Literatura

Del Uruguay, Artigas y sus amores

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Cuando en febrero se inaugure la Feria Internacional del Libro, tendremos como país invitado de honor a Uruguay. Entre los visitantes que nos honrarán se encuentra la historiadora, poeta y  cuentista Marcia Collazo, quien cumplirá en 2016 sus primeros cinco años como novelista. Justo en 2011 deslumbró a los críticos y al público de su país con una novela que rápidamente alcanzó altísimos reconocimientos, entre los que se destacan el Premio Bartolomé Hidalgo Revelación, y el Libro de oro de ese año. Actualmente, dicho volumen supera la décima edición, que la Editorial Arte y Literatura pondrá a disposición de nuestros lectores. Nos referimos a Amores cimarrones. Las mujeres de Artigas, inicialmente a cargo de Ediciones de la Banda Oriental, prestigiosa casa montevideana, responsable de las publicaciones de Collazo.

La vida de José Gervasio Artigas (a cuyo nombre completo no suele acudirse, como tampoco nos referimos a Martí como “José Julián”), no es el principal objetivo de esta novela, que bien puede considerarse descomunal en más de un sentido. No solo por su extensión (más de 550 páginas), sino por la meticulosidad investigativa llevada a cabo por la autora; por el preciso retrato de los personajes femeninos; por la justeza con la cual ubica a La Mujer en la guerra de su país; por la belleza indiscutible del lenguaje seleccionado; por las oportunas citas que encabezan cada capítulo: por todo el cúmulo de información que brinda Amores cimarrones. Las mujeres de Artigas, estamos en presencia de una lectura indispensable.

A pesar de que por el subtítulo pudiera creerse que serán develados secretos puramente amorosos de quien es considerado Fundador de la Nacionalidad Oriental, General del Cuerpo Veterano de Blandengues y Prócer de la República Oriental del Uruguay, nada más lejos del cotilleo y de la banalidad rosa que esta novela. Seis mujeres que de una forma u otra influyeron de forma determinante en la vida de Artigas son las protagonistas de esta larga historia que abarca 100 años, desde la fundación de Montevideo hasta la derrota del héroe, cuyo triste final acontece en Paraguay, fuera de los márgenes de la ciudad a la cual entregó su aliento, lo mejor de sus fuerzas  y de su pensamiento emancipador.

Sus dos abuelas, su madre, y tres de sus amores nos cuentan de tierras desconocidas para nosotros, de guerras, de anhelos contrariados: es un retrato fascinante e histórico de paisajes, de culturas y de todo el esplendor y el sufrimiento que constituyera gran parte del Virreinato del Río de La Plata.

Desde el nacimiento de Montevideo como ciudad hasta la desolación de la comarca llamada Purificación, donde se sentaron las bases del único tiempo de relativa paz, las mujeres representan no solo la retaguardia segura del General, sino también sus fieles lanceras. Algunas de ellas vieron nacer a Artigas, y ninguna lo acompañará en su muerte. Damas batalladoras que no titubearon en mostrar fidelidad ni en ofrecerse en su mayoría como guerreras en eterna lucha, desgajan la historia como si no se tratara del recuento de un hombre y de su país, sino de la Humanidad.

Entre ellas existen fundadoras por derecho propio (Ignacia Xaviera, la abuela paterna y María Rodríguez, la materna); y otras imprescindibles como Francisca Aznar, la madre de Artigas, férrea y sabia que un día advirtió “…ese potro endemoniado que te caracolea por adentro del pecho se te saldrá dientes afuera el día menos pensado”; Isabel, la nieta del cacique indio Diego y acaso el amor más intenso en la vida del prócer; la prima Rosalía Villagrán Artigas, criatura enfebrecida y al cabo demente, y la hermosísima Melchora Cuenca, por cuya unión es acusado de bigamia el General. 

Casi todas ellas hablan en primera persona, y no en los instantes cimeros de sus vidas (y la de Artigas, como relato colateral) sino cuando ya el acmé de la existencia ha pasado, y la curva se dirige cuesta abajo. Con la excepción del último capítulo, donde quien narra es Anunciación, lancera íntima amiga de Melchora, gracias al resto de las historias escuchamos las voces auténticas de las mujeres que rodearon, en postura de  protagonistas, el genio de un gran estratega. El término  “amores cimarrones” es otro de los aciertos de esta novela, como ya dijimos, fundamental para entender el afianzamiento de un pueblo hermanado al nuestro por sangre, guerra y rebeldía. Efectivamente, son mujeres indómitas quienes dictan el relato, aunque sea desde la intimidad oscura, discreta y fiel de sus propios amores, de sus tristes decepciones. Ha de señalarse, por último, la magistral introducción que hiciera a la  edición uruguaya de esta novela el editor y fundador de Ediciones de la Banda Oriental, Heber Raviolo. Me atrevo a asegurar que pocas veces un prólogo ha resultado  tan conciso y esclarecedor a la vez como este que nos entrega el experto editor. Con palabras suyas, y rindiéndole el homenaje póstumo que merece este gran hombre de las letras, concluyo:

Aunque siempre presente como una especie de fuerza magnética, el protagonista de la novela no es Artigas, sino esas seis mujeres que, en mayor o menor grado, lo amaron y lo sufrieron, y sufrieron con él —en el caso de sus amadas y de su madre— las trágicas circunstancias de esos tiempos revueltos.

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