Se baila aquí

Canciones que conmovieron los años 60

Emir García Meralla • La Habana, Cuba

Hacer canciones, hermosas canciones es todo un reto. Desde sus mismos inicios la canción ha sido la forma de expresión por excelencia de la música cubana; se escriben al vuelo o por encargo, y son el piano o la guitarra los recursos para acompañarlas desde siempre.

Hay canciones que a lo largo de la historia repiten el nombre y también la fuente de inspiración. El ejemplo más notables es “La bayamesa”; está la de Céspedes/Fornáris/Del Castillo y la de Sindo Garay a la que nombró “Mujer Bayamesa”; pero que todos llaman “La Bayamesa”. Lo mismo ocurre con la luna. Orlando de la Rosa y Julio Gutiérrez —entre otros— la envejecieron o la vieron llorar; el satélite natural de nuestro planeta acogió sus penas y les sirvió de refugio.

Antologar canciones siempre fue placentero. En los años 60 del pasado siglo parecía que la canción cubana había alcanzado su cenit cuando el filin recibió —con los brazos abiertos— los giros que aportaron Marta Valdés, Frank Domínguez y Ella O’Farrill; con ellos ocurrió la continuidad y ruptura del movimiento de la cancionista más revolucionario de la primera mitad del siglo XX. Los muchachos del filin lo cambiaron todo.

Son los años 60. El mundo vive varias revoluciones a la vez, y la música no está exenta de ellas. En el caso cubano se presentan fenómenos interesantes a saber: el cambio temático, las intenciones musicales y sobre todo el atreverse a proponer una visión filosófica de la vida lejana a la del bolero de bares, cantinas y despechos.

Notable son las canciones y los compositores de esta década convulsa. Sin embargo, hay tres compositores y tres canciones que representan el espíritu de la época y que son los pilares de algunos acontecimientos notables que vivimos hoy.  Me refiero a Félix Reina y su tema “Si te contara”; a Juan Formell y “Lo material” y a Pablo Milanés con “Mis 22 años”. De ellas será la de Reina la que más se ha difundido con el paso de los años. Pero veamos los hechos.

Reina es un hombre de la música popular bailable. Había estado en las Maravillas de Arcaño; en la América que abrió la era del Cha cha chá; en las Estrellas de Fajardo y por último había fundado su orquesta Las Estrellas Cubanas. Toda Cuba bailaba y conocía su danzón “Chá Angoa” que interpretaba la Orquesta Aragón y permitía el lucimiento de Rafael Lay como violinista ejecutando un solo con aíres clásicos. Pero quien escribe un buen danzón también puede escribir un buen bolero y ese es el caso de “Si te contara”, escrito a comienzos de los años 60 una vez que regresa de EE.UU. tras dejar la orquesta de Fajardo.

Reina no escribe un bolero con aires del filin; en él no hay la influencia de Marta Valdés o de Frank Domínguez. No, su estilo creativo está marcado por los cantantes latinos que hacen furor en el New York de los 50; tal parece un tema escrito para Tito Rodríguez, Santitos Colón o cualquiera de los otros cantantes de moda en aquella ciudad; pero lo estrena y canta con sus Estrellas Cubanas. El tema prende más allá de Cuba y es el bolero referencial que tomarán quienes en la Gran Manzana están buscando nuevos aires en la música latina. Reina abre las puertas por las que pasara la música de Piloto y Vera y otros compositores cubanos. “Si te contara” no fue solo un bolero de moda en aquellos años; sino que aún se sigue cantando.

Juan Formell también venía de la música popular. Había sido bajista de sextetos soneros haciendo sopa en el barrio de Cayo Hueso hasta que entró en la Banda de la Policía y de ahí siguió su camino a la orquesta del Cabaret Caribe del Habana Libre donde estaba el guitarrista Juanito Márquez; pero además de lo popular cubano estaba pendiente de los cambios que experimentaba la música norteamericana, aquella que transmitía en Cuba Radio Kramer. Para Formell el rock and roll no estaba en contradicción con el son; eso se lo había reafirmado su padre, Francisco Formell Madariaga, su mentor musical.

Pero su mundo necesitaba expresarse y un buen día escribe canciones. Tantas que para 1963 ya estaban siendo interpretadas por Elena Burke, Omara Portuondo y otras intérpretes. Pero sus letras, aunque estaban cercanas a “lo Marta Valdés” en sus motivos temáticos, tenían algo distinto y esa diferencia estaba también en la manera de ser orquestadas. “Lo material”, “De mis recuerdos” y “Tal vez”, entre otras tantas, contaban las interioridades de un hombre que se preocupaba más de “…existir que de soñar…”. El shake fue el ritmo de moda de su música primera —después vendría el songo, pero aún faltan años— y aquellas canciones se acercaban a lo que después se llamará Nueva Trova, aunque aún nadie repare en ello.

El tercero en llamar la atención en estos años como compositor es Pablo Milanés, o simplemente Pablito como le llaman hasta el presente. Él viene de una orquesta, La Sensación, aunque fue poco el tiempo que estuvo en ella;  también del cuarteto vocal Los del Rey, donde cantaba música religiosa norteamericana; y por último de haberse convertido en un cantante de filin importante a pesar de solo tener 20 años. Una carrera inicial meteórica para quien será uno de los mejores —para no decir el mejor—cantante cubano de la segunda mitad del siglo XX.

Él estaba muy cercano a la órbita de Marta Valdés, cantaba sus canciones como nadie, pero también se había abierto a otros compositores; por lo que interpretaba los temas difíciles de César Portillo. Pero también estaban sus inquietudes creativas y sus necesidades humanas; esas que estallan cuando escribe “Mis 22 años”; quizá la canción más compleja en todos los sentidos de las tres mencionadas. Es una declaración de principios sobre la vida, la muerte y la existencia misma del hombre que es; al tiempo que realiza la conjunción musical más interesante de la década, pues vincula el filin con otras aristas de la música cubana, fundamentalmente la guajira en su segunda parte.

Corría el año 1965 cuando escribe este tema; ya Formell era conocido como músico y compositor; y Félix Reina era un clásico de la década con su orquesta. Ese mismo año se estaba gestando, sin proponérselo nadie, un movimiento dentro de la canción cubana que alcanzará años después relevancia notable y que involucra los nombres de Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Vicente Feliú; y será conocido como Nueva Trova.

Mientras esto ocurría en las calles y clubes de La Habana, en Brasil se afianzaba el Tropicalismo y en México Armando Manzanero, Vicente Garrido y otros dinamitarían la canción yucateca y el bolero; ellos se acercarán al filin pero no serán influenciados por estos acontecimientos. Cada revolución musical en América Latina ha tenido sus puntos de convergencias, estos coincidirán plenamente en los años posteriores cuando se entienda de una vez que la nueva canción, el “boom de la literatura latinoamericana” y la salsa neoyorkina estaban indisolublemente ligadas por venas ocultas.

Mientras tanto estas son algunas de nuestras canciones de los años 60.

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