Mensuario de literatura, historia y crítica

Cira Romero • La Habana, Cuba

Gracias a la iniciativa de Raúl Roa al asumir la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, creada en 1935 y frente a la que estuvo en aquel momento inicial José María Chacón y Calvo, se fundó en 1949 el Mensuario de arte, literatura, historia y crítica, cuyo cuidado técnico y artístico corrió a cargo, respectivamente, de Félix (Felito) Ayón, y del escritor Félix Pita Rodríguez. El primer número, aparecido en diciembre, acogió un artículo de Roa titulado “El estado y la cultura” en el que expresaba el futuro Ministro de Relaciones Exteriores:

Este Mensuario de literatura, arte, historia y crítica, se aparta de ambas [aludía a la Revista Cubana  y a la Revista Cubana de Filosofía] por su índole, su estructura y su mensaje. No es vocero de determinada tendencia literaria o artística, ni es un aséptico minarete de elegidos. Es un palenque abierto a todos los escritores y artistas cubanos de ayer, de hoy y de mañana. Este Mensuario aspira a recoger y a traducir las palpitaciones de la vida literaria y artística de Cuba y del extranjero. Y su objetivo céntrico es abrirle al pueblo nuevas vías de acceso al banquete platónico.

En tanto tabloide de reconocida importancia  en  aquellos años, publicó cuentos, poesías, crítica literaria y teatral, trabajos sobre historia, música, cine y artes plásticas. Mantuvo la sección “Libros”, que comentaba las últimas publicaciones aparecidas.

En este mensuario colaboraron tanto las figuras más representativas de la vida cultural del momento como aquellas que, entonces surgiendo, se consolidarían con el tiempo: Medardo Vitier, Francisco Prat Puig, Marcelo Pogolotti, José Zacarías Tallet, Rafaela Chacón Nardi, Salvador Bueno, Fernando Ortiz, Regino Pedroso, Rine Leal, Onelio Jorge Cardoso, Roberto Fernández Retamar, Antonio Núñez Jiménez, Raúl Cepero Bonilla, Lino Novás Calvo, y Ramiro Guerra, entre otros.

Esta mezcla de nombres pertenecientes a autores cultivadores de diferentes géneros permitió que la revista fuera muy variada, de modo que si había un poema de Pedroso, también aparecía un análisis económico de Cepero Bonilla. En la multiplicidad de espacios diversos radicó su mayor frescura y, a la vez, su agilidad informativa, características que la colocaron en un alto nivel de aceptación entre la intelectualidad cubana hasta su desaparición hacia 1951, cuando ya Roa no la dirigía, pero, raramente, tampoco  aparecía ninguna persona fungiendo como tal. 

Varios poemas de Tallet se reprodujeron en sus páginas, algunos recogidos posteriormente en su poemario La semilla estéril (1951), volumen  considerado en su momento como “la más coherente y orgánica propuesta de una poética de la modernidad en los años en que ya habían agotado los recursos expresivos de las décadas precedentes y no había cobrado fuerza el renacimiento de la lírica cubana desde criterios renovados”, según ha comentado Virgilio López Lemus. En esta revista dio a conocer el titulado “Proclama”, claro ejemplo de una propuesta que vislumbraba ya el vanguardismo, que tuvo su espacio entre los poetas cubanos de la década del 30, aunque tal movimiento fue de escasa presencia en nuestra literatura, pero sí tuvo esplendor en la plástica; baste recordar el nombre de Carlos Enríquez y sus maravillosas obras, “El rapto de las mulatas” o “Gitana tropical”. Veamos un  fragmento  del poema antes nombrado:

 Gente mezquina y triste,
que al par sabéis de las rebeldías vergonzantes
     e incógnitas
y de las renunciaciones cobardes y heroicas,
escuchad la voz de uno que habla por vosotras.

Yo soy un poeta de una casta que se extingue,
que lanza sus estertores últimos ahogada por el
         imperativo de la historia;
de una casta de hombres pequeños, inconformes
          y escépticos,
de los cómodos filósofos de “en la duda, abstente”,
que presienten el alba tras las negruras de
          la noche,
pero les falta la fe para velar hasta el confín de
          la noche.
(¿No oís el trueno sordo de la impotencia
             nuestra?)

De Pita Rodríguez publicaron “No tiene objeto”, rico en imágenes insólitas cercanas a las formas expresivas del surrealismo:

[…] Tú misma eres tú misma solo a veces,
Barco molino invierno donde ruedas
Sin indagar motivos del bostezo […]
[…]
Con el patín de agujas golondrinas
Por el sueño fluvial, plata despierta.

 

La dinámica de Raúl Roa enriqueció el contenido de Mensuario de arte, literatura, historia y crítica, publicación que pese a su corta duración fue y es significativa para nuestra cultura. 

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