16 Festival Internacional de Teatro de La Habana

Títeres y teatro para niños

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba
Fotos del Autor

“La realidad está en constante cambio y el teatro debe correr tras ella con un espejo en las manos para reflejarla”.

Peter Brook

 

Llegó el Festival Internacional de Teatro de La Habana a su edición número 16, lo cual produce en mí una emoción inenarrable; lo asocio a mis inicios estudiantiles en el Instituto Superior de Arte. Asistir como espectador a la cita escénica capitalina se convertía en la mayor fiesta, felicidad  que se transformó año tras año, al agregarle a mi condición de público la de activo partícipe sobre las tablas o en los retablos. Desde que me hice profesional en 1987, y tras la inclusión del teatro para niños y de títeres en el programa general del certamen, no he dejado de trabajar en ninguna de las celebraciones festivaleras, primero como miembro de Teatro Papalote y desde hace casi 20 años con Teatro de Las Estaciones.

De manera bienal, con algunos momentos de inercia en la trayectoria inaugurada en 1980, el Festival ha ido rearmando el rostro del teatro cubano una y otra vez. La curaduría del evento está entre las acciones más discutidas y analizadas por los miembros del gremio escénico nacional, y a veces hasta internacional, nadie se limita en sus opiniones y juicios sobre la labor de selección del comité organizador. En lo que sí todos están de acuerdo es en la inmensa dicha que produce entrar en esa discriminación artística que conforma la realidad de nuestro quehacer dramático y del mundo. Unas veces las muestras han sido vitrina arqueológica adornada con chispazos de actualidad y otras la estantería de lo más novedoso que se produce en términos dramáticos a nivel nacional e internacional, con invitaciones a espectáculos antológicos que han marcado pautas indelebles con sus creaciones.

La cita de 2016 en el género para niños y niñas, que incluye también el teatro de figuras, sin distinción de edades, es una de las más exiguas de cuantas se hayan visto en la treintena de años que acumula el jolgorio dramático. Ay Margarita, Teatro Andante, GranmaGris, Teatro Tuyo, de Las Tunas,  La muchachita del mar, Títeres Retablos, de CienfuegosCuento de amor en un barrio barroco —para niños— y El irrepresentable paseo de Buster Keaton —para adultos— Teatro de Las Estaciones, MatanzasAventuras en pueblo chiflado, Guiñol Los cuenteros, Artemisa. Todas reconocidas con premios o reconocimientos en diferentes certámenes del país. Esto es lo que hay, criterios y discusiones aparte. No puedo dejar de mencionar montajes con muñecos que entran dentro de la muestra cubana oficial o llamémosla IN. El viejo y el mar, del Teatro Mirón Cubano, de Matanzas, o la propuesta estatuaria Cecilia, ángel de barro, de D´Morón Teatro, Ciego de Ávila.

Títeres vienen también de allende los mares. Pinocho, de Ultramarinos Lucas y De las manos, de Teatro La Fauna y La Tartana, de España