A guitarra limpia en La Utopía, de Fidel Díaz

Desde La Utopía se bordan imposibles

Carmen del Pino • La Habana, Cuba

Reencuentro y rescate de la memoria en La Utopía: reencuentro con los que fuimos hace más de una década, rescate de la memoria para no olvidar de dónde venimos, qué caminos hemos recorrido, puntos de partida imprescindibles para saber hacia dónde vamos.

Y con más de una historia que recordar trascurrió el sábado 19 de enero el espacio para el cultivo y promoción de la trova que dirige Fidel Díaz Castro, encuentro para soñar imposibles, para compartir el ideal. Y soñando imposibles, compartiendo ideales, en tiempos donde la trova y sus hacedores tenían limitadísimas oportunidades de llevar su canción a grandes públicos —y aun a públicos pequeños— surgió A guitarra limpia, propuesta del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau para devolver a la canción pensante el lugar privilegiado dentro del panorama musical cubano que nunca debió haber perdido.

Algunos de los más jóvenes trovadores cubanos grabaron su primer disco o hicieron sus primeros conciertos invitados por Víctor Casaus y María Santucho a ser parte de este proyecto, dijo Díaz Castro al grupo de amigos reunidos para este homenaje informal, desenfadado y dinámico —como deben ser los homenajes que celebran la obra hecha, la existencia vivida— minutos antes de que comenzara la proyección de un audiovisual peculiarísimo: documental, compilación de canciones, conjunto de entrevistas… No resulta fácil clasificar este material, que deviene, en cualquier caso, memoria insustituible del nacimiento de A guitarra limpia, remembranza de aquel concierto inaugural que tuvo como sede el Teatro Nacional de Cuba.

Diferentes trovadores de diversas generaciones desfilaron en pantalla durante casi una hora de esta entrega poco difundida, y abrió esta presentación única una de las voces imprescindibles de ese movimiento que acompañara un proceso y marcara una generación: Sara González. Augusto Blanca, Gerardo Alfonso, Santiago y Vicente Feliú, Rita del Prado, Marta Campos, Alberto Faya, Lázaro García, Samuel Águila, Alberto Tosca, Fernando Aramís, Carlos Lage, Karel García, Axel Milanés, Gunilla y Aurora de los Andes Feliú conformaron la plantilla de este A guitarra limpia que todavía no se había instaurado en el mágico patio de las yagrumas de Muralla 63, pero que meses después situaría su base de operaciones allí, con un recital de Santiago Feliú.

No solo las maneras de ver el mundo de cada uno de estos creadores nos llegó con este material: muy especial fue también el diálogo con un Raúl Roa que adornó con floridas descripciones, con ágil gesticulación, el relato de su primer encuentro con Pablo de la Torriente y Rubén Martínez Villena, en secuencias tomadas del documental Pablo, producido por el ICAIC en 1976.

Estas imágenes, estos relatos, son parte de la memoria de la Nueva Trova, señaló el poeta y cineasta Víctor Casaus, director del Centro Pablo, quien destacó que las poéticas-políticas de los centropablianos se unen a La Utopía en el empeño por mantener viva la trova, género que estuvo deprimido en aquella década del 90, pero que felizmente se ha reanimado en estos años.  

Por último, esta tarde de reencuentros, de remembranzas, que saludó los 16 años del documental A guitarra limpia, no podía concluir de otra manera: Fidel Díaz Castro, Ihosvany Bernal y Samuel Águila regalaron canciones que esquivan compromisos mercantiles o exigencias de públicos para cronicar la época de contradicciones y conflictos que nos toca vivir, a la espera, seguramente, del próximo A guitarra limpia…

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