Artes plásticas

Santiago de Cuba: Escollos del barro cocido

Aracelys Avilés Suárez • Santiago de Cuba, Cuba

La apertura de una Casa de la Cerámica en la principal avenida del Reparto Vista Alegre en Santiago de Cuba podría despertar en la ciudad la vieja controversia entre lo que es considerado por los teóricos como arte o artesanía.

En una entrevista del 2013 la ceramista argentina Rosángela Manzione, afirmaba: “la cerámica es un material y lo que define esto es qué hace uno con ese material, a partir de ahí se puede decir que uno es artesano, artista, productor, industrial”. En otra ocasión le preguntaron al salmantino Óscar Javier Dueñas, quien acababa de ganar el Concurso de Cerámica Creativa de Palencia en el 2009: “¿La cerámica es un arte o una artesanía?” A lo que respondió: “Depende de lo que se entienda por arte y por artesanía”. También a la reconocida artista cubana Julia González le preguntaron cómo veía su desarrollo ante una manifestación que ha debido enfrentar “el dilema de no ser favorecida en las artes plásticas”.

Imagen: La Jiribilla

Este tipo de cuestionamiento parece una constante en la vida de los ceramistas de cualquier parte del mundo, y quizá el prejuicio tenga su origen en que con más frecuencia se utilizan piezas de cerámica para fines meramente utilitarios, con un diseño básico, utilizado repetitivamente.

La Casa de la Cerámica en Santiago de Cuba se abre en un terreno tal vez menos hostil. En su exposición inaugural En-torno, la Casa pudo contar con el trabajo de 18 artistas santiagueros entre los que se encuentran figuras tan renombradas como Alberto Lescay, Guarionex Ferrer, Efraín Uriarte y la propia Xiomara Gutiérrez, directora de la institución.

“La cerámica artística se viene desarrollando en Santiago de Cuba desde la década de los 80. Por esos años se abrió un taller dentro del Taller Cultural Luis Díaz Oduardo, se hizo un horno grande, se impartieron cursos, y más tarde se crearon eventos como el Terracota”, cuenta Xiomara, quien a inicios de los 80 recién se había graduado de la Academia de Artes Plásticas “José Joaquín Tejada”, en la especialidad de escultura y participó de manera activa en este momento fundacional.

Xiomara recuerda que en la academia de arte no se daba cerámica como una especialidad: “había un taller muy pequeño de cerámica y se impartían algunas clases colaterales, como una asignatura complementaria de la escultura”.

Luego vinieron los años en el Taller Cultural: “La apertura de una Casa solo para la cerámica fue un sueño largamente acariciado, el Taller se nos estaba haciendo pequeño”, añade Xiomara.

Imagen: La Jiribilla

A pesar del trabajo realizado, la artista reconoce que la cerámica artística no había recibido hasta ahora un verdadero incentivo en Santiago de Cuba. “Y eso no solo sucede aquí. Hay pocos lugares con una tradición fuerte, como La Habana y la Isla de la Juventud”.

La institución que ahora abre sus puertas en la avenida Manduley tiene el reto de seguir desarmando estereotipos alrededor de las posibilidades estéticas y conceptuales de la cerámica dentro de las bellas artes, aun cuando no se abandone lo utilitario o se combinen ambas cosas. 

“Nuestro mayor objetivo es reunir un gremio cerámico que por años ha estado disperso, la Casa quiere ser espacio para la promoción, la comercialización y sobre todo, la creación”, comenta Sandy Ferrer, joven artista que integra la nómina del centro —de solo cuatro trabajadores—, graduado de cerámica experimental de la Academia “José Joaquín Tejada”.

Para el cumplimiento de sus propósitos la Casa cuenta con tres galerías, área de horno, modelado, de esmalte y torno. El 8 de septiembre comenzó el primer curso para niños y adultos donde se enseñan todos los procesos, desde la preparación del material en crudo hasta los últimos retoques de la pieza.

Pero no todo depende de la buena voluntad de este proyecto, el gremio cerámico se enfrenta hoy a la escasez y, por tanto, encarecimiento de los materiales con los que se trabaja.

El desarrollo de la cerámica artística en Santiago en los 80, coincidió con la apertura de varios talleres en la capital, específicamente de una industria en San José de las Lajas, donde se obtenían materiales elaborados como los esmaltes. Con el período especial, las fábricas de este tipo desaparecieron y aunque se han buscado alternativas, la solución ha sido la compra de estos en el extranjero.

Según opinión de algunos ceramistas, en comparación con otros países, en Cuba existen buenos materiales, por ejemplo, en Pinar del Río y la Isla de la Juventud, hay zonas ricas en caolín, arcilla y arena de sílice, esencial para preparar los esmaltes de cerámica, de muy buena calidad, pero no existe una industria.

“Nosotros nos hemos hecho de esmaltes con mucho trabajo, a veces unas amistades me los traen del extranjero, o los compramos en el Fondo de Bienes Culturales”, afirma Xiomara.

“Sin hornos, no hay cerámica, y las resistencias son carísimas, el esmalte, cuando aparece, también es caro, y además, lo tenemos que pagar de nuestro bolsillo”, comenta Sandy. “Un kilogramo de esmalte rojo —continúa— puede llegar a valer entre 10 y 15 CUC. También hay que gastar en pinturas, pinceles, de ahí que la pieza se encarezca tanto.”

Lidiar con un viejo prejuicio no será el único obstáculo que encontrará la Casa de la Cerámica en Santiago de Cuba, para abrirse paso entre el resto de las instituciones de su tipo, quizá con un poco más de experiencia. 

No obstante, la misma aparición de este centro cultural revela la pasión con que los ceramistas se han consagrado a la arcilla y los escollos que están dispuestos a sortear para llevarla adelante.

“Nosotros tenemos un presupuesto del Consejo de Artes Plásticas, pero el ingreso a la Casa es vital. No solo comercializamos en nuestras galerías, sino que hacemos ferias con rebaja de precios, alquilamos espacios, y el pago puede ser en obras. Por ejemplo, un artista que quiera hacer diez platos para incluirlos dentro de una exposición, nosotros le decimos haz 20, y nos quedamos con la mitad”, cuenta Xiomara.

Los cursos son otra fuente de ingreso dentro del aparato económico de la Casa, además de que atraen público a la institución, inserta en un entorno con el que debe familiarizarse.

A pesar del interés por el ingreso, aclara Sandy Ferrer: “Aquí toda la producción es artística, no es seriada, lo que hacemos es único cada vez”. Incluso se puede caer en el relativismo de que la pieza artística se construye desde el ojo del espectador, quien termina de darle un valor, un significado.

“La cerámica tiene muchas posibilidades —ha dicho Xiomara— es un material muy dócil para trabajar, más manuable que el metal o la piedra. Tengo que depender de menos personas y por lo tanto siento que domino más la pieza. Y la cerámica viene a ser un poco como la complementación de la pintura y la escultura, porque ves el volumen y también necesita color, en la combinación de ambas dimensiones está el resultado final”.

La Casa, inaugurada el 22 de julio, semeja una pieza de barro en sí misma por los tonos que exhibe su fachada. En el fondo, tapado con una lona, están los trozos de barro que deben procesarse antes de pasar al área de modelado. Una pieza con forma de jarrón se endurece en el torno. La mujer que cuida las piezas mira esperanzada a la calle, como si tuviera algo que alcanzar. La gente aún pasa y sigue de largo. Aunque la Casa está ubicada en una de las avenidas más renombradas de Santiago, es también la arteria principal de uno de los repartos más silenciosos de la ciudad.

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