Director de escena: coordinador de funciones

El director, productor y actor español Guillermo Heras ofreció sus puntos de vista sobre las funciones determinantes que juega un director de escena para el éxito de una puesta teatral. El contexto del 16 Festival de Teatro de La Habana sirvió de pretexto para poner sobre la mesa consideraciones válidas y necesarias sobre el teatro contemporáneo, sus complejidades y carencias artísticas.

Durante un conversatorio en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, llamó la atención el también profesor sobre la importancia de hacer teatralidad, y a no seguir la tendencia actual en varios países de hacer “narraturgia”, la cual atenta contra la atención del espectador, al punto de provocar aburrimiento. En ese sentido, señaló que aunque se lleven a escena textos difíciles se debe buscar la manera de mantener la expectativa del público.

“Lo importante es la metáfora del actor, que seamos capaces los directores de metaforizar a partir de la puesta en escena lo que crees que ese autor ha querido plantear”, pues los conflictos de una obra, sin importar su antigüedad, trascienden a la contemporaneidad y pueden adquirir nuevos significados o transmitir ideas diversas y recontextualizadas.

En su opinión, un director de escena es un coordinador de funciones, alguien que debe manejar seis espacios fundamentales: espacio dramatúrgico, actoral o actante, escenográfico, icónico, musical y lumínico.

El espacio dramatúrgico tiene que ver con el estudio de los contextos, la investigación que debe realizar el denominado dramaturgista, quien basado en la idea metafórica del director traslada la versión literaria de la obra.

“El director de escena tiene que investigar con su equipo” e involucrarse con cada elemento de la puesta. En ese punto critica a los directores de academia, que solo conocen los autores y teóricos que están dentro de un plan determinado de estudios, y no ven más allá de esa frontera.

Le sigue el espacio actoral o actante en el que juegan un papel esencial en la relación actor-director: el tiempo —que en las artes escénicas es subjetivo— y el espacio, los cuales el director debe dominar y adaptar a su obra a fin de lograr una adecuada comunicación con el espectador, preocuparse por él, que no es lo mismo que darle lo que quiere, sino provocar reacciones y despertar pasiones que muevan sus sentidos.

Lamenta, por tanto, la actitud de aquellos directores que no se preocupan por aspectos que son medulares para el éxito de su obra con el público, muchas veces porque responden a organizaciones que financian su producción, o debido a que se escudan en una consolidada trayectoria artística que garantiza una supuesta calidad.

Guillermo Heras afirma que la organicidad también es protagonista de la obra, ya que “el cuerpo habla, pues de lo contrario, nos encontramos con actores radiofónicos”. “El actor debe ser capaz de transmitir con su cuerpo la metáfora del director”, y el momento fundamental para lograr ese objetivo es el ensayo, pues es ahí donde el actor comienza a dar lo mejor de su personaje.

Define el profesor el espacio escenográfico como “el lugar de la representación y todo lo que haya en el espectáculo que esté construido, labor que puede realizar un escenógrafo o aportarlo los propios actores”. En ese sentido, resalta su preferencia por el uso de la teoría del remake “el objeto descontextualizado”. En su opinión “el espacio escenográfico se construye en función de la relación orgánica del cuerpo del actor con ese lugar donde se monta la obra y que se radicaliza en el espacio icónico: todo lo relacionado con vestuario y attrezzo” y que contribuye a dar el acabado al personaje.

Otro espacio importante en la puesta en escena es el musical, incluso –asegura- aunque no haya música. “Es el tiempo interno de la obra.” Asimismo considera que cada melodía que se utiliza en una puesta crea estados de ánimo en el espectador, y con ese propósito él trabaja mucho la memoria emotiva a fin de encontrar la música más adecuada a los personajes.

Finalmente, hace referencia al espacio lumínico. “Podemos no tener escenografía o vestuario, pero podemos obtener o ayudar a transmitir con la luz la metáfora que creada el director”, pues las formas de iluminación tienen gran significado en la elaboración del discurso.

Entonces Guillermo Heras se define, no como un creador, sino como un artesano que va componiendo y tejiendo el complejo entramado que hace que una obra teatral logre el éxito de la realización plena del personaje y la comunicación efectiva con el público.

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