Mi maestro Eugenio

Amado del Pino • La Habana, Cuba

He escrito varias veces sobre la rotunda obra del dramaturgo y director de escena Eugenio Hernández Espinosa. No me canso de hacerlo. En este creador se dan las raras virtudes, el precioso talento y la larga insistencia de los fundadores.

Imagen: La Jiribilla

Tal vez, ahora resulte anticuado pero soy de quienes gustan de nombrar a sus maestros. En Mi socio Manolo, en Calixta Comité y en ese clásico indiscutible que es María Antonia hay mucho que aprender de autenticidad, poesía escénica, compromiso natural con los dolores, los cantos, la gestualidad, el alma de un pueblo... En una zona de mi trabajo como dramaturgo he seguido el precioso ejemplo de Eugenio en cuanto a perseguir la gracia de lo popular, en toda su riqueza y complejidad.

He tenido la suerte, además, de compartir algunos momentos de Hernández Espinosa en su condición de hombre apasionado e integral del Teatro. Alguna vez he contado que, invitado por él, estuve en los primeros ensayos de un colectivo profesional. Años después tuve la preciosa oportunidad de asesorar algunos de sus espectáculos, como esa joya del monólogo entre nosotros que es Lagarto pisa bonito.

Imagen: La Jiribilla
Eugenio con Hilda Oates, 1967
 

Hernández Espinosa es, también, un aglutinador de intereses. Junto con el inolvidable Tito Junco fundó a finales de los 70 Teatro de Arte Popular. Ahí se estrenaron títulos esenciales, crecieron actores hoy consagrados y se logró un diálogo fecundo con un público que, la mayoría de las propuestas, suele tener poco en cuenta.

Hace años que  Eugenio merece el Premio Nacional de Literatura. El poderío verbal, la frondosa y a la vez efectiva condición de su verbo escénico lo convierten en uno de nuestros más robustos escritores de cualquier género. Y no es que Eugenio ande pendiente de los premios. En su larga carrera ha pasado por circunstancias, hoy incomprensibles, como la censura a su formidable Calixta Comité. Los mediocres y los timoratos vieron irreverencia donde palpitaban la complejidad, la sana interrogación y esa riqueza de personajes y situaciones que hacen grande a su dramaturgia.

Un aplauso —otro y el mismo de aquel estudiante que lo conoció hace más de 30 años— para Eugenio Hernández Espinosa.

 

 

Comentarios

Señor Amado del Pino Reciba un cordial saludo, mi nombre es Julia Rosero soy Colombiana y actriz. En el año 2008 como un trabajo académico conocí la obra del maestro Espinoza entre sus obras escogí LA MACHUCA desde la primera vez que la leí me enamore de ella, desde entonces he presentado este montaje en distintos escenarios. Le escribo porque he perdido la única copia que tenia de la obra del maestro, he intentado contactar al maestro por todos los medios también he buscado su obra por cielo y tierra pero no la he podido encontrar, quisiera saber si usted me puede ayudar a conseguir toda su obra entre ellas me interesa mucho La Machuca y también quisiera poder contactar al maestro, esto es realmente importante para mi y mis proyectos. Le agradezco mucho su colaboración y comprensión. Le deseo una muy buena continuación. Su agradecida lectora Julia Rosero.

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