Artes plásticas

Fotocerámica LezKano:universo de posibilidades

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía del artista

Yasser Lezcano (LezKno) es licenciado en Ciencias Jurídicas y especialista en Seguridad Informática, y aunque asegura que ambas especialidades “le han servido de mucho”, siempre sintió una gran inclinación hacia las artes visuales, “pasión que lo sedujo definitivamente y sin remedio” y lo llevó a materializar su prospero proyecto relacionado con la fotocerámica.

Sobre la novedosa técnica de la fotocerámica, sus múltiples aplicaciones y futuro de la misma en nuestro país, entre otros temas, conversamos en exclusiva con LezKno.

Imagen: La Jiribilla

“Siempre quise ser artista de la plástica. En los años 80 por coyunturas de la vida y quizá porque no recibí una formación vocacional vinculada al arte, no estudie pintura. Sin embargo mi formación, primero como abogado y después en el mundo de la informática, me ha servido de herramienta para desempeñar mejor mi trabajo. Recuerdo que en mis horarios de descanso o en mis tiempos libres intentaba hacer algo propio, crear cosas, y de alguna forma siempre me relacione con el arte: ¡hasta pertenecí a un grupo de teatro!

“Sin la informática nunca hubiera logrado nada de lo que hago porque mi trabajo tiene una carga importante del empleo de las tecnologías; sin un conocimiento, al menos rudimentario, sería imposible. Indudablemente me acortó el camino.

Ese apego por trabajar con el mundo animal, fundamentalmente con los caninos, ¿le ha agudizado su sentido estético?, ¿le sirvió como antecedente de lo que realiza hoy?

Guardo un grato recuerdo de esa etapa, y llegue a ella gracias a una perra llamada Luna; mi trabajo artístico —muy rústico en aquella época— me llevó a relacionarme con el mundo de la Cinología.

Mis primeros momentos con una cámara en la mano fueron muy duros —uno no se convierte en fotógrafo de la noche a la mañana— y tuve que hacer fotos de todo tipo para poder mantenerme económicamente y  mantener a mi familia. Así llego al mundo canino y, sinceramente, fue una experiencia única, porque me obligó a superarme. Aprendí de los perros, de las crías, del tipo de foto que requería cada raza, en fin de todo un poco; esa relación me abrió el apetito por la naturaleza en sentido general y ha marcado mi obra posterior.

Su abuelo —Fernando Lezcano Miranda— fue un destacadísimo  fotorreportero en la década del 30, ¿fue acaso quien lo inspiró a acercarse a la fotografía? ¿Cómo evoca su obra más significativa por su sentido histórico: la que tomó luego del asesinato del joven estudiante Rafael Trejo?

Mi abuelo fue un gran fotógrafo, un gran artista. Él fallece cuando mi padre tenía apenas unos ocho años, por lo tanto, esa influencia no llegó a mí directamente. Me enteré de todo esto cuando empiezo a vincularme profesionalmente a la fotografía; mi tío Fernando Lezcano Pérez, ya fallecido —quien también fue un destacado fotorreportero— atesoró la historia y gracias a él, me llego.

Mi abuelo no solo hizo la foto de Trejo, sin dudas la más conocida, sino que como fotorreportero cubrió sucesos importantes como, por ejemplo, la del robo del diamante del Capitolio Nacional, entre otros. Además trabajó la fotografía artística con una elegancia sin igual, incursionó en el paisaje, el desnudo, en la fotografía pintada o iluminada a mano. En la provincia de Santiago de Cuba está el Museo de la Imagen Fotográfica y allí hay una sala entera dedicada a él lo cual me llena de orgullo.

Imagen: La Jiribilla

Como en su caso, ¿qué ventajas y qué desventajas considera que tienen los artistas autodidactos?

Ventajas creo que muy pocas —al menos en mi caso— y desventajas ¡muchas! Pase trabajo para insertarme en el medio artístico: un mundo muy complejo y convulso, en un país donde, por suerte, se ha desarrollado un movimiento artístico que va desde las escuelas, academias de arte, instructores y hasta el barrio.

El estudio por las vías que sean es imprescindible; en lo personal me mantengo estudiando de todo, principalmente, lo relacionado con la fotografía. También me he sumergido en el mundo de la fotocerámica y eso me obliga a mantenerme muy actualizado sobre el tema.

Las academias de arte son importantes y necesarias, pero no quita que alguien que no haya estudiado no pueda ser artista: creo que se nace con arte, con una aptitud de crear, de soñar… es la vía por la cual el individuo va a trasmitir a los que le rodean lo que él cree o piensa. Hay infinidad de ejemplos de artistas que fueron inmensos y jamás estudiaron en una academia, como nuestro gran Benny Moré.

Otra ventaja de estudiar en la academia es que desde la propia escuela empiezas a hacer un currículo —que es obligatorio presentar ante cualquier muestra o evento— y también te van conociendo y los caminos se te abren más fácil porque amigos, compañeros de curso o profesores te convocan a proyectos colectivos y otras actividades.

Otra de las ventajas es que, una vez graduado, estas inscrito en el Registro del Creador, condición que permite a los artistas trabajar de forma independiente y comercializar su obra por los canales y vías establecidas.

La ventaja de ser autodidacta, es que te obliga a ser cada día mejor, a superarte, y a ver las cosas desde otro ángulo, desde otra perspectiva y, quizá, esto le aporte algo diferente a la obra.

Si tuviera que definir con exactitud sus temas ¿cuáles serían?

He intentado trabajar un poco todos los temas como el paisaje, el desnudo, la fotografía arquitectónica, los animales, he reflejado en mi obra la vida cotidiana del cubano, entre otras temáticas. Una meta que me puse desde el inicio fue tratar de hacer de todo un poco también para ver qué era lo que más se ajustaba a mis necesidades. Pero sobre todo me interesa la fotografía reconstructiva, es decir, recrear épocas históricas, ya sea de sucesos específicos o de personajes que realmente existieron. Asimismo me motiva mucho la historia y he tenido la oportunidad de desarrollar este tema profundamente; tengo un grato recuerdo de lo que, creo, ha sido hasta ahora mi mejor trabajo: mi serie de murales dedicada a nuestro apóstol José Martí, titulada Dicha Grande.

Usted cultiva el muralismo, pero desde una perspectiva muy personal ¿Es la cerámica un pretexto o es la fotografía el pretexto?, ¿De qué manera se complementan ambos lenguajes?

Antes de comenzar mi trabajo de fotocerámica, hice algunos murales de gran formato con mosaicos que me llevaban mucho tiempo producir, intentaba llevar mi fotografía a estos espacios. La idea de mantener los dos lenguajes fue lo que me encaminó a pensar que podía dejar de hacer estos murales de mosaicos e intentar transferir la imagen —tal cual la tomaba— a la cerámica. Comencé a experimentar muy rústicamente mis primeras trasferencias y creo que la intención de vincular ambas y no dejar a un lado una u otra, fue lo que hizo posible llegar hasta aquí. Hasta el momento he producido casi 600 murales (de diferentes formatos) en Cuba y otros países.

¿Cuáles estima que son los atractivos fundamentales de la fotocerámica que cultiva? ¿Dónde considera que está lo más novedoso de su quehacer?

El principal atractivo que le veo a la fotocerámica es poder disfrutar de todo el proceso que interviene en la fotografía. Para nadie es un secreto que a lo largo del tiempo y con el proceso de digitalización, el fotógrafo dejó a un lado su antiguo laboratorio donde se experimentaban emociones incomparables. El  propio artista manipulaba su foto con los químicos y eso formaba parte del misterio.

En la actualidad esa práctica no existe y la labor del fotógrafo se limita a la toma fotográfica, el resto lo hacen los especialistas en los llamados laboratorios digitales. No tienes manera de controlar e influir en el proceso, sin embargo en mi caso lo cubro todo, desde la toma de la imagen hasta la confección final del mural. Es un trabajo donde vinculo no solo la fotografía como arte sino el oficio de llevar la imagen a la cerámica, una labor muy manual, muy artesanal, no es seriado ni automático como muchos piensan. La fotocerámica se trabaja losa a losa y es un proceso muy complejo en todas sus etapas y que requiere de sacrificio, horas de trabajo, errores e interrupciones. Además se vincula con la parte más artesanal de la cerámica, la serigrafía y otras técnicas lo que permite elevar tu nivel artístico y creativo a planos superiores. Son muchas cosas en una sola palabra: Fotocerámica.

Imagen: La Jiribilla

A partir de 2009 se involucra con su proyecto personal relacionado con la fotocerámica y por lo novedoso de su propuesta se le considera “el pionero de la fotocerámica en Cuba”. ¿Estima que ha hecho algún aporte personal —y sustancial— a esa manifestación en nuestro país?

No creo que haya inventado nada nuevo, eso te lo aseguro; no he sido el único ni tan siquiera el primero porque hay muchos antecedentes en Cuba de esta técnica vista, principalmente, en el sector de la fotocerámica relacionada con el arte funerario.

Lo que puedo asegurar es que hemos trabajado con desvelo para lograr la mayor calidad en el proceso, primero sin muchos referentes ni dentro ni fuera de Cuba, pero con el tiempo hemos logrado hacer murales más consistentes, con mayor durabilidad. En una primera etapa solo hacíamos trabajos para interiores, pero nos hemos perfeccionado y vencido la intemperie. Igualmente, hemos invertido en tecnología.

En estos momentos se encuentra en Panamá ¿algún nuevo proyecto en ese país?

El trabajo en Panamá está relacionado, esencialmente, con mi vínculo con galerías y espacios que promocionan de forma permanente mi trabajo. He hecho varias exposiciones en este país y además estamos desarrollando una línea basada en la producción de artículos utilitarios con la técnica de la fotocerámica.

Estamos desplegando, por ejemplo, una línea de baños y cocinas personalizadas, muebles y otros soportes, intentando salir un poco del entramado de las galerías y espacios expositivos donde solo llegan los coleccionistas o conocedores de arte. Queremos poner en las manos del ciudadano de a pie un producto que en sí mismo sea una obra de arte y a la vez útil para el hogar. Tenemos la experiencia de lo que hemos logrado en nuestra galería de La Habana, donde va mucho público a buscar algo diferente, un detalle, un regalo y esto ha tenido buena acogida y realmente nos estimula.

¿Futuro?

Quiero seguir desarrollando mi proyecto y no estoy solo en este empeño porque me acompañan desde un inicio un grupo de amigos y mi mamá, quienes han confiado en mí. Ellos llevan en la espalda la producción que se genera en nuestros espacios, además de la comercialización de nuestros productos con los que cubrimos la demanda nacional e internacional.

Producciones LezKno no solo se limita a murales sino a todo lo que en  cerámica puede resultar personalizable: vajillas, piezas de porcelana y trabajamos en el desarrollo de una línea de producción de otros artículos con volumen —como jarrones, lámparas de cerámica y otros— en los que la combinación con la fotografía los hace verdaderamente atractivos.

También hemos incorporado una nueva técnica destinada el sector hotelero y restaurantes: personalizamos vajillas y tallamos copas y vasos con diamante para poder brindar un servicio completo de personalización.

Tenemos intenciones de crecer hacia otros escenarios y pretendemos incursionar en el mercado estadounidense, país que ya ha mostrado un interés en la producción de nuestros murales y artículos utilitarios de fotocerámica.

Todo ello lo haremos cuidando siempre y manteniendo viva nuestra esencia artística para no convertirnos en meros comerciantes. Este aspecto lo hemos cuidado siempre celosamente. Nuestras producciones van acompañadas de un toque artístico y eso nos hace diferentes.

¿Sueños?

¡Miles! A pesar de que hemos transitado por un camino lleno de espinas y escollos, nunca me imaginé que mis sueños se hicieran realidad. Soy feliz de poder hacer lo que me gusta, de poder crear para los que me rodean, de dar alegría con mis trabajos, de ser una persona útil.

Un día —hace ya algunos años— dejé mi trabajo estable para dedicarme por completo a la fotografía y muchos me tildaron de loco, hoy no me arrepiento de haber tomado esa decisión. Sueño hasta con los ojos abiertos.

Imagen: La Jiribilla

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