Mayte Martín o el amor convertido en música

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

La catalana Mayte Martín me cautivó dos veces. Primero con sus boleros, mezclas de ternura e ímpetu; luego con su verbo, la poesía que brota de sus labios. Mientras entrevistaba a la “mejor voz en la historia del flamenco”, calificada así por el Maestro Leo Brouwer, cobraban mayor sentido los intensos momentos vividos durante el concierto Cosas de dos, en el Teatro Mella de La Habana, durante el Festival Les Voix Humaines.

Imagen: La Jiribilla

Con Mayte hubiese podido conversar toda una tarde, disfrutando de sus anécdotas de mujer honesta y artista especial, riendo con su buen sentido del humor. Pero es la primera vez que viene a Cuba, le quedan pocas horas en la Isla y muchas cosas por hacer. Momentos antes de encontrarse con la cantautora cubana Marta Valdés, hacia quien siente un gran cariño, accede a dialogar unos minutos, suficientes para descubrir otras facetas de esa cantante sobria que vi sobre el escenario.

¿Cómo llega al Festival?

El Maestro Leo Brouwer contacta conmigo a través de las hermanas Katia y Marielle Labèque, con quienes hice un proyecto de música española en 2007, titulado De fuego y de agua. Él me propuso venir a Cuba a cantar en el Festival que organiza y a mí desde el primer momento la idea me sedujo muchísimo pues nunca se me había presentado tal oportunidad. Me hacía ilusión hacer aquí mi flamenco pero sobre todo compartir mis boleros porque era importante estar en el lugar donde se parieron. Luego de los dos conciertos, Flamenco Clásico y Cosas de dos, puedo decir que ha sido una experiencia inolvidable, increíble.  

¿Por qué esperó tanto para venir a Cuba?

Pensé muchas veces en venir, pero no basta con pensar. También pienso ir a México y nunca nadie me ha hecho la propuesta. Pensar, pensamos mucho, pero de ahí a que las cosas se puedan realizar va un trecho...

A pesar de interpretar géneros populares, usted imprime su sello en las interpretaciones, son distintivas…

Tanto en el flamenco como en los boleros o cualquier género que haya abordado aunque fuera puntualmente, tengo un respeto religioso por la manera que el creador quiere se asuma su obra. Considero que la creatividad hay que ponerla al servicio del creador, es decir, has de saber muy bien de qué elementos está hecho algo para poder poner ahí tu toque personal. Respeto mucho el flamenco y el bolero clásicos, lo que pasa es que inevitablemente cuando salen de mi boca suenan a mi manera, con todas las mezclas de las músicas que he escuchado.

Creo en el mestizaje involuntario, el que ocurre de manera natural, ese es el que trasciende. Vamos integrando las músicas y de todo eso, se hace un cóctel que luego compartimos con la gente. No creo en la originalidad buscada, uno impone su personalidad sin darse cuenta, pues de lo contrario, podría ser un mal asunto.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué importancia le otorga a los espectadores y a su relación con ellos?

El amor no tiene sentido si no hay alguien que lo recibe y yo salgo al escenario a dar amor convertido en música. Para mí hacer lo que hago tiene sentido porque pienso que me comunico con la gente y les despierto cosas dormidas. Como espectadora cuando busco a un artista o escucho una obra musical, quiero que en algún punto cambie mi vida; algo que no te remueve por dentro, no tiene validez. El arte tiene sentido si transforma. Cuando me subo a un escenario sufro una catarsis contagiosa, eso es lo bonito que sucede. No fabrico nada para mostrar, me desnudo ante el público y en ello radica la razón de poder subir a un escenario y comunicarme con las personas.

En los últimos años las redes sociales han sido muy importantes para conectarme con la gente porque hay muchos lugares adonde los que no  hacemos cosas comerciales nunca llegamos o llegamos al cabo de 50 años, como en este caso. Este medio me ha permitido saber lo que mi obra significa para muchos, a quiénes les importa. Cuando estoy en un concierto capto los aplausos pero no puedo saber exactamente a nivel individual lo que para cada uno significa lo que hago; por esta vía he conocido relatos maravillosos de lo que representa mi música para los que me escuchan.

Además es muy importante esa retroalimentación porque te carga las pilas, te muestra que sigue teniendo sentido el qué y cómo lo haces.

Usted decidió hacer su disco Cosas de dos (2012), repertorio de boleros y canciones de amor, a través del “crowdfunding” y al margen de la industria discográfica. ¿Qué razones la llevaron a tomar esa determinación tan arriesgada? 

Estoy convencida de que el arte importa a quienes lo hacen y a quienes lo reciben, o sea al artista y a sus seguidores. Como arte no importa a nadie más, como producto sí le interesa a otros. La idea de lanzar Cosas de dos a través del “crowdfunding” —pasando por encimas de discográficas— fue un acto de rebeldía. Además, necesitaba saber, comprobar que había alguien al otro lado, un público acompañándome. Por eso quise que quienes me siguen financiasen el disco. Salió bien, fue una experiencia bonita, pero estas cosas tienen un recorrido mucho más corto que cuando hay una discográfica detrás. Como no hago música comercial y las industrias no ponen dinero en mí, pues no quieren a artistas que mueren con lo que hacen, ni les importan nuestras necesidades espirituales, entonces la única manera de hacer las cosas es buscando complicidades.

En una ocasión contó que cuando tenía aproximadamente 25 años el pianista Teté Monteliú le propuso hacer un disco de boleros y se negó. ¿Qué haría ahora?

Luché mucho en mis principios por tener un lugar en el flamenco que fue mi primera palabra musical, mi primera inquietud artística. Cuando ocurrió mi encuentro con Teté Monteliú y la propuesta de hacer un disco de boleros, todavía no tenía mi primer disco de flamenco en el mercado y pensé que eso sería contraproducente a la hora de presentarme como cantaora; no quise confundir al público. ¡Cosa tonta!, ahora no lo hubiese hecho así, pues si la vida se te presenta de una manera, de esa manera tiene que ser. Al final he acabado haciendo lo que me da la gana. El orden de los factores no altera el producto. Si me pasara hoy, con más madurez y experiencia, por supuesto no me negaría. A mí se me para Teté delante y ni muerta le digo «espera que no es mi momento de hacer eso». La decisión de entonces fue fruto también de la persona terca que soy y eso a veces me ha hecho desviar las fuerzas de un camino que era el natural.

¿Cómo se clasifica: cantaora de flamenco o cantante de boleros?

Me clasificaría como una persona que tiene cosas que comunicar y lo hace a través de la música. Tengo que comunicar amor y lo hago a través del lenguaje sonoro, quiero remover mi alma y la de la gente que me escucha cada vez que me subo a un escenario. Eso es lo único que me importa, la forma que utilice es absolutamente circunstancial.

¿Cuándo se siente más cómoda: al interpretar obras de otros autores o suyas?

Me gustan los dos momentos, porque son maneras diversas de dar espacio a la creatividad. Es una labor hermosa cuando tomas obras que ya están hechas con un peso fuerte y las aprendes, las destilas, las pasas por tu filtro y pones tu creatividad al servicio de eso que otra persona ha compuesto de manera magistral. En esos casos todo el ego queda relegado, no hay nada más bonito. También está mi parte como compositora, que brota de todo lo que he asimilado a lo largo de mi vida. Pero no es menos gratificante, es diferente.

¿En qué proyectos trabaja Mayte Martín actualmente?

En más de uno a la vez. De manera general soy poco productiva, tengo muchas ideas pero llevo a cabo muy pocas y muy lentamente, porque me gusta que las ideas maceren en el espíritu y me gusta ver cómo van madurando. No tengo nunca la más mínima sensación de prisa, ni de ansiedad por demostrar. Comparto las cosas involuntariamente, cuando se me salen, cuando tienen tal dimensión que no me caben dentro y son lo suficientemente fuertes. Esto tiene que ver también con el gran respeto que le tengo al público.

Usted dijo cuando lanzó la campaña de “crowfunding” para Cosas de dos que si no daba resultado tendría que ir pensando en irse a sembrar habichuelas, ¿qué piensa ahora?

Ya siembro habichuelas en forma de notas musicales. Soy como alguien que tiene un huerto, como de lo que siembro y comparto con mis amigos, con la gente a la que le gustan mis habichuelas.

¿Con qué palabra definiría lo vivido en Cuba, la acogida del público?

Sensibilidad, porque es la mezcla entre la inteligencia y la pasión, es la inteligencia apasionada y la pasión inteligente.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato