La secuela de Megaupload

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

Lleva un nombre parecido y tiene una idea similar a la de su antecesor; sin embargo, Kim Dotcom y su equipo de abogados e informáticos aseguran haber tomado previsiones para evitar que Mega, el nuevo proyecto en “la nube”, tenga el mismo final que Megaupload.

Imagen: La Jiribilla

Doce meses atrás, la “Mansión Dotcom” amaneció rodeada por la policía neozelandesa, en colaboración con el FBI. El propietario de la residencia, Kim Schmitz —un fornido multimillonario de origen alemán— y dos de sus colaboradores recibieron la mayor acusación en la historia contra la piratería online. El Departamento de Justicia de EE.UU. consideró que en Megaupload, el sitio web creado por Dotcom, se habían producido reiteradas violaciones al copyright.

El funcionamiento de Megaupload era muy similar al de otros servicios “en la nube” que proliferan hoy en Internet: los usuarios recibían una determinada cantidad de espacio en los discos duros de los servidores y colocaban allí cualquier contenido. El problema, según la acusación estadounidense, era que esos materiales —series televisivas, películas, documentales, libros, música— estaban protegidos por las leyes de derecho de autor.

Los internautas podían acceder y compartir el contenido de manera gratuita; aunque Megaupload privilegiaba con una mayor velocidad de descarga a los que pagaban una cifra mensual o anual. El éxito de la plataforma, creada en 2005, fue enorme y los desarrolladores aclararon que reunieron, como promedio diario, 50 millones de usuarios. Estas interacciones representaron, en algún momento, el cuatro porciento del tráfico total de Internet.

Dotcom —el apellido adoptado por Kim, quien, al parecer, creyó que Schmitz era “poco comercial”— multiplicó su fortuna personal, a partir de los ingresos obtenidos por la venta de espacio en los servidores, las cuentas premium y los mensajes publicitarios de empresas, dentro de Megaupload.

EE.UU. acusó a Dotcom y su equipo de ganar 175 millones de dólares, “procedentes de actividades criminales”, las que causaron pérdidas estimadas en más de 500 millones de dólares a los propietarios de los derechos de películas, series y otros materiales.

La defensa de Dotcom se basó en el “desconocimiento” de los contenidos subidos por los internautas a Megaupload; sin embargo, ese argumento resultaba débil. El primer resultado del proceso judicial fue el cierre total del sitio web y con ello el “congelamiento” de 25 petabytes que cayeron en un limbo legal (1 PB es igual a 1024 terabytes). Ese amplísimo volumen de información no puede ser utilizado por los creadores de Megaupload, ni tampoco será devuelto a los usuarios.

El encarcelamiento, posterior liberación —tras pagar una enorme fianza— y prisión domiciliaria en la mansión neozelandesa de Dotcom y dos de sus colaboradores ocuparon los titulares mediáticos durante casi un año. El Departamento de Justicia solicitó la extradición; pero los abogados del multimillonario se las han arreglado para posponer, una y otra vez, esa audiencia e, incluso, la aparatosa operación policial fue declarada ilegal por un tribunal de Nueva Zelanda.

El confinamiento en su casa no impidió que Dotcom continuara trabajando en otros proyectos. Doce meses después de que cerraran Megaupload, apareció su sucesor: Mega [http://mega.co.nz], un sitio que se promociona como “la sociedad de privacidad más grande, mejor, más rápida, más fuerte y segura”.

Los usuarios de Mega —que ya superan el millón— reciben 50 gigabytes de almacenamiento gratuito y aquellos que necesitan más espacio pueden contratar diversas ofertas, hasta alcanzar 8 terabytes. El funcionamiento de Mega es muy similar al de otros servicios en “la nube”, como Dropbox, SkyDrive de Microsoft o Google Drive; sin embargo, ninguno de estos ofrece tanta capacidad en los discos duros.

Mega tiene muchos puntos de contacto con su antecesor; pero introdujo un cambio notable: un sistema sofisticado que codifica los archivos subidos por los internautas. Cada contenido será publicado con una clave única de descodificación que solo controla el titular de esa cuenta.

De esta manera, los operadores de Mega no reciben acceso al material que suben los internautas, por lo que no saben qué está alojado en su servidor. Así trasladan al usuario del sitio toda la responsabilidad sobre el copyright y evitan una nueva demanda por supuesta violación de los derechos de autor. “Cómo comparten el contenido y cuánta gente lo hace estará fuera de nuestro control. Legalmente, no hay nada que pueda cerrarnos. El sitio es tan legítimo y tiene tanto derecho a existir como Dropbox, Boxnet y otros competidores”, explicó Dotcom.

Además, para evitar el “congelamiento” de la información almacenada, Mega tiene su sede en dos países diferentes que no fueron revelados. “Si un gobierno secuestrara los datos, alguien los hackeara o sucediera un desastre natural, los archivos seguirían disponibles”, aclaró Dotcom.

Para el periodista Juan Varela, autor del conocido blog Periodistas21 [www.periodistas21.com], Mega le ha dado “una vuelta de tuerca a lo que hasta ahora había sido el alojamiento de contenido. Lo que está haciendo Dotcom es proporcionar un armario digital donde la llave, que antes no existía, tiene tus copias privadas. Si la industria no da los pasos adecuados, pierde el negocio a partir de estos servicios”, añadió el bloguero.

La industria, como era de esperarse, no recibió con beneplácito a Mega. La Motion Pictures Association of America dijo que los archivos encriptados no protegerían al sitio de una eventual responsabilidad. “Dotcom ha construido su carrera robando obras creativas. Nos reservamos la evaluación final hasta que tengamos la oportunidad de analizar el nuevo proyecto. Pero dado el historial de Dotcom, nos mostramos escépticos”, expresó el vocero de la organización.

El interés por Mega demuestra que los internautas cada vez recurren más a los servicios en “la nube”, como un espacio virtual donde colocan y comparten diversos contenidos. En la “era de la socialización”, ni el más férreo control por parte de la industria (musical, cinematográfica, televisiva, editorial) parece capaz de detener el intercambio de información. Con el cierre de Megaupload enviaron un mensaje; pero, un año más tarde, no es difícil comprender que el resultado de la advertencia no ha sido el esperado.

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