Teatro

Hedda G y la uniformidad de un ejército estudiantil

Ambar Calero • La Habana, Cuba

Volumen I

¡Donde hay Clara no hay fantasmas!, aunque la beca esté oscura y se acabe la merienda

 

La conversación transcurrió serena, mientras el ISA permaneció como un testigo inmutable o quizá pendiente de cada una de nuestras palabras. La hierba se derramaba formando un manto salpicado de hojas, había olor a tierra mojada y a protector solar. De un lado, la maleza queriendo devorar de una vez la arquitectura trunca del gusano de Música, y del otro la beca, con su estilo constructivo Girón. Las cúpulas de la Facultad de Artes Visuales podían verse a lo lejos, las guaguas Transtur pasaban con un sonido difuso rumbo a la recién restaurada Facultad de Música. En aquel paisaje no podía adivinarse la Facultad de Arte Teatral, sin embargo, esa mañana también se habló de teatro.

La estudiante: Empecemos con la pregunta cliché: ¿cuándo y cómo descubres tu vocación por el teatro?

La Actriz: Te respondo con un cliché: desde niña. Desde que estaba en el círculo infantil cantaba “Vinagrito es un gatico…”. Después mi mamá me llevó a varios lugares, entre ellos a la Casa de la Cultura de Artemisa. Mi papá fue jefe de Cultura en la Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo”, allí tenían un teatro muy grande y él me llevaba en las vacaciones, yo corría por el escenario, veía en las actividades cómo los cadetes sustituían sus uniformes militares por disfraces, eso me divertía mucho. Mi mamá me cuenta que yo siempre me ponía su ropa, actualmente me dice: “¡Tú antes eras más artista, porque ahora siempre te pones la misma ropa!” (Risas) Realmente soy tímida, aunque en el escenario parezca extrovertida. Cuando niña era más atrevida en ese sentido, yo me sentaba con el vecino y cantábamos: “Los marcianos llegaron ya…”. Aunque decirlo sea un cliché es la verdad, así empiezan muchos artistas. Mira, Carlos Díaz cuando era niño hizo un enanito de Blancanieves (Risas).

Después me presenté en la Escuela Vocacional de Arte en Güira de Melena, me aprobaron y empecé a estudiar guitarra. Pero no me fue bien, extrañaba mucho a mi familia y no avanzaba en las clases. Estaba en quinto grado, me daban miedo los cuentos de terror que hacían. Casi no comía, ni siquiera lo que mi mamá me traía de la casa.  

La estudiante: Ciertamente, estabas muy depre.

La Actriz: Sí, la verdad. Ya yo estaba depre con nueve años, imagínate ahora. (Risas) Así que cogí mi pañoleta y continué el quinto grado en una escuela normal en Artemisa, mientras tanto seguí las clases de guitarra con un profesor particular. A los pocos años, mi papá hizo una gira con los cadetes por Cienfuegos y Villa Clara, y me fui con ellos. En esa gira cantaba y hacía una payasita con él, a veces nos presentábamos en cumpleaños; fue muy importante esa experiencia con un público delante. Cuanto tenía 15 años me presenté a las pruebas de la ENA en Caimito, el regalo por mi cumpleaños fue saber que había aprobado.

La estudiante: ¿Qué me cuentas de Carlos Díaz y Clarita?

La Actriz: Te contaré algo muy gracioso. Cuando tenía 11 años, pasé con mi papá en una guagua por delante de El Trianón. Había un cartel gigante que decía La Celestina. ¡Me impresionó tanto aquel cartelón! Recuerdo que a mi papá le dijeron que esa obra estaba buenísima. Reaccioné muy entusiasmada, pero mi papá me dijo que yo no podía verla porque estaba muy fuerte y había desnudos. Así que aunque no conocía a Carlos Díaz, ese fue el primer destello que tuve de él, la primera provocación.

El primer espectáculo que vi de su compañía El Público fue Santa Cecilia de La Habana Vieja, por Osvaldo Doimeadiós, ¡quedé fascinada! Después vino mi graduación de la ENA con la obra El otro cuarto, un texto del dramaturgo polaco Zbigniew Herbert. Al principio se valoró la idea de evaluarme en la televisión porque en ese momento estaba grabando con Mariela López la serie Mucho ruido. Pero yo quería que fuera con un espectáculo teatral. Ya había empezado mi relación con el actor Yanier Palmero y él trabajaba con Carlos; así que Palmero y yo tuvimos un mes para preparar una propuesta de El otro cuarto y presentársela a Carlos Díaz, a él le gustó y al mes siguiente la estrenamos en El Trianón; fue la primera vez que me subí a ese escenario. Carlos Díaz me dio una calabacita durante los ensayos para el personaje que yo hacía, y después me la regaló. A partir de ese encuentro empecé a querer mucho a Carlos, y lo querré siempre.

En el primer año del ISA, hice La otra orilla con Alexis Díaz de Villegas. Esa obra espiritualmente me cambió la vida, transformó mi conexión conmigo misma, aprendí a hacer yoga, recuerdo los entrenamientos intensos, las lecciones de Villegas. Con ese espectáculo me abrí a nuevas formas de entender el teatro. Fue mi primer desnudo y estaba muy asustada, pero lo hice. Era teatro arena, con todo el público a nuestro alrededor.

Cuando Carlos Díaz me vio leyendo la carta de Hedda G me dijo: “te vi haciendo de pionerita, me gustaría que en Noche de reyes interpretaras una pionera.” Era un espectáculo a partir del original de William Shakespeare. ¡Disfruté tanto esa experiencia! En la función número 100 había tanta alegría en el escenario, estaban todos los actores que lo habían hecho, todos los dobles. Pero esa era la última función, es lo que sucede con el teatro, uno se despide constantemente.

La estudiante: En esa obra dijiste la célebre cita: “¡Pero Nemesia no llora!”

La Actriz: Sí, la primera idea de Carlos fue que me vistiera como pionera pero al final mi vestuario era una marinerita azul, blanca y roja, eso vinculado a los poemas de Martí: “Los zapaticos de rosa” y “La perla de la mora”, además de “Elegía a los zapaticos blancos” de Jesús Orta Ruiz.

Después trabajé en Porque los no nacidos también son personas, obra dirigida por Rogelio Orizondo, basada en el texto El nombre del dramaturgo noruego Jon Fosse. Fuimos a Noruega con esa obra. Con Teatro El Público también estuve en el elenco de Ana en el trópico; y en Gotas de agua sobre piedras calientes, texto del cineasta y dramaturgo Rainer Werner Fassbinder y de François Ozon. Recuerdo que al mismo tiempo de estar haciendo Gotas… empezamos el proceso de Perros que jamás ladraron, texto escrito y dirigido por Rogelio Orizondo.

 

 

Volumen II

Clarita tiene más voltaje que Voltus V

La estudiante: Háblame de  Rogelio y Clarita.

La Actriz: Rogelio… (Pausa). Le tengo mucho respeto, es mi amigo pero cuando trabajo con él nunca sé con exactitud por dónde anda su mente, puede pedirme cosas que no espero; eso me encanta y me seduce pero me provoca como un miedito (Risas), no sé. A veces me preguntaba: “¿Y ahora qué va a escribir?” Lo conocí en el ISA, el primer contacto que tuvimos fue a partir del texto que escribió para la pionera Hedda G1. Era una carta que ella le escribía a su padre y también le hablaba a Voltus V. Yo estaba en segundo año del ISA. Rogelio me preguntó si yo tenía un uniforme de primaria, sabes que a veces cuando uno termina la escuela guarda las cosas, a mi me quedaba la blusa y la saya. También conseguí una pañoleta roja y me hice dos motonetas. Luego él me pidió que usara tacones para mostrar a una pionera que estaba comenzando a crecer y un bate de pelota. Antes de hacerlo en la Fundación Ludwig lo filmamos en el ISA, pusimos una olla roja, en lugar de una urna. Dentro tenía panes, caramelos, pellys. Había una piñata que al final la pionera rompía con el bate. Rogelio me explicó que él al igual que buena parte de su generación había crecido viendo la película Voltus V, los muñequitos rusos; quería hablar de eso como algo que ya no estaba pero formaba parte de nuestra generación, y mezclarlo con la historia de su padre. El público se conectó con aquella carta y me sentía muy feliz de usar de nuevo el uniforme de primaria. Mi padre estaba ese día entre los espectadores, fue muy emocionante. Después la pionera Hedda G tuvo tres cartas más y también las hice yo.

La estudiante: ¿En qué otros momentos y espacios habló la pionera Hedda G?

La Actriz: Las otras cartas no tenían que ver con Voltus V, eran sobre otros temas. Recuerdo que una la hicimos en La Tropical, y esa trataba sobre el reggaetón. En aquella ocasión no llevaba la pañoleta, pero se mantenía el bate, y me hicieron unas ojeras pronunciadas. La última carta la hicimos en la Sala Adolfo Llauradó, en esa presentación rompimos la muñeca a petición de Rogelio. ¡Le caímos a batazos! Eso me dolió mucho, esa muñeca viajó con nosotros a Noruega cuando hicimos Porque los no nacidos también son personas. Desde entonces fue más que un objeto, se convirtió en nuestro símbolo. Recuerdo que Harly y yo le decíamos a Rogelio: “Esa muñeca es parte de nosotros, ¿cómo vamos a destruirla, a matarla?”.

Un proceso que disfruté mucho fue el de Perros… Éramos solo tres actores y cada uno tenía que hablar de sus vivencias, yo hablé de mi abuelo, fue una investigación hacia el interior de cada uno de nosotros, muy personal. En pleno trabajo con el espectáculo sucedió lo del problema de la beca del ISA. Palmero y yo no teníamos donde quedarnos, por suerte un amigo nos prestó su casa; pero no fue fácil porque ambos estábamos trabajando muy duro en proyectos que nos interesaban y de pronto no teníamos dónde estar. En la parte que me sentí más identificada fue con el texto sobre mi abuelo, debía enseñar su foto; y también con el último monólogo que fue cuando grité: “¡La fosa del ISA!” No tenía decidido decirlo pero en el momento me salió así.

Un tiempo después, Rogelio me dice que en Alemania querían hacer un texto de él: Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller. A la velocidad de la luz tuve que hacer todos los papeles, empecé a aprenderme el texto en inglés y me fui 15 días a Alemania. Allá comencé el proceso con los alemanes. ¡Mi Dios del cielo!

Volumen III

¡Clara busca profesor de inglés!

La estudiante: Andreas Bauer, uno de los directores escénicos del Theater Konstanz en Alemania, decidió tomar el texto Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller de Rogelio Orizondo para llevarlo a escena. ¿Cómo fue este proceso que suponía otro contexto y otros idiomas?

La Actriz: Al principio fue muy difícil, sobre todo por el inglés. Ahora me siento más segura y lo domino mejor, pero cuando fui para Alemania no sabía prácticamente nada. Yo no entendía lo que me decían. ¡Y en alemán menos! Ahí es cuando la mente te hace “Pum” y te quedas en blanco. A toda hora escuchaba a la gente hablando alemán y por si fuera poco, también en el teatro. Afortunadamente tuve una traductora que me ayudó muchísimo, y poco a poco me fui acostumbrando. Tuvieron mucha paciencia conmigo y yo también con ellos. (Risas)

La estudiante: ¿Pero decías el texto en español?

La Actriz: Sí, yo decía mis textos en español. Pusieron atrás unas pantallas con subtítulos en alemán. Cuando los actores alemanes hablaban en su idioma, pasaban los subtítulos en español. No obstante, tuve que aprenderme algunas frases en alemán pero con la estancia fui mejorando la pronunciación. Después estuve un mes en Cuba, fue el tiempo que trabajé más con Rogelio, me habló muchísimo del personaje Braz, me pasó música y la grabación del montaje que hizo Mario Guerra en Cuba. Luego regresé a Alemania, terminamos el proceso e hicimos 15 funciones. Estando allá me hicieron la propuesta de cantar en La noche cubana, un café teatro que prepara el grupo. Interpreté cinco canciones a capella, y al director del teatro se le ocurrió que yo hiciera María de Buenos Aires, un tango ópera de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla. Cuando me dijeron que me contratarían pensé: “cuando llegue a Cuba tengo que decírselo a Carlos para que me dé permiso y su bendición.

Aquí estuve tres meses dando clases con el grupo Neotango dirigido por Rosa Elena Álvarez, y me estudié la obra. No había un texto para María de Buenos Aires, es un disco con un libro que tiene las canciones, la historia se cuenta a través de las coreografías y de la música. También fue muy difícil al principio porque la coreógrafa era norteamericana. ¡Y de nuevo el inglés! Eran cinco bailarinas: dos alemanas, una de Francia, una de Italia y una sueca.

La estudiante: De ahí saliste con un Técnico Medio en Lenguas Extranjeras. (Risas)

La Actriz: Sí, estoy encantada con los idiomas, pero todavía me falta muchísimo, a veces me enredo cuando estoy hablando. Imagínate que en María de Buenas Aires, la directora y un actor eran de Austria, y los músicos eran del Congo, de California y de Alemania. Aprendí muchísimo con ese equipo de trabajo, de los músicos y de las bailarinas que eran geniales. Todas las noches pasaba algo distinto, y entonces tenía que comunicarme en otro idioma aunque pensara en español, fue muy interesante.

Volumen IV

La actriz toma el sol y corre

La estudiante: Hay actrices que aseguran ser stanislavskianas, grotowskianas, brechtianas, performáticas, postdramáticas, etc. ¿Por qué formación o escuela de actuación te inclinas y qué importancia le concedes al entrenamiento?

La Actriz: Entrenar para mí es primordial. Desde que empecé en la ENA entrené mucho, mi primera maestra fue Lisette Silverio, y comenzamos con Stanislavski; fue lo primero que escuché de teatro en mi vida. A lo mejor no sé hacerlo bien, pero yo soy stanislavskiana. Todavía escribo en un papel las preguntas que según Stanislavski debe hacerse el actor a la hora de construir un personaje, todo ese proceso de biografía de un personaje me da seguridad. Tener a Stanislavski en primer lugar, y luego todo lo que se deriva de él, Lee Strasberg, Uta Hagen, lo que después aprendí con Alexis Díaz de Villegas en el ISA, más psicofísico, el entrenamiento actoral viewpoint, la kinesis, son pautas esenciales para mí. Sobre todo porque después que te gradúas ya no puedes hacer esos entrenamientos con tus compañeros, y tienes que hacerlo tú solo. Esos son nuestros instrumentos: el cuerpo, la voz y el alma. Tenemos que estar puliéndolos todo el tiempo. Cuando a uno le toca trabajar solo se convierte en su propio maestro, escuchando las voces de los maestros que ha tenido en la vida, y por eso hay que prepararse. 

La estudiante: ¿Cómo una actriz le da solución en escena al abismo que hay entre teóricos y creadores a propósito de la representación/presentación? Trabajas con autores que como Rogelio Orizondo quiebran en su dramaturgia las nociones de fábula, personaje, conflicto. ¿Cómo haces esos monólogos largos, donde no representas un personaje entendido con la definición más convencional?

La Actriz: Hace un tiempo hablaba sobre ese tema con Osvaldo Doimeadiós. La primera vez que leí un texto de Rogelio yo me pregunté: “¿y ahora cómo hago esto?” Cuando tienes un espectador delante, ellos esperan ver algo, sentir algo, que le cuentes algo. Los textos de Rogelio no tienen una historia, no es como en Noche de reyes, que vas a disfrutar una historia de principio a fin. He tenido que llevarlo a mi experiencia, lograr que me toque emocionalmente. Cuando estoy haciendo un texto de Rogelio, intento también llevar el mismo proceso que propone Stanislavski. Es muy complicado lo que estoy diciendo, a lo mejor es una locura pero así lo hago, malo o bueno es lo que me guía. Tengo que encontrar la verdad en ese texto, descubrir mi conexión con el discurso, para luego encontrar la motivación, el resorte, la rabia suficiente para pararme y decirlo. Todo lo que he hecho con Rogelio se llama rabia, sacarse el dolor de adentro y ladrarlo, que ese que está ahí sentado reaccione conmigo para compartir juntos ese momento. Intento buscar los puntos que me hagan tener fe en lo que estoy diciendo.

Por ejemplo, con el monólogo de El Negrón en Perros que jamás ladraron mi mamá me decía: “Ay, Clarita mija, pero, ¿qué cosa es esa que tú estás diciendo?” (Risas) Al principio yo no entendía nada, pero después mi imaginación empezó a ver a Las Gemelas, a El Negrón. Rogelio me pasó videos de Macho Fucker y tuve que sentarme a ver todo eso. ¡Imagínate! (Risas) Debía decirlo un poco distanciada, con las gafas y con el micrófono, pero conectándome con todo y tratando de contárselo al público.

Creo en los jóvenes dramaturgos que están buscando un camino y  tienen convicción en lo que están haciendo. Si te hace feliz y tienes fe en eso, pues hazlo. Trabajo esos textos desde Clarita, con mi historia y mi experiencia. Aunque tengan malas palabras, un lenguaje raro y no siempre cuenten una historia, los hago míos. Si hay algo que quiero agregar o cambiar lo consulto con Rogelio. En Perros… no represento un personaje, soy yo, es Clarita con determinada energía, con una motivación particular. Quiero que la gente se vaya para su casa con algo cambiado. Angélica Liddell siempre es ella misma en escena, es su dolor, su voz, aunque camine o hable diferente, use un micrófono o una pantalla siempre es Angélica.

La estudiante: Marina Abramovic dice que un artista no debe convertirse en ídolo, y que necesita lo mismo que un monje tibetano para hacer su ritual: una bata y unas sandalias. ¿Qué piensas tú que no debe faltarle a un artista?

La Actriz: ¿Te digo lo que yo creo? (Pausa) Bueno, pienso que no puede faltarnos la sensibilidad y la humildad. Como dice Marina, “si te piensas como un ídolo” y se te sube la fama para la cabeza te embarcas.

La estudiante: A muchos les sucede, ¿verdad? 

La Actriz: Sí, sucede a menudo, y les pasa casi sin quererlo, porque se olvidan de lo verdaderamente importante. Creo que debemos tener la mente y el corazón abierto al arte, para compartir nuestra pasión y empeño, lo mismo para hacer un personaje protagónico que para hacer de una de las flores de Alicia en el país de las maravillas. A veces perdemos demasiado tiempo juzgando. No pueden faltarnos los deseos de crear porque el arte necesita de mucha motivación.

Los artistas también necesitan alimentarse y tener casas para vivir. Tener lo material es indispensable para poder trabajar, Marx lo dijo. Cuando a Meryl Streep le dieron el Premio Óscar por su actuación en La dama de hierro se refirió a la importancia de los amigos, de la familia, del amor y de trabajar muchísimo. Pero si tuviera que elegir, yo creo que el punto más importante es la fe. Cuando un actor no tiene fe es como si estuviera enfermo. Si yo creo ahora, en este momento que estoy teniendo contigo, en el que me siento feliz, tengo que estar abierta y ser sincera. Debemos pensar que si la vida nos pone a trabajar con alguien, hay que confiar y pensar que eso dará buenos resultados. Tenemos que ponerle fe a lo que hacemos, puede parecer muy espiritual pero también es objetivo. No parar de aprender, leyendo, estudiando, viendo buenas películas, conociendo a buenas personas, hacer cine, televisión, hacer mucho teatro, todo lo que aporte una experiencia.

Uno de los 83 preceptos de Gurdjieff dice: “fija la atención en ti mismo”. Otro aconseja hablar de las cualidades positivas de los demás, no concentrarse en lo negativo.

La estudiante: Clarita, ¿qué proyectos tienes más adelante?        

La Actriz: El grupo Theater Konstanz de Alemania viene al Festival Internacional de Teatro de La Habana con Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller. Es un montaje completamente diferente a lo que hizo Mario Guerra en Cuba, espero que todo nos salga bien. ¡Ay, me pongo nerviosa de pensarlo! Ellos están muy felices de conocer Cuba. Estoy feliz cuando tengo mucho que hacer. Ahora estoy descansando del trabajo y pasando unos días con mi familia, dedicándole tiempo a mi jicotea, a mis perros; pero aún así no puedo estar quieta. Me encierro en el cuarto y me pongo a correr, hago ejercicios. También estoy viendo un ciclo de películas de Bergman, estudio un poco de piano o de inglés. (Pausa) Aunque verdaderamente necesitaba unas vacaciones, pasé mucho tiempo en Alemania, sin mi familia, trabajando a toda hora, los idiomas, el cambio de alimentación, la nieve, la nostalgia. Añoré tanto estar aquí que a veces cuando me siento ansiosa me digo: “tranquila, que estabas allá extrañando esto, así que ahora coge tu sol y corre”. (Risas) ¡Esta ha sido la entrevista de la risa!      

Me quedé con preguntas para Clara, actriz joven y multipremiada. Deseaba saber lo que había sido de todos estos años en su vida de campaña, con la mochila al hombro literalmente, presentándose en los mejores teatros de La Habana; por cuántos lugares había pasado y en qué condiciones había vivido; pero preferí preservar la risa que acompañó nuestro diálogo, no hablar de lo que cuesta mantener los buenos ánimos, la voluntad a prueba de bala. Hablamos sobre lo que inspira para no correr el riesgo de echar a perder la buena energía, el entusiasmo estudiantil que nos acompañó durante aquella conversación, en la que el ISA permaneció como un testigo inmutable o quizá pendiente de cada una de nuestras palabras.

 

Notas:
1. Hedda G por Hedda Gabler, nombre del personaje que da título a una obra de Henry Ibsen.

 

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