Hombre integral de la escena cubana

Roberto Gacio Suárez • La Habana, Cuba

El muy reconocido y nunca olvidado crítico, ensayista y sobre todo, padre de la teatrología cubana, fue además un hombre integral de la escena nacional. Rine nos narraba a sus primeros alumnos de cómo en los años 50 él era técnico de luces en la sala Prometeo de Francisco Morín.

Imagen: La Jiribilla

Cuando se trasladan a EE.UU. los teatristas Andrés Castro y Antonia Rey a principios de los años 60, la sala pasa a ser parte del Consejo Nacional de Cultura y entonces Rine Leal fue nombrado su director. Hacía años que él mismo ejercía la crítica y en el curso 57-58 de la Academia Municipal de Artes Dramáticas impartió conferencias acerca del teatro norteamericano, poniendo énfasis en sus principales dramaturgos Eugene O’Neill, Arthur Miller y Tennessee Williams. Su entrega y devoción por las tablas lo llevaron a realizar en Las Máscaras, labores de producción, promoción y confección del repertorio anual de la sala.

En Leal existe un afán por brindarnos una variedad de poéticas, géneros y modelos artísticos diferentes.

Si se observa con detenimiento el conjunto de títulos escogidos por esta agrupación, podemos notar su interés por la escena cubana, es decir, por el desarrollo de nuevos dramaturgos, tales como Ignacio Gutiérrez, Tomás González y José Ramón Brene, entre otros. También en Leal existe un afán por brindarnos una variedad de poéticas, géneros y modelos artísticos diferentes. Por lo tanto comenzó con el bufo cubano, después incluyó teatro latinoamericano, con obras de Osvaldo Dragún, tan querido entre nosotros por su magisterio en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, y quien muchos años después creara en Machurrucutu, La Habana, la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe, con carácter itinerante y cuyos talleres impartidos por relevantes maestros resultaron una importante vía de superación teatral.

Rine ofreció la sala para la presentación de jóvenes promesas de la interpretación, a quienes el profesor Julio Matas había preparado durante meses en sesiones que se realizaban en la tercera planta de la Casa de las Américas, hoy Sala Che Guevara. Y, por último, Leal terminó esos espléndidos 12 meses de teatro con el estreno mundial de Aire frío, el texto capital de Virgilio Piñera que resultó un éxito notabilísimo de crítica y público. Si entramos en el análisis particular de cada puesta en escena o de los espectáculos que encierran varios títulos, podremos descubrir la participación de figuras y personalidades tanto de la actuación, como del diseño, la dramaturgia o la dirección escénica.

Comenzó el año 1962 con Esta noche sí, de Sarachaga, bajo la batuta de Bernardo Anaya. El texto encierra una parodia de La Traviata de Verdi y fue encabezado por Idalia Anreus, actriz de indudable temperamento, a quien no podemos olvidar en filmes como Los días del agua, Recuerdos de Tulipa, Lucía, además del montaje teatral de Yerma, a cargo de Roberto Blanco, que ella encabezó.

Junto con Esta noche sí, se reestrenó Mefistófeles, también de Sarachaga, ingeniosa y humorística parodia del Fausto de Gounod. En el mismo interpretó a Margarita cantando, bailando y actuando Zoa Fernández, bailarina de danza teatro, quien todavía se desempeña como profesora de Expresión Corporal para actores. Los reyes del Infierno, personajes grotescos que desatan el divertido fin de fiesta, fueron asignados a Dalia González, una actriz humorística que durante los 80 se destacara en el Teatro Musical de La Habana y en la televisión nacional, y a Roberto Gacio, quien redacta este artículo, actor, crítico e investigador teatral.

Con posterioridad subió a escena Tres historias para ser contadas, de Osvaldo Dragún, dirigida por el emblemático director, profesor y actor Adolfo de Luis con el auspicio de la Casa de las Américas. Contó con las actuaciones de Verónica Lynn, Eugenio Domínguez y Héctor Quintero. El resultado puede resumirse así: una escenificación muy escueta. Sólo unos dados para sentarse y vestuario muy sencillo. Todo descansaba en los constantes cambios de los actores, en sus caracterizaciones al asumir distintos roles, en la mímica facial y en la proyección gestual. Tres historias… significó un desempeño de realismo estilizado, reconocido por especialistas, críticos y público en general también por sus justas ideas políticas y sociales.

Con posterioridad tuvimos en Las Máscaras, el estreno mundial de Pasado a la criolla, asumido conjuntamente por los grupos Conjunto Dramático Nacional y Teatro Estudio. La obra se debe a José Ramón Brene y la responsabilidad de la representación la asumió Roberto Blanco. Recuerdo con viveza las actuaciones de José Antonio Rodríguez y Flora Lauten, esta última como la amante del militar encarnado por Helmo Hernández. Por cierto, el desempeño de Flora la situó entre las más destacadas actrices jóvenes de esa época.

Pasado a la criolla se compone de varias historias que remiten a la etapa anterior a la Revolución. Con agudeza y honestidad refleja una época histórica, a la que el talento de Blanco, unido a su oficio, le aportó un realismo estilizado que supo sortear el excesivo naturalismo del original.

Durante ese año 1962 se presentaron en el Teatro Experimental, tres textos dramáticos de muy variados formatos y características, me refiero a Los mendigos, de Ignacio Gutiérrez, obra menor, deudora del teatro latinoamericano, que expone la terrible vida de los que han tocado fondo en la sociedad.

En esos días se estrenó Yago tiene feeling, de Tomás González, actor, músico dramaturgo, director y guionista de cine, quien a fines de los años 60 formara parte del mítico grupo Los Doce, creado por Vicente Revuelta. González fue galardonado en numerosos concursos de escritura teatral en nuestro país. Con esta pieza debutó Miriam Socarrás, una actriz que continúa su labor artística hasta la actualidad. La historia trata de un amor entre tres y posee además una simpática cubanía en los diálogos y situaciones.

Un discurso dramático muy especial se halla en El Escorial, de Michel de Ghelderode, su acción ocurre en un castillo medieval con un rey, un príncipe y un monje. Tuve la suerte de interpretar al tercero. Realmente la obra es una joya del teatro clásico, donde se destaca el buen decir de los parlamentos unido a una profunda filosofía existencial. Dicha producción estuvo a cargo del regisseur Jesús Hernández. En el rey, Jorge Losada trazó un brillante desempeño actoral.

Poco después, Rine apostó por un grupo de muy jóvenes actrices y actores que estaban en el comienzo de sus carreras, los cuales recibimos un taller de varios meses en la Casa de las Américas. El resultado se brindó en un espectáculo que permitiera apreciar individualmente y en conjunto las potencialidades de estos intérpretes en formación.

La primera estructura consistía en cuatro escenas esenciales de piezas trascendentales de autores muy reconocidos, entre ellas Yerma, Las brujas de Salem, La ramera respetuosa y Un tranvía llamado deseo. Así encontramos a Lorca, Arthur Miller, Jean Paul Sartre y Tennessee Williams, respectivamente. Tuvieron gran destaque dos actrices de trayectorias relevantes en el grupo Teatro Estudio, en la televisión y el cine, hablo de Isabel Moreno y Miriam Learra, quienes representaron a Blanche DuBois y su hermana Stella.

Acompañaban a las escenas citadas el primer acto de Nuestro pueblito, de Thornton Wilder, una obra que obliga a los actores a actuar todo el tiempo con la memoria de los sentidos, sin objetos reales, y al final hicimos La inundación, de Ignacio Gutiérrez, farsa deliciosa que cerraba con broche de oro el programa.

Leal, fiel y sincero amigo de Julio Matas y Virgilio Piñera los unió en la puesta en escena que cerró el año 1962. Teatro Experimental Las Máscaras realizó el estreno mundial de Aire frío, gracias a Humberto Arenal, quien laborara con Rine y Virgilio en  el semanario Lunes de Revolución.

Aire frío contó con los diseños de un gran artista de la plástica, Guido Llinás, y con un elenco encabezado por una actriz paradigmática como Verónica Lynn, con un actor de reconocida profesionalidad Ángel Espasande, y con Julio Matas, quien al igual que Lynn, asumió magistralmente la personificación del alter ego de Virgilio. Los acompañaron Laura Zarrabeitia en la madre y Roberto Cabrera como Enrique.

Tuve la oportunidad de realizar la escena del Marqués de Veguitas, como el anciano delirante que promete a Ángel, el padre, encontrar una herencia que les cambiaría totalmente la existencia. Piñera asistió a algunos ensayos y se mostró verdaderamente respetuoso con Arenal.

Rine brindó todo su esfuerzo para el éxito del estreno, al colaborar con los creadores durante todo el año, especialmente con Aire frío, pues sabía que se trataba de un paradigma de la dramaturgia y un referente obligado de la historia del teatro cubano.

Leal mostró su capacidad organizativa al frente de la sala Las Máscaras. Ofreció a los asistentes programas variados pero siempre de alto nivel. Su selección de directores, dramaturgos, actrices, actores y diseñadores denotó inteligencia y comprensión al situar en primer lugar lo artístico. También pudo lograr la imbricación de artistas consagrados con los más jóvenes, que deseaban mostrar sus posibilidades.

Posteriormente el teatro se puso al servicio de diferentes grupos que hicieron allí temporadas. Ya Rine no estaba, se dedicó a la docencia y a escribir libros que aún hoy son de obligada consulta.

Como director del Teatro Experimental, en la sala Las Máscaras, Rine Leal logró estar a la misma altura de sus reconocidas capacidades como profesor, historiador y crítico; supo reunir gran parte del talento de esos años fundadores del teatro en la Revolución. Por todo ello debe ser siempre admirado y nunca olvidado.

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