

Imagen: La Jiribilla

Charangas siempre hubo dentro de la música cubana en esos años y habrá en los posteriores, algunas con más fortunas que otras dentro del gusto popular y en la difusión; pero es innegable que en los años 50 serían la Orquesta América y la Aragón las que definirán el nuevo impulso charanguero que recibe la música popular bailable de la Isla.

La Aragón se convirtió en la líder de las orquestas cubanas, incluso por encima de algunos conjuntos, jazz band y otras formaciones; y es que el talento y la laboriosidad de Rafael Lay y sus músicos redundó en modificar el gusto y los patrones del público de esa época.

Un repertorio a golpe de danzones, sones, boleros y sobre todo el ritmo de moda impulsaron el trabajo de otras agrupaciones como la Sensación, que reincorpora a Abelardo Barroso y toma un nuevo aire de popularidad. Barroso no es solo una gran sonero, es además un ídolo de los años dorados de los septetos y mantiene intacta su voz y carisma.

Entonces todos los compositores y productores del momento volcaron sus energías para alimentar el sonido charanguero; así regresa nuevamente Neno González y su manera muy particular de hacer el danzón; José Antonio Fajardo forma su orquesta a la que llama Fajardo y sus Estrellas, que integrarán entre otros: Félix Reina en los violines, Tata Güines en la tumbadora, como cantantes  a Sergio Calzado, hermano de Rudy Calzado que desde hacía años era uno de los músicos más reputados en New York con la orquesta de Frank “Machito” Grillo, donde era director musical Mario Bauzá.

Están también La Orquesta de Enrique Jorrín que será la primera charanga en utilizar metales, específicamente introduce una trompeta; la Siglo XX  con Barbarito Diez, la Típica de Joseito Fernández, la Orquesta Sublime, la del guantanamero Elio Revé y su Changüí, y en el oriente de Cuba se destaca la de Electo Silva. Mientras el Cabaret Tropicana, para no dejar de estar a la moda, funda su orquesta charanga a la que denominan Ritmo Oriental, y que tendrá gran importancia en la vida musical cubana de los años 70.

Un buen día aparece el ritmo Pachanga, a partir de una composición de Eduardo Davisón que lanzará a los primeros planos de popularidad a la orquesta Sublime, a la que llamarán “la pachanguera de Cuba”. Pero el gusto por este ritmo Pachanga, y su manera de bailarlo, no calará en el gusto masivo del cubano pues su creador emigra a los EE.UU.  a mediados de 1959, donde si hará furor con las charangas del dominicano Johnny Pacheco y del cubano Pupy Legarreta. Aunque la más mítica de todas las charangas neoyorkinas será La Perfecta, fundada por el pianista Eddy Palmieri y que influirá en el posterior surgimiento de la Salsa.

Imagen: La Jiribilla

Con la llegada de los años 60 y los cambios que se fueron produciendo en la música a nivel mundial en Cuba el gusto por las charangas fue decayendo poco a poco; aun así se funda Estrellas Cubanas, que dirigirá hasta su fallecimiento el violinista Félix Reina y que estará integrada por parte de los músicos que integraban las Estrellas de Fajardo y que regresaron cuando este decidió establecerse en EE.UU. Será esta orquesta la fuente de inspiración de David Calzado cuando asuma en los años 90 la dirección de la Charanga Habanera.

Sin embargo, la más importante de las charangas que surgirá en esa misma década será los Van Van, que fundará el bajista Juan Formell con una parte importante de los músicos que integraban en ese entonces la orquesta de Elio Revé.

El sonido de las charangas será sustituido en el gusto del bailador por el del combo; que pasará a formar parte del patrimonio musical cubano. Pero antes de los combos habrá tiempo para los conjuntos y otros acontecimientos.

 

 

 

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