Desplazamiento y latinidad en Azul-corvo

Sahai Couso • La Habana, Cuba

Una visión amplia de la presencia latina en EE.UU. debería considerar tanto las lenguas indígenas como las llamadas lenguas francas de la región: inglés, español, francés y portugués. Resumiendo las diferentes prácticas y usos de esta categoría, Eliana Rivero argumenta que “los términos latino y latina son utilizados regularmente como marcadores de etnoidentidad cultural múltiple referida a los grupos estadounidenses reconocibles por su conexión con culturas de origen latinoamericano” [1]. Frances Aparicio y Alberto Sandoval definen la latinidad como “el conjunto de prácticas y performances diarios que forjan la identidad individual y colectiva en un contínuum geocultural de Norte a Sur y viceversa” [2]. Mientras Juan Poblete agrupa a los latinos en “el conjunto de poblaciones de origen latinoamericano (incluidos los pueblos amerindios) que residen en EE.UU. como resultado de procesos históricos neocoloniales o migratorios"[3].

No obstante, estas definiciones, es habitual que el término latino/a sea intercambiable con hispano. Y, aunque estén incluidos en la mayoría de los conceptos que se ofrecen para definir lo latino/a, siempre queden diversos grupos en la periferia. Este es el caso de la migración de origen brasileña,  ubicada entre los números “restantes” dentro de los censos sobre los latinoamericanos en EE.UU., aquel porcentaje que no puede competir con la presencia abrumadora de mexicanos, puertorriqueños o cubanos.

Imagen: La Jiribilla

Si se acepta además que el horizonte de expectativa para la literatura de los latinos responde mayormente al inglés, español o el spanglish como elección lingüística, podemos convenir que esta no es una propuesta convencional.

Si se acepta además que el horizonte de expectativa para la literatura de los latinos responde mayormente al inglés, español o el spanglish como elección lingüística, podemos convenir que esta no es una propuesta convencional. Por ello, proponer un acercamiento a una novela escrita en portugués por una autora de origen brasileño dentro de esta categoría, pudiera considerarse una lectura de la periferia de la periferia, una minoría dentro de la llamada “minoría latina” —etiqueta en adición discutible. Si además consideramos que se trata de una escritora que vive en EE.UU. hace apenas una década, entraríamos entonces en un terreno movedizo para muchos estudiosos.

La autora en cuestión es Adriana Lisboa y el texto al que me acerco con este ensayo es la novela que publicara en 2010, Azul-Corvo. Esta escritora, que se resiste por su experiencia transnacional, cosmopolita, a la ubicación fija en determinada cartografía literaria, ya apuntaba hace algunos años en el ensayo “El vecino, el conductor del autobús, el cartero y Marilyn Monroe”: “Soy una escritora brasileña que vive en Boulder, Colorado, donde me consideran una autora local —aunque escriba en portugués y no sea quien firma las traducciones de mis libros en inglés. Soy una escritora brasileña que vive en Boulder, Colorado, desde hace poco más de cuatro años. Es mi segunda auto expatriación. A los 18 años emigré a Francia, donde trabajé cantando música popular brasileña toda la noche” [4].

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En este contexto Lisboa publica Azul-Corvo, novela que presenta, con sus redes de desplazamientos geográficos y culturales, una imagen de la pluralidad de las experiencias transnacionales y plantea algunas de las principales problemáticas de los latinos a comienzos del siglo XXI. Se trata de un bildunsgroman repleto de personajes en tránsito, donde la escritora reflexiona sobre la situación de los latinos en EE.UU., sus imaginarios y representaciones.

La novela es, también, el espacio que ha escogido la autora para tematizar el proceso de la adaptación, el aprendizaje de la lengua y la cultura que acompaña el desplazamiento.Azul-Corvo presenta la historia de Vanja (diminutivo de Evangelina), una adolescente de 13 años que decide, tras la muerte de su madre, ir a vivir con su padrastro a EE.UU. para encontrar a su padre biológico. A sus 22 Vanja, narradora-personaje, nos relata el viaje que realizó de Río de Janeiro a Colorado, el road trip que la llevó a visitar la casa donde nació, a conocer a su abuela paterna y a encontrar noticias de su padre, así como la relación especial que desarrolla con sus singulares compañeros de viaje: Fernando, su padre según atestiguan todos los documentos legales, el pequeño “sin papeles” Carlos y los amigos de su madre que conoce en el trayecto. A estas conexiones se suman las memorias de su vida en Brasil, el pasado de su madre en EE.UU. y, particularmente, la reconstrucción de la experiencia de Fernando como guerrillero en Araguaia, una verdadera pieza de la historia reciente de Brasil.

Pero la novela es, también, el espacio que ha escogido la autora para tematizar el proceso de la adaptación, el aprendizaje de la lengua y la cultura que acompaña el desplazamiento. Una visión contemporánea sobre la presencia de los latinos —en el sentido amplio del término— en EE.UU. En primer lugar tenemos a Vanja y, desde la preponderancia de su punto de vista, la perspectiva del outsider que caracteriza la literatura de las últimas décadas. El desarraigo de la adolescente que se encuentra ante el paisaje árido de Colorado es remarcado desde las primeras páginas de la novela:

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Eu tinha treze anos. Ter treze anos é como estar no meio de lugar nenhum. O que se acentuava debido ao fato de eu estar no meio de lugar nenhum. Numa casa que não era minha, numa cidade que não era minha, num país que não era meu, com uma família de um homem só que não era, apesar das interseções e das intenções (todas elas muito boas), minha.

Os nós dos dedos ficavam esbranquiçados, querendo rachar. Era estranho. Eu parecia me transformar progressivamente em outra coisa, como se estivesse passando por uma lenta mutação. Talvez eu virasse um lagarto ou uma daquelas plantas capazes de vicejar no deserto. [5]

En la historia de Vanja encontramos los vaivenes de un verdadero personaje in-between. Su madre, Susana, nació en Río de Janeiro y vivió allí hasta los nueve años, pero, tras la muerte de la abuela de Vanja, se mudó a Texas con su padre. En su juventud Susana se trasladó a Albuquerque y allí nació Vanja, reconocida legalmente como ciudadana norteamericana aunque con solo dos años, su madre ya había recogido las maletas y habían partido juntas para Río de Janeiro. La vida de Vanja está marcada por viajes de ida y vuelta entre los dos continentes, aún antes de llegar a los suburbios de Denver. En todo caso, el personaje pronto se declara en la intersección, privilegiando una mirada bifronte:

Depois que você passa tempo demais longe de casa, vira uma interseção entre dois conjuntos, como naqueles desenhos que fazemos na escola. Pertence aos dois, mas não pertence exatamente a nenhum deles. Você passa a ter uma memória sempre velha, sempre ultrapassada de casa. [6]

Por otra parte tenemos a Fernando, el exmarido de la madre de Vanja que figura en los documentos como su padre y, por tanto, su tutor legal. La presentación del exguerrillero comunista de Araguaia, formado en la academia militar de Pekín, ofrece en la novela otra dimensión de la migración. Fernando, quien ha pasado de guerrillero a barman en Londres, trabaja como guardia de seguridad en la biblioteca pública de Denver y limpia casas por 70 dólares. Con este personaje, heredero de la “era de las revoluciones” y las dictaduras militares en Latinoamérica, Lisboa realiza una relectura del exilio tradicional, tantas veces tematizado en la literatura latina. Se trata de un autoexilio, impuesto tanto física como intelectualmente, que en última instancia es reivindicado por la capacidad que tiene Fernando de sobrevivir, de adaptarse a todo:

Ele podia trabalhar na lavoura em São João do Araguaia, no Pará, podia sobreviver atrás do balcão de um pub londrino e sob a secura do ar em Lakewood, Colorado. Podia sobreviver a exércitos inteiros e a amores pela metade. A mulheres que desapareciam. A mulheres para as quais ele precisava desaparecer. À travessia de fronteiras e de ideologias. Podia inclusive sobreviver a mim e ao meu súbito ressurgimento, saída de uma caixinha-surpresa feito um daqueles palhaços com mola no pescoço. E podia dizer está bem, como tinha dito. Havia nisso seu quê de heroísmo. [7]

A Vanja y Fernando se sumará Carlos, el vecino salvadoreño de apenas nueve años que aprende inglés de un libro para niños mucho más jóvenes que él, un idioma que, según Vanja, habla con pobreza y apenas puede leer. Lisboa reflexiona sobre la inseguridad en que viven los millones de latinos indocumentados a través de la inocencia del niño, que pregunta una y otra vez por los “papeles” y que, con pánico, le promete al padre no hablar ante extraños de su situación. Introduce así ese otro polo de la presencia latina en EE.UU., los indocumentados que han viajado al norte persiguiendo ese poderoso imaginario discursivo que ha resultado ser el llamado american dream:

Carlos não tinha papeles. Sua mãe também não. Seu pai e sua irmã também não. Haviam chegado aos Estados Unidos como turistas sem ser turistas fazia pouco mais de um ano. Depois o visto expirou e eles não voltaram para El Salvador.

A irmã de Carlos trabalhava como camareira num hotel no tech center. Ela dizia que ia juntar dinheiro para estudar medicina em Harvard. Quando me mudar para Massachusetts, ela falava, vou dividir um apartamento com alguma colega de faculdade e vou ter um sofá vermelho no meu apartamento. [8]

De hecho, a lo largo de la novela Lisboa asume en varias ocasiones una posición crítica e interpela el american dream desde la narración:

Durante os anos que se seguiram àquele verão, conheci famílias inteiras de imigrantes latinos, legais e ilegais, que se sustentavam fazendo faxina.

Não conheci Maria Isabel Vasquez Jimenez, mas ouvi falar dela, a mexicana de dezessete anos que morreu devido ao calor colhendo uvas nos campos da Califórnia, sem que lhe dessem água ou sombra. O mês era maio. O ano, 2008. A temperatura corporal de Maria Isabel chegou a 42 graus.

[…]

Depois de examinar o corpo de Maria Isabel Vasquez Jimenez os médicos descobriram que estava com dois meses de gravidez. Ela colhia uvas para fabricação de vinho. [9]

 

De igual forma, Lisboa se acerca a la agrupación panlatina, que utiliza la categoría “latinos” para homogeneizar en un solo bloque cultural la diversidad y legitimar una identidad mediada [10], plagada de estereotipos. Así por ejemplo, Vanja se refiere a la invisibilidad de esa minoría brasileña:

[…] alto lá, não somos imigrantes hispânicos. Pode olhar para o nosso rosto, a gente inclusive é bem diferente em termos de biotipo e não falamos espanhol, falamos português. POR. TU. GUÊS. (Na escola, eu tinha que preencher um papel com o meu grupo étnico. As opções eram: CAUCASIANO. HISPÂNICO. AMERICANO NATIVO. ASIÁTICO. AFROAMERICANO. Onde é que eu ficava nessa história?)[11]

 

Se entrecruzan aquí las reflexiones sobre los estereotipos con que conviven los latinos en EE.UU. y la voluntad de entender la permanente fragmentación a la que se ve sometido el sujeto.

Se entrecruzan aquí las reflexiones sobre los estereotipos con que conviven los latinos en EE.UU. y la voluntad de entender la permanente fragmentación a la que se ve sometido el sujeto. Desde este eje Vanja polemiza sobre la complejidad de esa tendencia a la homogeneización, frente a los retos que impone para los latinos el proceso de adaptarse a la cultura norteamericana y reflexiona sobre la voluntad de algunos migrantes de formar parte del american dream y como, en ocasiones, este lleva a la aculturación:

 

Arranjavam parceiros americanos, filhos americanos, empregos americanos, guardavam a língua portuguesa dentro da garganta num lugar de difícil acesso e só se orgulhavam de suas origens quando alguém mencionava de modo elogioso o samba ou a capoeira (essa última também, na origem, a luta dos deslocados, dos expatriados, dos arrancados de casa). Ou o Brazilian jiu-jitsu dos irmãos Gracie. Fora isso, o Brasil era um lixo. E aliás estaba cada vez pior. Cada vez pior. (Vocês não leem as notícias? Viram o que o tráfico fez lá em São Paulo?) No início, pensei que isso fosse estratégia de sobrevivência. Talvez fosse. Ou talvez fosse apenas permeabilidade. Depois de algum tempo, dá trabalho se manter íntegro. Continuar sonhando em portugués quando as outras dezesseis horas do seu dia se pautam pelos colegas de trabalho americanos, pelos vendedores americanos, pelo carteiro mexicano que fala inglês com você, pelo rádio americano, pela tevé americana. [12].

Imagen: La Jiribilla

Esta mirada crítica se extiende a uno de los temas más relevantes del libro, el idioma —ese lugar donde se realizan las negociaciones culturales en los contextos inestables. En múltiples ocasiones se insiste en su importancia para la experiencia vital de esos sujetos bilingües. Lo que Vanja llama su “caos lingüístico”, al sospechar que su padre “não desconfiava de ter uma filha chamada Vanja, de treze anos de idade, dona de duas cidadanias e adolescente num harmonioso caos linguístico, uma filha que falava inglês na escola, português em casa e espanhol com os vizinhos”. [13]. O el spanglish de Carlos, quien afirma: “I hope we find tu papá. How said papá en portugués?” o “More portugués, por favor”. [14]

Vanja describe el proceso de aprendizaje, de su inglés de libro de texto, “Tom is a boy, Mary is a girl”, a la complejidad de la lectura sostenida, el descubrimiento de que se ha empezado a combinar la sintaxis y, finalmente, el desafío que impone la nueva pronunciación, el intento de “perder el acento”:

 

Eu ia, por exemplo, comprar um sanduíche. Fazia o meu pedido com o máximo de esmero, lembrando o inglês perfeito da minha mãe, arrumava cada vogal e cada consoante na minha boca com cuidados de feng shui. Dali a alguns instantes a moça no caixa me perguntava de onde eu era. Caramba: como é que os outros escutam na sua fala algum sotaque, se você não escuta? Meus rs eram um recôncavo perfeito da língua, meus ths eram um toque suavíssimo no interior dos dentes incisivos da mandíbula superior. O que mais me faltava? [15]

 

Lisboa desliza en la narración comentarios agudos al pensamiento nacionalista estadounidense, destinados a replicar a los puristas de la lengua en el continente y sus limitaciones ideológicas. Así, por ejemplo, Vanja desarticula la imagen que enlaza territorio y lengua, deslegitima la hegemonía del inglés en este contexto:

 

Minha mãe ganhava a vida dando aulas de inglês para os mexicanos que migravam de volta para o Novo México – tempos depois de os americanos terem migrado para lá, como ela gostava de dizer. Quem era estrangeiro ali, quem era local? Que língua a terra falava? (Na essência, não falava inglês nem espanhol, porque os povos que estavam ali quando os exploradores e os conquistadores chegaram eram navajo e anasazi e ute. E outros. E outros antes desses. Mas nenhum com o sobrenome de Coronado ou Oñate, nenhum conhecido pela alcunha de Cabeza de Vaca. Ou Billy the Kid.)[16]

 

La coexistencia de culturas en este contexto es analizada a partir de los vínculos idiomáticos. De ahí que Carlos se afane y se emocione tanto al encontrar palabras idénticas, con el mismo uso entre el portugués y el español, por ejemplo, amigos. O que Vanja le haga feliz descubrir que sucede lo mismo con el nombre del padre en los tres idiomas. Porque para estos personajes, entre naciones y lenguajes, es importante construir puentes que los aproximen.

Asimismo, entre la pléyade de personajes nómadas que conforman esta novela, vale la pena destacar a Isabel. Estudiante y amiga de la madre de Vanja, Isabel ha pasado su vida entre su natal Puerto Rico y EE.UU.: “Eu vim para cá aos dezoito anos, disse Isabel. Depois voltei para San Juan. Depois vim de novo. Comecei a trabalhar, conheci meu marido, parei de trabalhar”. [17] Lisboa desarrolla con este personaje otro de los temas fundamentales del libro, la melancolía, la nostalgia, el desasosiego que acompaña el panorama de la migración, la búsqueda incesante de una respuesta para aquel que está dividido entre dos territorios: “Um dia eu vou embora daqui, desta casa, desta cidade. Um dia acho que volto para Porto Rico. Volto para lá de novo. O problema é que quando vou embora de Porto Rico quero voltar para lá, e quando volto para lá quero ir embora de novo”. [18]

Con esta novela Lisboa reflexiona sobre las complejidades presentes en los procesos de afirmación de las identidades contemporáneas.

Este motivo está presente de una forma u otra en las historias de todos los personajes. Con esta novela Lisboa reflexiona sobre las complejidades presentes en los procesos de afirmación de las identidades contemporáneas. Carlos, el niño indocumentado, es irónicamente el personaje que desea con más fuerza ser reconocido como ciudadano norteamericano:

 

E amou June de imediato, por tudo: porque ela sorria, porque tinha covinhas, porque sabia que nós éramos nós. Mas sobretudo por ter dito que ele era do Colorado. Era isso o que Carlos sentia no fundo do estômago, dos ossos, por trás das unhas, em tudo aquilo que nele fazia as vezes de raiz. No Colorado, algumas pessoas usavam adesivos nos carros com a palavra NATIVO. Uma vez Carlos havia jurado que ao crescer e conseguir seus papeles e ter um carro ia comprar um adesivo daqueles. Porque era assim que ele se sentia: NATIVO com montanhas ao fundo. E June só precisou vê-lo para perceber isso, o que era o bastante para que ele a amasse, recíproco, no mesmo instante.[19]

 

El niño es el único personaje capaz de ensayar una definición identitaria para su experiencia: “E Carlos disse que um dia também voltava para El Salvador, mas só para visitar, porque agora ele era um coloradoan. Ou um coloradan. Ou fosse o que fosse. Ele era um NATIVO não nativo. Com montanhas ao fundo”. [20]

Lisboa interpela al fenómeno para situarlo en su dimensión global, en el contexto de la gran movilidad que caracteriza nuestro siglo. Esta inquietud, tematizada con más fuerzas en el personaje de Vanja, anima la reflexión final del libro, que parece cancelar las preguntas identitarias, particularmente  en el contexto global [21]:

 

Voltei ao Rio de Janeiro uma vez, para visitar Elisa. As coisas estavam iguais e diferentes. Sete anos tinham se passado desde que eu havia ido embora e talvez as células da cidade já tivessem todas sido substituídas por outras. A cidade era mesma e não. A cidade era outra e não. Havia moluscos de outras gerações no fundo do mar, na praia de Copacabana. Não sei quanto tempo um molusco vive. Ali deviam estar os netos e os bisnetos dos moluscos da minha infância, talvez. De todo modo, éramos amigos. Amigos que nunca tinham se visto pessoalmente. Amigos por tabela, como em redes sociais virtuais.

[…]

Num belo dia eu me dei conta de que não tinha importância o país onde eu estava. A cidade onde eu estava. Outras coisas tinham importância. Não essas. [22]

 

Inserta en los movimientos poblacionales y los cambios de relaciones que trae aparejada la globalización, Azul-Corvo nos presenta sujetos fragmentados, distintos de los “moldes tradicionales” y, sin embargo, reconocidos como iguales por su condición de migrantes y latinos. Se trata de una narrativa cuya propuesta, en última instancia, reside en esa comunidad afectiva de carácter transnacional que componen sus tan diversos personajes.

Un relato que trasciende los binarismos de los discursos fundacionales de la/una literatura nacional, desde la fuerza de las relaciones sociales que traspasan fronteras geográficas y culturales.

 

La autora es profesora del departamento de Estudios Teóricos y Sociales de la Cultura, de la Facultad de Artes y Letras, de la Universidad de La Habana. Su texto se publicó originalmente en La Ventana, portal de Casa de las Américas con motivo del Tercer Coloquio sobre los Latinos en EE.UU.
Notas:
[1] Eliana Rivero: “Latinounidense: identidad, cultura, textos”, en Revista Iberoamericana, Vol. LXXI, No. 212, Julio-Septiembre 2005, p. 712.
[2] Alberto Sandoval y Frances R. Aparicio: Hibridismos Culturales: La literatura y cultura de los latinos en los Estados Unidos, en Revista Iberoamericana, Vol. LXXI, No. 212, Julio-Septiembre 2005, p. 673.
[3] Juan Poblete: "Literatura, heterogeneidad y migrancia transnacional”, en Nueva Sociedad, México, junio, 2005, p.91.
[4] Adriana Lisboa: “El vecino, el conductor del autobús, el cartero y Marilyn Monroe”, en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, no. 735, septiembre 2011, p. 75.
[5] Lisboa, Adriana: Azul Corvo, Rocco, Río de Janeiro, 2010, p.12.
[6] Ibídem, p.40.
[7] Ibídem, p.15
[8] Ibídem, pp. 55-56.
[9] Ibídem, p. 38.
[10] Cfr. Arlene Dávila: Latinos Inc. The Marketing and Making of a People, University of California Press, Berkeley, 2001.
[11]Ibídem, p. 40.
[12] Ibídem, pp. 39-40.
[13] Ibídem, p. 52.
[14] Ibídem, p.58.
[15] Ibídem, p. 40.
[16] Ibídem, p. 20.
[17] Ibídem, p.104
[18] Ídem.
[19] Ibídem. p. 82.
[20] Ibídem, p. 104.
[21] Nótese el empleo de las redes sociales, fenómeno del siglo XXI y de la globalización, como imagen de relación.
[22] Ibídem, p. 111.

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