Amaury Pérez Vidal: Por donde menos uno se lo imagina

Guille Vilar • La Habana, Cuba

“Se va por la tierra andando como extraño y como loco, buscando seno donde reclinar la cabeza, labios donde poner los labios, hogar en que dar calor al corazón. Y se halla, y todo es bello de repente: abandonarse el espíritu a los placeres de la confianza: germen caliente reanima el perezoso jugo de las venas. No es el amor la solicitud de los presuntuosos, ni las vanidades de la mujer, ni los apetitos de la voluntad. Amor es que dos espíritus se acaricien, se entrelacen, se ayuden a levantarse de la tierra en un solo y único ser: nace en dos con el regocijo de mirarse: alienta con la necesidad de verse; crece con la imposibilidad de desunirse: no es torrente, es arroyo: no es hoguera, es llama: no es ímpetu, es ternura, beso y paz”1. Este concepto del Apóstol acerca del amor de pareja, se ajusta al entorno que envuelve al más reciente trabajo discográfico de Amaury Pérez Vidal pues, según cuenta el propio cantautor, transitaba por un momento difícil de la vida, hasta que conoció a Petí para, definitivamente, verse a sí mismo, de otro modo.

Imagen: La Jiribilla

Producido por el sello Colibrí, en Enero del 83: canciones a Petí, el inspirado bardo cubano nos revela, desde la mayor intimidad, cuánto le ha motivado su compañera María Teresa (Petí), como inspiración profunda para concebir las canciones que integran dicho fonograma. Esta pareja cumple, en este enero, 30 años de relación. Ellos asumen la valía universal del tema romántico, pues solo seres perdidamente enamorados como ellos pueden provocar los emotivos versos de canciones como “Mi amor”, “Quédate este bolero” y “Mitades”, vestigios de un antiquísimo lenguaje caballeresco inusual en la música de moda en estos tiempos.

Si llama la atención el lirismo provocado por tanta sinceridad manifiesta en el acento de los textos, todavía más atrevido resulta el sonido alcanzado por la obra en su conjunto. Por mucho que se conozca el estilo que identifica al sello de un artista, cada nuevo disco debe cumplir, al menos, con el requisito de contar con una buena dosis de sorpresa; en tal sentido, Enero del… es realmente inesperado. Si desde la primera escuchada del disco en cuestión, nos deja impactados, cada nueva ocasión en que regresamos a este, aumenta la admiración ante el resultado de su audacia, sin compromiso alguno con las exigencias del mercado, y sí absolutamente honesto consigo mismo y con aquellos que asuman la estética del querido y respetado trovador. Y no es que se trate de un disco difícil de asimilar ni mucho menos. En todo caso, estamos ante el manifiesto musical de alguien con todas las libertades de quien no tiene nada que demostrar ni probar, porque ya lo ha hecho tiempo atrás y, por lo tanto, es diferente a la media de la producción discográfica cubana actual.

Desde el comienzo mismo, la sonoridad que identifica a una Big band en la cuerda de los crooners norteamericanos de los años 50 como Con 2 que se quieran, nos muestra a un Amaury pleno, eufórico por el goce vivido durante el proceso de grabación, confirmación que le ha permitido entregarnos lo que se considera, sin lugar a duda, la mejor interpretación plasmada en un disco suyo. Seguro de hasta dónde podía extender el tope de este inusual proyecto, ha sido coherente la decisión de apoyarse en los arreglos y en  la dirección musical  de alguien como Juan Manuel Ceruto, experimentado productor que, desde comienzos de siglo, le acompaña en sus aventuras por las casas discográficas del patio. Aquí, justamente, radica la explicación de la relativa facilidad con que Amaury realizó la puesta de voz, ese sentirse cómodo a pesar de haber grabado tres tomas por cada pieza cuando, además, sabemos que dichas canciones fueron interpretadas de memoria, gracias a previas sesiones de estudio de más de 12 horas diarias hasta llegar a familiarizarse con el espíritu de cada arreglo. Este ajustado nivel de consulta entre Amaury y Ceruto, al igual que el hecho de compartir similar concepción de lo que implica ser profesionales de la música por el talento, el rigor y la exigencia que los distingue, constituye el núcleo fundamental de la enriquecedora diversidad  del disco que nos ocupa.

Obviamente, las piezas contenidas en Enero del 83…, han sido el resultado de una comprometida selección a cargo del propio creador dentro de su extenso repertorio y no escogidas entre los éxitos más representativos de su carrera, puesto que se trata de aquellas canciones dedicadas a su compañera en la vida, hechas con el alma y no necesariamente concebidas bajo el prisma del experimentado oficio del que es dueño.

Si bien hay momentos en los cuales se recrea la atmósfera que recuerda las obras de Judy Garland, Nat King Cole o Frank Sinatra, del mismo modo que las de nuestros Benny Moré, Tito Gómez y Roberto Faz, hay espacios para otros arreglos con vientos maderas, incluso aquellos interpretados con un formato instrumental más reducido, pero en todos nos deja un espacio para el asombro. Populares temas como “Mi Amor”, llegan en una renovada versión al modo del sosegado canto que requiere dicha propuesta.

Con el disco Enero del 83…, usted puede ambientar la habitación a media luz para disponerse a bailar con su pareja, suavemente, mientras disfruta del deleite que convida la belleza de “Quédate este bolero”, “Diciembre”, “Cuando tú me querías” y los que siguen también, que le aseguramos no se van a detener un segundo, ni siquiera en los espacios de silencio entre un tema y otro, al estar hechizados por el embrujo de una historia de amor que ha motivado la concreción de este festejo hecho música.

Si bien es cierto que nuestros escenarios extrañan la presencia de Amaury, con la realización de este disco, que es el número 26 de su colección, compartamos la satisfacción de que continúe dedicado a un público que ha encanecido junto con él y que, a su vez, le reconoce esa cualidad de aparecer en cualquier momento, por donde menos uno se lo imagina.