Miriam Ramos:

“La belleza es necesaria para el mejoramiento humano”

Marta María Ramírez • La Habana, Cuba

Mi historia con Miriam Ramos se remonta a 1995. Por supuesto, conocía su obra; pero en ese año comenzamos a conversar hasta hoy, gracias a su amistad con mi amor-trovador, Jorge García.

Imagen: La Jiribilla

Comparto hoy la posibilidad de disfrutar, más allá de la música, del verbo inteligente de esta mujer. Es solo un fragmento de lo tanto hablado, a propósito de su concierto junto al pianista Ernán López-Nussa, con música del cubano Ernesto Lecuona y el estadounidense Frank Sinatra, durante el recién finalizado Festival Les Voix Humaines (Las Voces Humanas), que preside el Maestro Leo Brouwer.

¿Por qué Ernán López-Nusa?

Hicimos juntos “Réquiem”, de Silvio Rodríguez. Nos enganchamos bien y luego hicimos cosas sueltas. Entonces, cuando a mí se me ocurre la trilogía, el segundo volumen para mí era nocturno, en ese espíritu nocturnal de La Habana, con una estructura clásica que es el trío de jazz.

La persona que me interesa es Ernán por su conocimiento y su seriedad. No es que sea el único, pero lo prefiero. Ha pasado mucho el tiempo y me doy cuenta de que mi intuición estaba clara.

Él borda la música con una seriedad inusual y cuando hizo Sacrilegios me lo confirmó. Ernán no hace distinciones y te muestra los puntos en común y cómo puede estar mezclada la música culta —con todo lo polémico del término— con la otra. Tiene mucha cultura para eso.

Además, tenemos muchos referentes comunes y cuando se da esta oportunidad lo llamé. De hecho, de la trilogía es el primero que se graba.

Le entregué repertorio y acople; también lo que yo quería. Tenía la certeza de que el margen de libertad iba a ser muy bien empleado. Él tiene ese hábito: le surge la idea, anota, me llama y a partir de ahí dialogamos, monta con los músicos y luego me sumo. Es un método muy productivo, con mucha inspiración porque los jazzistas van improvisando en la vida. Pero es muy metódico dentro de las libertades y eso me hace sentir cómoda, confiada.

Hablábamos sobre tu trabajo con los más grandes pianistas del país, incluso en diferentes momentos de su carrera, desde jóvenes como Rolandito Luna hasta Chucho Valdés, ¿por qué pienso que prefieres el piano?

Porque tengo una preferencia por el piano. Es un instrumento muy completo. Claro, una guitarra bien tocada me gusta mucho. Sin embargo, es otro tipo de ambiente el que provoca y para hacer conciertos prefiero la acústica. Tenemos un peso muy grande, una marca, que es la trova.

Sin embargo, me llama la atención el desarrollo del piano en Cuba, más que de la guitarra.

Siempre se dijo que la guitarra es el instrumento nacional, pero hay un gran desbalance. Hay muchos más buenos pianistas que guitarristas. Es notable. Ya en la enseñanza elemental estás viendo algo impresionante y en nivel medio hay pianistas que le quitan el resuello a cualquier profesional en el mundo.

Hay muchos como Rolandito, Aldo López Gavilán, Harold López-Nussa. Está la generación de Tony López, de Gonzalito Rubalcaba que están colocadísimos en el mundo y los que siguen saliendo.

¿Con qué tiene que ver esto?

Los planes de estudio son muy buenos, con exigencias muy altas.

Ese es parte del propósito de tu última etapa como intérprete, ¿por qué?

Me he dado cuenta de que estamos padeciendo de una ignorancia catastrófica que tiene que ver con el cacareado discurso de la identidad que no veo cómo se implementa o lo que se hace no lo comprendo, no me llega con fuerza.

Pienso que tiene que sonar. En un lugar que se dice el país de la música, entonces hay que trabajar sobre eso.

Tienes que enseñarle a la gente cómo llegamos hasta aquí, qué fue lo que se transformó para llegar hasta aquí y asumir todo eso; porque es imposible renunciar a emocionarte con “Corazón”, de Sánchez de Fuentes. Toda la música de raíz tiene que ser más conocida.

¿Coincide con el propósito de un festival como Les Voix Humaines?

El punto de vista de Leo, hombre de cultura, abarca todo. Eso funciona igual para la cultura universal. Como ser humano tú tienes que saber qué ha pasado en la música, con la pintura desde Altamira hasta hoy.

Es imposible conocerlo todo. Pero, por lo menos, que haya la intención de no obviarlo y pasarle olímpicamente por arriba.

Leo está haciendo un ejercicio de esta cultura universal, lo mismo puedes escuchar fado que música de Henry Percy, del renacimiento inglés, o a Take 6 haciendo música gospel, música sefardí…

¿Te parece que se pueda romper con esa división de culto y popular? ¿Cómo?

Siempre que abordo el tema me incomoda porque no me queda clara esta nomenclatura. Es muy dañina esa división porque como son tan elitistas, de una manera tan tóxica, las propuestas a veces no son agradables. Por ejemplo, las canciones líricas cubanas no le gustan a todo el mundo, por la manera en que se hacen. Entonces, a la gente joven no le gusta y tienen razón. Tienes que hacerle una propuesta. Lo que importa es la esencia. Lo demás es el cómo, que es donde está el artista.

Imagen: La Jiribilla

Esa mezcla de Lecuona con Frank Sinatra para Les Voix Humaines ¿Dónde nació la propuesta?

Una locura de un genio como Leo. Le dije a Ernán que me dejara procesar la idea, encontrar los puntos en común. Ambos son especialistas en encontrar esos límites.

De pronto me di cuenta de que el engranaje es Ernán porque es el punto de vista suyo el que une estas dos obras, a partir del trabajo que habíamos hecho con Lecuona.

Sinatra se inserta ahí con naturalidad. En el concierto te encontrabas con una canción en español y otra en inglés, pero fusionado, como yo quería.

¿Qué pasa con las voces en Cuba? ¿Quieres hacer un diagnóstico?

No me atrevo mucho porque me falta información. En cualquier momento me pongo a investigar. Me da un poquito de miedo dar una opinión festinada porque hay zonas underground. Tiene que haber muchas cosas buenas por ahí.

También soy público y, si los medios de comunicación no se ocupan, hay que salir a la calle a buscarlo y no es fácil de encontrar.

Estamos sometidos a mucha burocracia en la programación, falta criterio, hay demasiada preponderancia de la opinión administrativa, falta autoridad artística, que tiene que reinar.

Las autoridades tienen que proponer y facilitar. Las decisiones se toman demasiadas veces desde el punto de vista administrativo, con un criterio desconocedor porque esa gente pertenece a una masa desinformada, con una visión distorsionada de lo que es la cultura.

No es verdad que la gente prefiera la mala música. Ya se sabe que hay cosas de mucha calidad que son masivas. La gente está sedienta.

Por ejemplo, el concierto de Take 6 tuvo que ser en el Karl Marx y están amenazando con venir artistas tremendos que tendrán que ponerlos en la Plaza de la Revolución o en el Estadio Latinoamericano.

Por eso me duele todo lo que pasa, porque conozco al público cubano. Este es un gran público. Además de conocedor porque aquí la gente se agencia la información con las uñas. Hay una sed increíble y se sabe todo al minuto, más que en cualquier parte. La gente por ahí está más relajada. Quizá porque sabe que cuando quiera buscar encuentra. Son más relajaditos.

Esto se contrapone con la intención de poner en planillas el arte, empiezas a castrar a la gente y, cada vez, los niveles son más bajos, vuelas menos. Hay que procurar la belleza porque es necesaria para el mejoramiento humano. Estoy convencida de que cuando te enfrentas a una obra de arte, te transformas. El arte tiene ese poder, el de transformar la conciencia y se ha convertido en una mercancía.

Hay un ambiente expectante desde el 17 de diciembre con el anuncio del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU. ¿Cómo influirá en la música cubana?

Con la música estadounidense en Cuba pasa algo diferente que en otros países. Hemos hablado mucho sobre la influencia de la música estadounidense en la cubana.

Recuerdo mi niñez. Las canciones que canté de Frank Sinatra en este concierto las escuché entonces, porque mi papá era fanático y en la radio se pasaban como la de muchos otros músicos.

Pero lo que es inédito es al revés: cubanos en la música estadounidense. Mario Bauzá, Chano Pozo… todo eso que le dio un giro al jazz. Estamos frente al Latin Jazz, pero la semilla fue cubana. No se trata de imponer un género o una moda.

Por eso la relación entre nuestros países en la música es absolutamente natural desde tiempos inmemoriales. Está imbricada naturalmente y me emociona mucho que todo eso vuelva a ser así, que se coloque en su lugar. Desde el punto de vista cultural es muy necesario. No porque sean estadounidenses, sino porque es una influencia que forma parte de la cultura, de la historia de Cuba y de EE.UU.

Hay un disco con Harold López-Nussa que estuvo nominado en el Cubadisco 2015 que aún no ha salido, ¿qué trae?

Es una zona de la canción donde está Lecuona, al que no incluí porque ya le había hecho un disco. Pero está desde “Aquellos ojos verdes” hasta “Las perlas de tu boca” y “Si llego a besarte”, que es lo que se canta en la película La Bella del Alhambra, porque la gente no conoce las canciones cubanas.

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