Como si el tiempo todo, con sus mejores fantasmas, confluyera en ese momento

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Dale tu mano al indio,
dale que te hará bien
y encontrarás el camino
como ayer yo lo encontré.

Dale tu mano al indio
dale que te hará bien,
te mojará el sudor santo
de la lucha y el deber.

No podía imaginar que esta “Canción para mi América” fuese creada ante la invasión yanqui por Playa Girón. Cuenta Viglietti que, en medio del estremecimiento que sintió el pueblo uruguayo al conocer los sucesos de abril de 1961 y aquella primera derrota del imperialismo en América, hechos que aparentemente no guardan relación, él hizo una canción que no aborda esos acontecimientos históricos, pero pensando en ellos y como abrazo a Cuba, escribió ese canto a los originarios de nuestras tierras, a los más sufridos, arrinconados, asesinados, y en muchas regiones, extinguidos.  

Es el tiempo del cobre,
mestizo, grito y fusil
si no se abren las puertas
el pueblo las ha de abrir.

Viglietti, en un encuentro de cerca de hora y media —y esto es solo un adelanto— narró, desde su invaluable testimonio, aquellos inicios de la Nueva Canción Latinoamericana, desde Atahualpa Yupanqui, que visitó varias veces su casa desde que era pequeño, y con el que compartió diversos momentos en su vida, o Violeta Parra, ese otro manto materno que ampara con su poética existencia la cultura nuestromaericana. 

América está esperando
y el siglo se vuelve azul,
pampas, ríos y montañas
liberan su propia luz.

Daniel Vigllieti, el más importante testimonio que nos queda de aquel trascendental Primer Encuentro de la Canción Protesta convocado por Casa de las Américas en 1967, recuerda con claridad asombrosa, los detalles y cantores de aquel suceso que es como el núcleo del canto poético comprometido;  la semilla sembrada por Haydée Santamaría, hoy ceiba frondosa con ramificaciones diversas, pero un tronco común que nos hermana. 

La copla no tiene dueño
patrones no más mandar:
la guitarra americana
peleando aprendió a cantar.

De aquel primer encuentro de 1967, de un segundo con extensión latinoamericana de 1972, de su disco con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, de todos estos años de dictaduras militares en el continente, de los cantores diversos que han tejido y dado voz a nuestros dolores y sueños, y claro de toda la experiencia de su andar como cantor y como promotor, pues se trata de un realizador radial y televisivo del más alto vuelo en oficio, pasión y razón, nos contó Daniel Viglietti, en entrevista que pronto publicaremos.    

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que la tierra es de nosotros
y no del que tiene más.

Ya muchos lo saben, Daniel Vigllieti, vino a Cuba esta vez a recibir el Premio de honor Noel Nicola, que otorgan el Festival Barnasants, el más importante evento de cantautores y que se celebra anualmente en Cataluña; Casa de las Américas y el Instituto Cubano de la Música. Lo recibió Viglietti, en el mejor lugar que podía recibirlo en la sala Che Guevara, de la Casa de Haydée, junto al árbol de la vida nuestroamericana.

Yo pregunto si en la tierra,
nunca habría pensado usted,
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.

A desalambrar, a desalambrar,
que la tierra es mía tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José.

Las palabras del premio las dijo Vicente Feliú y lo recibió de manos de Silvio Rodríguez, dos trovadores cubanos y hermanos en el tiempo y en la obra de este poeta cantor.

Si molesto con mi canto
a alguno que ande por ahí,
le aseguro que es un gringo
o dueño del Uruguay.

A desalambrar, a desalambrar,
que la tierra es mía tuya y de aquel,
de pedro, maría de juan y josé.

El concierto que ofreció Daniel Viglietti el miércoles 7 de octubre, en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, nos tuvo suspendidos en la admiración plena de inicio a fin. No por conocer su obra y haberle escuchado en otras presentaciones dejó de sorprender; su poética cada día más espesa, retomando sus canciones (casi todas ya antológicas) con un guitarreo llegando a sutilezas casi inexplicables, su mano izquierda adentrándose en laberintos melódicos bien experimentales; su mano derecha va como haciendo el amor a sus cuerdas,  tocando por momentos con apenas un roce, casi imperceptible, tierno. En otros momentos uno piensa que está tocando un arpa como dulce cascada; en otros apaga los sonidos, los ahueca, bajea, o hace pizzicatos violinescamente;  por toda esta madeja de sonoridades atrevidas, se cuela diciendo y sintiendo su sísmica voz, como si el tiempo todo, con sus mejores fantasmas confluyera en ese momento. Si todo esto fuera poco cautiva con su sencillez y su gracia de gran comunicador, alterna con sabiduría de brujo, el momento desgarrador con otro cargado de humor.

Quiero celebrar este encuentro con el texto de una canción que ha viajado gran parte de su vida con él, y que le pertenece, en principio, a Noel Nicola; a quien Viglietti conoció desde que era un muchacho, y con quien compartió entrañables momentos. La canción la grabó Daniel Viglietti en 1972, precisamente con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, en el que se encontraba Noel, por entonces con unos 26 años de edad.

Comienzo el día 

Autor: Noel Nicola

 

Es tan temprano y tú ya me despiertas,
no me dejas dormir, algo sucede.
A ojos cerrados busco la ventana
para mirarte a ti mientras los abro.

Te digo que estás bella como nunca,
así, sin arreglarte aún el pelo.
Rodamos en un beso cama abajo
y siento que estás viva de milagro.

Comienzo el día, así como si nada,
apretado a tus pechos, pidiéndote café y amor.
Comienzo el día, aún alucinado,
los ruidos suenan lejos a esta hora turbia.

Afuera la gente hace lo suyo por vivir,
afuera la gente quiere averiguar,
afuera la gente habla del amor,
afuera me están llamando.

Comienzo el día, y antes de que me hables
ya te hecho mil promesas que no voy a cumplir.
Comienzo el día y al mirar hacia fuera
me entra como un mareo y tengo que sentarme.

Afuera la vida apenas comenzó,
afuera todo tiene que cambiar,
afuera los lobos son lobos aún,
afuera hay que salir armado.

Quiero darle mi día a los que sueñan,
a los que hacen el pan de madrugada,
a los que ponen piedras sobre piedras,
a los que te mantienen tan despierta.

Comienzo el día, aseguro las llaves,
registro mis bolsillos en busca de monedas.
Comienzo el día y aún detrás de la puerta,
te pido un beso fuerte para salir al sol.

Afuera comentan la televisión,
afuera el sindicato discute una ley,
afuera la patria está por reventar,
fuera me están llamando,
y voy.

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