Selección de poemas

Sheyla Valladares • La Habana, Cuba

El polvo

Viene el polvo
en oleadas transparentes,
con su capa dorada,
de pequeños pedazos de luces.
Le gusta apacentar a la sombra,
masticar despacio el silencio,
mientras le da forma a lo que estuvo,
a lo que no se toca,
a lo que se nos olvida por un rato.

De lejos viene el polvo.
Nadie puede adivinar
los caminos que anduvo,
la forma que tomará,
de que tamaño será
el abandono que vendrá a mostrarnos,
las marcas del tiempo
sobre la piel de las muñecas,
las barajas,
los libros que leíamos antes de dormir.

El polvo es como un reloj de sombra,
y es el único que nos ayuda
a recordar los juegos y las cosas
que ayer fueron importantes,
a descubrir las huellas
de las criaturas que vagan de noche
por las habitaciones.

 

La oscuridad

Cerrar los ojos en la oscuridad
es como oscurecernos por dentro,
apagar nuestras luces,
quedarnos quietos.
No ver,
solo adivinar lo que hay
fuera de esa zona protegida
por nuestros párpados.

Jugar a adivinar el lugar
de las cosas que vemos todos los día