La caja de acuarelas que parecía un tren

Salvador Lemis • La Habana, Cuba

¡Pasajeros al tren!
Eso dijo Zenén,
y los niños subieron al vagón de los sueños
donde el alma sintieron sin cadenas ni dueños.

El primer gran vagón
tiene forma de corazón
está pintado de rojo
con ventanas sin cerrojos.

Y los niños tan risueños,
una lección aprendieron:
¡Ese es el Mago Zenén,
el que pinta todo bien!

Allá el segundo vagón
es una nube dorada
donde los duendes y hadas
te regalan su ilusión.

(¡Vaya con la sinrazón!)

El tercer vagón plateado
anda todo atolondrado,
las pinturas muy regadas
dejan la pared manchada.

¡Es que la idea no sale,
pero aquí todo se vale!

Pero del cuarto al octavo
cada vagón va mojado.
¡Esos contienen palmeras,
peces, sol, islas enteras!

El noveno vagón desierto
anda triste y silencioso
por los raíles del cielo…
con mensajes pesarosos
para cada niño muerto.

En el décimo: ¡Alegría!
por cada bebé que nace,
plata de luna rehace
a los jilgueros del monte
cantando los nacimientos.

Y del pincel de Zenén,
el más bello conductor,
sigue brotando el amor
en mil tonos coloridos…

Cuida y transporta en la vía
a sus más fieles amigos:
Pelusín, Colomba, Rubén,
Malerba, Kasper, Pierrot,
¡Van todos de cien en cien!

Greta, Okín, Alelé,
Fiorinetta, Punch y Judy…
¡El tren por la tierra entera
en sesenta primaveras…!

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