Cometa en Montevideo

Edda Fabbri • Uruguay

El cometa llegó y se fue igual que un niño. No digo pasó, digo llegó y se fue aunque sé, como casi cualquiera, que él no llega a ningún lado ni se va. Digo llegó y me refiero solamente a nuestro campo visual, del que después se fue. Digo como un niño porque junto con el cometa llegó a mi cuerpo, que es decir a mi vida, un niño con nombre de piedra.

En la rambla la gente sentada en el murito miraba hacia el mar. Algunos tenían largavistas y esperaban. En el muro había todavía lugares libres y el cielo conservaba mucha luz. A esa hora —eran como las nueve y media— nadie hablaba del cometa. Parecía que no pasaba nada.

Aun así, había que elegir con cuidado el lugar. Antes de que llegara la camioneta de la que salió un grupo de gente con el telescopio, apareció Venus. Decían por la tele que el cometa se iba a ver allí, cerca del lucero. Entonces empezamos a hablar, por Venus, a mirarnos un poco. ¿Será Venus?