The show must go on

Noel Bonilla-Chongo • La Habana, Cuba

Cuando el espectador entra a la sala seguramen­te ya ha acometido las faenas “actorales” y forma­les que, como actor-público, le son afines: saludar a los conocidos, examinar discrecionalmente todo lo que le envuelve, disfrutar el disimulo por la ex­pectación, el saberse bien recibido y elegido para participar en un rito para iniciados. Va a su luneta o se acomoda en el lugar que le proponen —tal vez un asiento movedizo porque asiste a una acción escénica “contemporánea”—; quizá comparta el mismo espacio de los performers.

En un escenario vacío uniformemente iluminado, espectadores y actores no hacen otra cosa que “mostrar su presencia”, como animales en ace­cho. Y es que, “…el teatro, no ha empezado toda­vía a existir…”, como dijera Antonin Artaud en El Teatro y su doble, ese manifiesto que registra su convicción de un “teatro total”.

Fundado en 1980, el Festival de Teatro de La Habana ahora, en esta su decimosexta edición no deja de ser derivación posible al indagar en el arte escénico del siglo XX y de estas primeras décadas del XXI. Aguardo sobre las concepcio­nes unívocas de la his