Bitácora de viaje (II)

La casa de Bread and Puppet en Glover

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Durante la gira internacional de Teatro de Las Estaciones por EE.UU. (Vermont, Nueva York, Miami), el pasado mes de septiembre, hubo un momento especial, el anuncio por los organizadores del Festival Internacional Títeres en las Montañas Verdes, de nuestra visita a Glover, el mítico espacio donde radica desde principios de los años 70 Bread and Puppet, el grupo que dirige el maestro Peter Schumann.

El camino  hacia la pequeña comunidad rural, en una región que colinda con la frontera canadiense se hizo largo, tanta era la ansiedad por llegar que nos parecía que el cartel de Glover nunca iba a aparecer. Cuando entre valles, montañas, riachuelos, pequeños poblados y abundante fronda verde avistamos la granja enorme que acoge el Museo de Bread and Puppet, un edificio de madera que data de 1863, sentimos una felicidad enorme.

Imagen: La Jiribilla

Muchachos jóvenes de diversos países pululaban por los alrededores de la sede del reconocido grupo, eran participantes de los talleres anuales que imparte Schumann. Se alistaban para el ensayo de uno de los espectáculos del amplio repertorio del conjunto. Fue Linda Elbow, una de las integrantes fundamentales en la vida actual del colectivo quien nos recibió y guió por las diversas instalaciones. Visitamos la Catedral de Papel, una especie de teatro-galería donde dibujos y figuras de papier maché abundan por el techo y las paredes, conformando una estética potente, no precisamente bella en términos convencionales, pero sí de una hermosura expresiva que identifica el trabajo del Bread an Puppet internacionalmente.

Camino del Museo encontramos a Peter Schumann, preparaba material para un nuevo muñeco. Lucía sombrero desgajado y una enguatada testigo del tiempo y de los rigores de un hombre del taller y del campo. Se nos sumó su esposa en la visita, fue ella, de manera apasionada y minuciosa, quien nos ofreció la explicación de cada pieza, dibujo o elemento escenográfico expuesto allí.

Pudimos conocer desde el primer asentamiento del Bread en Nueva York, con sus primeros muñecos no tan grandes, hasta la producción más reciente. El Museo es una especie de almacén gigante y sui generis que atesora todos los momentos de un conjunto nacido en 1963 que no se parece a nadie en el mundo, y al que muchos sí se parecen en buena parte del planeta. La influencia de Peter Schumann, artista de origen silesiano, escultor y coreógrafo con una obra que mezcla géneros del románico al expresionismo alemán, pasando por el minimalismo a través de inmensas máscaras, manos, vestuarios como carpas de circo, todo con un estilo reconocible donde quiera que esté y siempre con un mensaje sugerente, crítico y comprometido con el ser humano en primera instancia y con su derecho a la libertad y a una vida mejor.

Completa el Museo una tienda de libros, grabados, postales y carteles artesanales que no atiende nadie, lo que se compra se paga en una alcancía que cuenta con la honestidad del visitante, lo que dice del sentido de respeto hacia la profesión de personas que han dedicado su vida a causas justas a través del arte. El propio Peter, previa explicación del nombre del grupo y del funcionamiento de los hornos de cocción, nos brindó pan elaborado por ellos, con una untura de aceite y ajo deliciosa.

Aún quedaban sorpresas por venir, visitamos el espacio de trabajo al aire libre, un valle de varios metros cuadrados donde Bread and Puppet reúne a centenares de personas en cada representación. A un costado del valle se encuentra el pinar donde descansan y se evocan las almas de los integrantes muertos del grupo. Pequeñas instalaciones con juguetes, casas, bancos, nichos misteriosos y sobrecogedores donde se recuerdan vidas que ya no son, pero que palpitaron en ese sueño único de querer transformar el universo en ese sitio utópico de bienestar que no tenemos y soñamos cada día de nuestra existencia.

Imagen: La Jiribilla

El regreso de Glover a Putney no nos pareció tan largo, llevábamos prendidos de manera indeleble en los ojos y el corazón la experiencia vivida. Conocer el espacio de Bread and Puppet, a la familia teatral que Schumann comanda e imanta con su personalidad natural y entrañable no es algo que ocurre todos los días, al contrario, puede que tal vez no suceda más, pero quienes han tenido la oportunidad de estar allí, difícilmente puedan regresar a sus labores escénicas y cotidianas de la misma manera que antes de la visita, sencillamente no se puede. El teatro es un arte transformador.

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