Holguín: Efervescencia cultural todo el año

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo
Viernes, 25 de Enero y 2013 (4:50 pm)

A principios de los años 70 del siglo pasado, acostumbraba a llegar sobre las diez de la mañana al Periódico Ahora de Holguín. Más o menos a esa hora, o a veces un poco más tarde, entraba Elías Pavón Tamayo —(Cuqui) como se conocía de siempre— quien era una suerte de jefe de redacción del diario holguinero. Con su caminar lento, guayaberas o camisas de mangas largas, en invierno o verano, invitaba siempre a alguien de la redacción a tomarse una tacita de café en la esquina. Muchas veces lo acompañé. Con apenas 20 años e hiperquinética, me tenía que aguantar para ir al paso de aquel hombre flaco y alto que, por suerte, me inició en el periodismo.

De hablar bajito y acariciándose el fino bigote con frecuencia, Cuqui siempre tenía alguna historia, pero había una que repetía con frecuencia: se había acostado muy tarde, porque cuando salió “del cierre” en el Ahora acompañó a su amigo Francisco Paquito García Benítez hasta la casa, pero cuando llegaron ahí, Paquito quiso acompañarlo a él y así estuvieron caminando de una a otra vivienda buena parte de la madrugada. La caminata literaria, nocturna y holguinera se repitió en numerosas ocasiones

Creo que donde esté Cuqui, sonreirá socarrón y Paquito le guiñará un ojo en ocasión de la Semana de la Cultura de la bella y acogedora ciudad oriental.

Recuerdo a esos dos hombres ilustrados, sencillos, cubanos hasta los tuétanos y también a otro contemporáneo, Beby Urbino, porque pienso que los tres serían muy felices de revivir en el Holguín actual.

Imagen: La Jiribilla

Mucho se ha hablado sobre la restauración del Teatro Eddy Suñol, los conciertos ofrecidos en él por Frank Fernández y las zarzuelas interpretadas por el Teatro Lírico Rodrigo Prats fundado por Raúl Camayd, otro holguinero que de existir, feliz andaría.

Pero a esa bella instalación hay que agregar el remozamiento del Museo de Ciencias Naturales, de la Casa Teniente Gobernador y la Casa de la Cultura municipal. Claro, los encargados de la gestión cultural, o sencillamente amantes de su pueblo, tienen un sueño por lograr: la restauración de la Plaza de la Marqueta, empeño que requiere un buen financiamiento.

En la recién celebrada Semana de la Cultura, 289 acciones abarcaron todas las manifestaciones artísticas y grupos etáreos, afirma Juan Carlos González Estrada, director de la Dirección municipal de Cultura, quien subraya un hecho importante: por primera vez, las propuestas artísticas llegaron al Consejo popular San Andrés, a 20 kilómetros de la ciudad.

Imagen: La Jiribilla

Veintisiete lugareños fueron declarados Hijos destacados de Holguín. Como cada año, se convocó el Premio de la Ciudad, con un jurado de lujo presidido por el Premio Nacional de Literatura, Pablo Armando Fernández. Todavía este certamen no cumple el anhelo de sus organizadores: lograr una mayor participación de todo el país.

El Encuentro con los holguineros ausentes y  la inauguración del Salón de Artes plásticas formaron parte de las propuestas con las que se rindió homenaje a Vilma Perez de Aguiar, Premio Nacional de Radio; la investigadora Haydée Toirac Maique; a Paquito, en el centenario de su natalicio; a la Sociedad Cultural José Martí por el aniversario 160 del nacimiento del Héroe Nacional cubano y al periódico Ahora por sus 50  años de vida. Cada uno de los homenajeados, o algún familiar en su nombre, recibió el Cemí Baibrama, símbolo de la sabiduría para los primeros pobladores de aquellas tierras.

La Historia estuvo presente, como siempre, con un taller sobre las guerras independentistas, que contó con la asistencia de René González Barrio, director del Instituto Nacional de Historia.

Imagen: La Jiribilla

Si todo esto sucedió y puso a los holguineros a escoger dónde ir, solo 20 días antes, a finales de diciembre, fui testigo de la Jornada por el aniversario 54 de la Revolución, cuando también se realizaron encuentros, fiestas, conciertos... Una noche, por ejemplo, Raúl Torres ofrecía un espectáculo, la Orquesta sinfónica deleitaba con su repertorio en otro escenario, había un desfile de modas y bailables en distintos municipios.

Realmente, cuando vi mi parque, el Calixto García, donde en mi adolescencia los fines de semana iba a dar vueltas con mis amigas y amigos, y me enteré de todas las opciones que se ofertan, sentí una sana envidia por esos jóvenes que pueden escuchar la música de Mozart, luego ver el desfile de moda, continuar con la descarga de Raúl y aún poder bailar un poco antes de regresar a la casa.

Y si yo me siento así, ¿cómo se conmoverían Cuqui, Paquito, Beby y centenares de holguineros que lucharon por dotar a su ciudad de cultura? Porque —y no me ciega mi lugar de nacimiento— ese es uno de los pueblos más cultos de Cuba. Solo hay que adentrarse en su historia.

Por veleidades de la vida no ha sido un oriundo de aquella región quien en los últimos tiempos ha impulsado sin respiro la realización de propuestas culturales y restauración patrimonial de edificios o tradiciones. El motor que empuja y logró, por ejemplo, esa maravilla que son las Romerías de Mayo, es un auténtico capitalino, el periodista Alexis Triana que ha volcado toda su irreverencia juvenil en transformar cada pedazo de una tierra a la que quiso ir y asume como suya. Allí creo, discutió, se equivocó, acertó, y así amasó un  consejo de dirección que lo sigue, lo apoya y lo impulsa.

Holguín exhibe hoy jornadas culturales durante casi todo el año como la Semana de la Cultura Iberoamericana, a la que cada vez asisten más amigos de diferentes latitudes; en abril, en ocasión del aniversario de su fundación, se celebra el Hato de la Ciudad y muchas otras acciones que eternizan las tertulias de Cuqui y Paquito, mirando desde el hondón de la noche sideral cómo su ciudad gana cada día un pedacito en ese camino para dotar a cada ciudadano de opciones que lo hagan más libre y feliz, por ser más culto.

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