Contratenores en Cuba: (re) colocar una voz

Narmys Cándano García • La Habana, Cuba

La música vocal y coral en Cuba, si bien tiene una larga tradición, también se ha relegado durante años a un plano, quizá no inferior, pero sí alejado de los indicadores del gusto popular, ya sea por satisfacer los intereses de un público más reducido, o por la ausencia de voluntades para resaltar su valía o promocionar sus distintas manifestaciones.

Imagen: La Jiribilla

De ahí la necesidad de ocupar los escenarios con esa expresión del arte que trasciende épocas y geografías para poder ser apreciada por un número siempre creciente de generaciones. En ese empeño la Oficina Leo Brouwer ha devenido equipo estelar al producir extraordinarios festivales que durante varios años ha entregado oportunidades únicas para disfrutar del mejor arte universal.

El recién concluido Festival Les Voix Humaines (Las Voces Humanas) es un ejemplo de ello, especialmente por privilegiar en su programa la presentación de diversas agrupaciones vocales y por propiciar el encuentro entre reconocidos y noveles cultores del género. Sin duda, la “voz humana” salió favorecida, particularmente con la realización del primer Certamen de Contratenores en Cuba, y posiblemente en el mundo, pues no se conoce aún de otro concurso de ese tipo. Un hecho que merece estas y muchas otras líneas, por representar un gran avance para (re)colocar ese registro en un lugar relevante dentro de la música contemporánea.

Anhelada oportunidad

Ocho concursantes, cinco de ellos cubanos, midieron su talento entre el 5 y el 7 de octubre en el Centro Hispanoamericano de Cultura de La Habana, escenario que reunió a figuras de primer nivel como jurados, entre ellos Rodrigo Ferreira (Brasil), Darryl Taylor (EE.UU.), Sytse Buwalda (Países Bajos), y el propio Maestro Leo Brouwer.

Compartieron el primer lugar Frank Ledesma (Cuba) y el norteamericano Brenan Hall; y el tercero lo ganaron Lesby Antonio Bautista (Cuba) y Rubén Berroeta (México). El segundo premio quedó desierto, para pesar de gran parte del jurado que no llegó a un consenso mejor en ese punto, comentó en entrevista con La Jiribilla, Ubail Zamora, su presidente.

“El objetivo se cumplió, porque el concurso sirvió para dar a conocer los cantantes que tiene este tipo de voz en Cuba, pues a veces se piensa que son muy pocos, y con la promoción de la competencia aparecieron varios cantantes con voces muy buenas y muchísimo interés en desarrollarse, aunque les falta preparación”.

El también integrante de la Camerata Vocale Sine Nómine, una de las agrupaciones defensoras del registro de contratenor en Cuba con alto prestigio internacional, explica que “se trata de un tipo de voz poco común, muy peculiar, porque el contratenor canta en falsete, algo que en principio pueden hacer muchas personas, pero la técnica es más difícil de desarrollar.

“Normalmente los vemos en la música popular, en la que muchos artistas cantan en falsete, sin embargo, en el mundo lírico —donde nació, primero en los coros catedralicios y luego en la ópera— tanto en Cuba como en el resto del mundo han existido algunos prejuicios que por suerte se han ido eliminando. En ese sentido el Festival Les Voix Humaines y el certamen han sido un punto de partida, pues se ha empezado a conocer cuántas personas en el país cantan con este tipo de emisión”.

Resaltó el evento como un contexto ideal para cotejar aspectos técnicos, “pues se debe estudiar mucho y conocer los repertorios que se ajustan a cada tipo de voz, de ahí que sea una gran ventaja dar a conocer cuánto se puede hacer con este tipo de voces”.

Imagen: La Jiribilla

Camerata Vocale Sine Nómine
 

Para la profesora Leonor Suárez, directora de Sine Nómine, “el certamen es el colofón de la lucha por darle a los contratenores el lugar que se han ganado por derecho. Es una forma más de enfrentar esa discriminación que les ha negado oportunidades por desconocimiento o por prejuicio y este concurso valida esa voz, muestra sus potencialidades, y demuestra que es igual a otra cualquiera”.

Ambos músicos coincidieron en que el nivel de la competencia fue muy alto, con repertorios variados y de gran complejidad. Elogiaron la calidad vocal de los concursantes, sus grandes condiciones y, si bien a los que fueron eliminados en la primera vuelta les faltó preparación, el resto hizo gala de un gran dominio técnico.

Para tres de los concursantes cubanos, miembros de Sine Nómine y los dos primeros ganadores: Frank Ledesma, Lesby Antonio Bautista y Eduardo Sarmiento, la mayor relevancia del certamen es que los dio a conocer, y a la vez se evidenció la existencia de un movimiento de contratenores en Cuba y el trabajo que vienen realizando. Es una forma también de resaltar su labor como solistas, pues no solo se destaca un contratenor en el trabajo de cámara, sino en conciertos, la ópera y el teatro musical.

El concurso no tiene antecedentes en Cuba y sus organizadores tampoco han encontrado un evento similar en otro país. Sí existen iniciativas similares diseñadas con más amplio espectro. Por ejemplo, Ubail Zamora cita un concurso realizado en la UNEAC, en el que se dio la oportunidad de participar a los contratenores en el apartado de Música Antigua.

“Pero me gustaría que a partir de este momento, cuando se abran los concursos no tenga que hacerse un certamen para contratenores, sino que se tenga en cuenta como una forma más de cantar, como ocurre en los concursos internacionales en los que el contratenor es un cantante más, que puede interpretar cualquier tipo de repertorio. No hay por qué segmentarlos, y esa ha sido otra de las premisas de este certamen”.

Otra puerta que se ha abierto a quienes desarrollan ese registro vocal ha sido la reapertura el pasado año de la especialidad en el Instituto Superior de Arte (ISA). Hasta ahora, Zamora ha sido el único contratenor graduado en ese centro de altos estudios que cerró las puertas al futuro de estos aristas “bajo el pretexto de que no había repertorio o posibilidades de trabajo para este tipo de voces, criterios totalmente errados y sin una base sólida, pues por ejemplo, Sine Nómine es una gran cantera de contratenores”.

Otro reto es lograr que se escriba más para esa tesitura. “Hay un ciclo de canciones de Leo Brouwer hecha para contratenores y que estuvieron entre las obras obligatorias del concurso. Jorge García Porrúa ha adaptado canciones al igual que otros compositores. También se han adueñado de repertorios clásicos de Lecuona, Gonzalo Roig y otros autores, siempre que las composiciones sean adecuadas para esa tesitura”. Y aunque se han citado notables aportes, el entrevistado reconoce que esperan que otros autores se sumen a esa lista.

Ni castrados, ni pasados de moda

Mitos y prejuicios rodean a los contratenores desde hace siglos. Criterios erróneos como que el falsete daña las cuerdas vocales han puesto signos negativos al prestigio de este modo de cantar.

Uno de los mayores equívocos es la confusión de los contratenores con los castratos o castrados. En ese sentido, aclara Ubail Zamora que “uno no vino a sustituir a otro como se piensa, la voz de contratenor existió desde antes (…). Al aparecer los castrados —una voz artificial que se lograba castrando a los niños para que mantuvieran esa voz infantil pero con la potencia de un hombre— relegaron a los contratenores a un segundo plano. Esas voces salían con una potencia asombrosa y los contratenores fueron quedando como segundones en los coros catedralicios hasta casi desparecer, menos en Inglaterra y en algún otro lugar de Europa.

“No obstante, aun estando los castrados en su mejor momento, los contratenores fueron protagonistas de muchas obras de grandes escritores y músicos quienes componían específicamente para ese registro. Es decir, que ambas voces convivieron.

“No es hasta que llega Alfred Deler —a quien se dedicó el concurso— solista del Coro de la Catedral de Canterbury, en el siglo XX, que resurge con verdadera fuerza la voz de contratenor; los castrados habían desaparecido y los contratenores se adueñaron de sus repertorios y además empezaron a cantar todo tipo de música. Por el contrario, en la música popular el contratenor siempre cantó en todas las épocas.

“Actualmente el contratenor se encuentra oficialmente entre las clasificaciones de las voces masculinas junto al tenor, el barítono y el bajo, pues también se trata de una voz natural, una cualidad. No obstante, todavía tiene muchos criterios en contra, a pesar de que grandes músicos de nuestro país escribieron para este registro como Lecuona, por tanto, oponerse sería como negar una parte de la historia nacional”.

 

Sine Nómine: escuela cubana de contratenores

En ese sentido, la principal escuela para los contratenores en el país es Sine Nómine, una agrupación masculina de voces mixtas creada en el 2003 y que actualmente ocupa un lugar relevante dentro de la música coral.

Explica Leonor Suárez, su actual directora, que el hecho de incluir en su formación contratenores —la voz de hombre que canta por encima del tenor en las tesituras que habitualmente se les escuchan a las mujeres— hace que utilicen partituras de coro mixto. Componen este singular coro: contratenores primeros —sopranos— contratenores segundos —altos— tenores, y bajos —voces masculinas habituales.

“La responsabilidad mayor de la agrupación en los últimos años ha sido defender la voz de contratenor, cantar el repertorio antiguo en las tesituras originales para las que fueron escritas”. De ahí que se hayan convertido en protagonistas de esa “especie de cruzada” para hacer ver que esa voz tiene los mismos valores de otras y las mismas posibilidades de cantar, con las técnicas adecuadas, un repertorio específico.

Sine Nómine surgió para la interpretación de música antigua, y en estos momentos mantiene esa estilística en el repertorio. “La música renacentista no suena igual en la voz de una mujer que en la de un contratenor. De ahí que nuestro repertorio incluya Renacimiento, Barroco, música virreinal, aunque se han sumado piezas nuevas pues la agrupación tiene posibilidades de cantar todo tipo de música: contemporánea, sacra, profana, popular latinoamericana, popular cubana, espiritual, y toda la que se adapte al formato”.

Un trabajo, sin duda, meritorio, pero que representa solo una cuerda de un ensamblaje mayor: la música coral, que necesita grandes impulsos.

“Las manifestaciones corales necesitan más espacio en los medios, en la televisión, la radio, porque suceden hechos importantes en el mundo coral que podrían permitir a una mayor cantidad de público entrar en contacto con esa música.

“A lo largo de los años se han hecho muchos esfuerzos por desarrollar esa manifestación y actualmente hay muchos coros profesionales en el país, que pertenecen a una empresa, están institucionalizados y se ha hecho un esfuerzo por apoyarlos.

“Pero el movimiento coral va mucho más allá y abarca el movimiento de aficionados, que sí está deprimido, especialmente en los coros de adultos que no son muchos, y precisamente son esos los que trabajan más directamente con el pueblo, y además representan el espacio de realización para las personas a las que les gusta el canto. También faltan directores que quieran dedicarse a esa tarea, como ocurría en los años 80, época de grandes resultados para esa manifestación.

“En el caso de los coros profesionales, principalmente en las provincias reciben poco apoyo para su desempeño. Se encuentra una especie de apatía. En la capital, los coros que pertenecen al Programa de Desarrollo de la Dirección Coral, apadrinan uno o dos agrupaciones de este tipo en una provincia y ayudan a elevar su nivel artístico, pero todavía fallan muchos elementos de la programación, o el hecho de no tener espacios o pianos para ensayar.

“En cambio el movimiento coral infantil sí se ha estimulado mucho en relación a años anteriores pues existen varias cantorías tanto a nivel provincial como nacional”.

Un paso significativo en ese empeño sería contar con más escritores y arreglistas para coros. “Los directores de agrupaciones corales siempre estamos ávidos de más partituras. Los compositores priorizan el formato más grande, la orquesta que les da mayores posibilidades de creación, el coro tiene sus limitaciones para el compositor a partir de sus tesituras específicas. De todas maneras, se debe estimular la composición coral, porque, además, los directores también pueden componer y arreglar.

“Los arreglos forman una buena parte del repertorio coral, lo mismo canciones de la trova cubana que temas antológicos y universales que estén escritos para voces con acompañamiento, labor que pueden realizar incluso los propios cantantes. De esa forma se evitaría escuchar demasiadas veces la misma obra en los festivales, por ejemplo, cuando hay tanta riqueza musical en el país”.

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