Yilliam de Bala o el aplauso de los rolos

Pedro Ángel • La Habana, Cuba

Antes de comentar, este cronista ha de confesar los temores que ha sentido frente a ciertos modos de las danzas performáticas criollas en más de una ocasión. Con dicha carga a cuestas nos fuimos a presenciar Yilliam de Bala Coming Soon, la muestra que acaba de presentar el Colectivo Persona, bajo la conducción de Sandra Ramy, en la sala Raquel Revuelta.

Yilliam de Bala es una pieza basada en una idea original de Roberto Ramos, ahora en una segunda visión en relación con la entrega realizada a fines de octubre de 2014, un año atrás, y que los integrantes de Persona han ido madurando en continuada labor.

Luz y color emergen desde el inicio como entes protagónicos de la obra, rojos y blancos, blancos crudos y negros, azules, ocres y negros y otra vez blancos usados y rojos en un atrevido ejercicio de proyecciones, luces y vestuario contra una pantalla y el fondo rústico del teatro. Cada color sugiere, se impone como posibilidad significativa.

Un cartel de bienvenida portado por Diana Cano, textos proyectados o disertados, música, danza, actuación, signos, imágenes, trabalenguas, gestos, juegos de palabras, cuerpos danzantes y voz en monólogo; una canción en voz de Oscar Sánchez, todo ello logra orquestar una pieza que, por momentos, avasallante en su carga significativa, se deja apreciar con satisfacción por parte del público que no ha tenido tiempo de reparar en que ha pasado una hora de danza teatro de excelencia.

Sandra Ramy y Persona realizan una interesante indagación acerca de las potencialidades gestuales del cuerpo, con énfasis en el gestus facial con búsquedas incitantes sobre ojos, boca, orejas, cuello, auxiliados, por momentos, de las manos que castigan oídos y labios.

La música seleccionada es diversa, consecuente con el encargo asignado y todo el tiempo funciona como eficaz encabalgamiento para la faena escénica.

Atractiva y suficiente se muestra el trabajo escénico de Sandra Ramy, toda una maestra en este tipo de labor; digno de elogio el desempeño de Tamara Venereo, es especial, en el exigente monólogo que la obliga a recurrir a sus armas de actriz; y junto a ellas, muy digna, la labor desempeñada por Daniela Ponjuán, bailarina de formación clásica, que acomete su rol con una propiedad digna de encomio.

Pero lo más valioso de la obra se esconde en su entramado, en esa manera de ensartar y llevar hasta el fondo un sinfín de temas, tópicos, imágenes con una suave progresión dramática que engancha al espectador y que no se excede en los clímax ni abusa de las zonas de distensión.

Cercana al final, una imagen resulta impactante, un torso de mujer desnudo ante una pantalla donde se proyectan una estrella solitaria y un rayo de luz que se desplaza a su derecha cuan orla sugerente.

Buena la entrega del Colectivo Persona en el entorno de este 16º Festival de Teatro de La Habana.  ¡Enhorabuena!

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