Las manipulaciones de La Jiribilla

Arturo Arango • La Habana, Cuba

En la edición de hoy, la publicación cultural La Jiribilla publica un artículo de Cristian Alejandro que pretende presentar lo que llama “otra polémica [...] en torno a la institucionalidad de la cultura”. A pesar de que el título del artículo, “A propósito... ¿el rey ha muerto?” hace una clara alusión a los debates en torno a la censura ejercida contra la puesta en escena teatral de Juan Carlos Cremata, a lo que se refiere este periodista es al cine. Como muchos sabemos, en días pasados el artículo de Gustavo Arcos “El cine cubano y su carpe diem”, publicado en la revista digital Oncuba y difundido también en el blog Cine Cubano, la Pupila Insomne, de Juan Antonio García Borrero, abrió una intensa discusión en la que participaron varios críticos y cineastas cubanos.

Hay, entonces, desde el título de este texto que pretende presentar la polémica, una primera manipulación: mezclar dos asuntos distintos, de
distinto orden y carácter.

La segunda, simplificar el contenido de esta. Dice que el objeto de debate es el ICAIC, y que “se habla incluso de la muerte de la institución, o mejor, de la eutanasia a que quieren obligarle”.

La tercera manipulación es limitar la polémica solo a dos textos, que son los que La Jiribilla republica (sin sugerir siquiera que haya otros): el de Arcos y “El cine cubano, el carpe diem o el jinete sin cabeza”, del editor Manuel Iglesias, aparecido además en el blog de Juan Antonio.
Pero resulta que, como suele hacer, García Borrero abrió su blog para que opinara, sin cortapisas, todo el que quisiera, y además del Iglesias vertieron sus criterios otras muchas personas, incluyendo al mismo Juan Antonio y a Juan Carlos Tabío, quien circuló su texto primero por la vía del correo electrónico.

Me permito reproducir aquí algunos párrafos de lo escrito por Juan Carlos, porque es una respuesta a Iglesias. Por supuesto, a La Jiribilla (a sus manipuladores profesionales) les interesa destacar a Iglesias, ocultar lo dicho por Tabío y, sobre todo, simplificar el verdadero contenido de la polémica, que trató, en lo fundamental, sobre la necesidad de legalizar las productoras independientes, normalizar las relaciones entre en ICAIC y esta importante zona de la realización audiovisual, transformar el ICAIC para que cumpla la función de rector de la política cultural cinematográfica del país, y promulgar una Ley de Cine.

Esta es la respuesta de Juan Carlos Tabío a Manuel Iglesias. Leyéndola, se entenderá por qué La Jiribilla la escogió como parte de
sus manipulaciones:

La Comisión de Cineastas (G-20), en nombre de todos los cineastas cubanos, lleva ya varios años bregando para que las autoridades
culturales aprueben una Ley de Cine  o una Ley sobre el Creador Audiovisual Autónomo acorde con los nuevos tiempos. Sus reclamos
continúan sin respuesta.

En su artículo, Iglesias pretende descalificar al G-20 cuando dice que “mucha de la obra fílmica que se está generando adolece de contundencia artística, excepto contadísimas excepciones” y que nadie, salvo Fernando Pérez “tiene su estatus moral ni profesional para
generar –como antes hacían las vacas sagradas- una presión en comunión de fuerza temeraria. Fernando y el G20 es solo Fernando,
lamentablemente”.

Independientemente de que no estoy de acuerdo con estas lapidarias e insultantes aseveraciones de Iglesias, no pretendo centrar un debate
de orden estético acerca de la calidad del cine cubano más reciente ni sobre el “estatus profesional” de sus autores, porque por ahí no va el
tema que quiero tratar. Además, la obra de cada cual habla por sí misma.

(Cuestionar el “estatus moral” del 99,99 por ciento de los cineastas cubanos no resiste el más leve de los comentarios).

Por donde quiero ir es por aquí: Iglesias justifica el silencio del Gobierno ante los reclamos del G-20 porque, según él,  al estar este formado casi en su totalidad por cineastas mediocres, no constituyen un colectivo de “interlocutores de altura” dignos de ser escuchados y tenidos en cuenta por “las autoridades culturales”. Es decir, la culpa de que no se haya aprobado la Ley de Cine la tienen los cineastas, no “las  autoridades culturales”. (Me imagino que por allá arriba el artículo de Iglesias haya caído muy bien: “¿Ven?, si hasta los cineastas mismos lo dicen, a ustedes no hay que hacerles caso”).

Según mi manera de ver las cosas, esto descoloca totalmente el problema, al obviar que lo que ha puesto de manifiesto el reclamo del G-20 es la ausencia de un marco legal, de un marco jurídico que establezca las normas no solo en el quehacer cinematográfico, sino en todos los aspectos de nuestra sociedad, estableciendo deberes y derechos no solamente a la sociedad civil, sino también la las prácticas del Gobierno.

En todos estos años hemos estado inmersos en una nebulosa de directivas y “orientaciones” restrictivas, algunas de las cuales han
sido emitidas por distintos organismos del Estado, sin el más mínimo respaldo de ninguna ley. (Incluso algunas de esas directivas
contradicen a otras).

[...]

Lo que ha tratado de hacer el G-20 con todo rigor y coherencia es poner orden y legalidad en su ámbito profesional.

Como todos los cineastas, yo fui convocado al G-20 (todavía no se llamaba así) desde la primera reunión, pero aduje que mis dificultades
auditivas me convertiría en el Convidado de Piedra al no poder entender nada de lo que se dijera ahí. Esto no fue una excusa, verdaderamente estoy sordo de cañón. Lo que también es cierto (y esto lo confieso ahora) es que esta bronca me cogió cansao, y pensé en aquel momento (ahora veo que tenía razón) esta se iba a prolongar hasta el final de los tiempos. (Sobre todo cuando hay algunos cineastas como Iglesias se dedican a descalificar al G-20 aliándose con las fuerzas más inmovilistas de nuestra sociedad).

A lo mejor me equivoco y dentro de un par de meses se aprueba la “Ley de Cine y del Creador Audiovisual Autónomo”. Yo me he equivocado
muchas veces, esta no sería la primera, y espero no sea la última.

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato