Adolfo Pérez Esquivel:

“La gran derrota de un militante es el conformismo”

Yinett Polanco • La Habana, Cuba

Decir que es Premio Nobel de la Paz no bastaría para definir al intelectual y artista argentino Adolfo Pérez Esquivel, pero sí lo caracteriza. Miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos, del Comité de Honor de la Coordinación Internacional para el Decenio de la no-violencia y de la paz, del Jurado Internacional del Premio de Derechos Humanos de Núremberg, Pérez Esquivel se encuentra por estos días en La Habana para participar de la III Conferencia Internacional “Por el equilibrio del mundo”. Su intervención en el evento que sesiona en el Palacio de las Convenciones de Cuba, fue celebrada con un aplauso atronador. En ella se refirió a los 870 millones de personas que sufren de desnutrición crónica en el orbe, a los 180 millones de niños que en el planeta son víctimas de políticas que los conducen al hambre y a la muerte. “No somos los dueños del mundo, debemos ser los servidores del planeta porque somos parte de él”, afirmaba. Con planteamientos firmes Adolfo condenó el bloqueo norteamericano contra Cuba y la presencia de tropas militares en Haití. “Se está produciendo una recolonización de muchos países y por eso es importante la unidad de nuestros pueblos”. En exclusiva para La Jiribilla, Pérez Esquivel se refirió luego a la importancia del pensamiento de Martí para la construcción de este “equilibrio del mundo” que anima debates, paneles y seminarios por estos días en La Habana.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué sigue siendo válido recurrir al pensamiento de José Martí, un hombre del siglo XIX, para entender los desafíos del siglo XXI?

Martí era sembrador de la palabra y también ha hecho caminar la palabra. La palabra de Martí no se detuvo en el tiempo, sigue caminando hoy. Por eso sigue teniendo vigencia su ideario, que está relacionado con la conciencia de quiénes somos actualmente, con el modo en que hemos conformado el crisol de la identidad de muchos pueblos que ha tenido como resultado lo que somos nosotros, latinoamericanos.

En sus palabras se refirió a Cuba como “isla de la dignidad y la rebeldía”. Luego de más de medio siglo de Revolución, ¿cuál cree que es el rol de Cuba dentro del ideario independentista y de izquierda en el continente?

Ninguna sociedad es estática, no hay un proceso de transformación permanente ni una revolución que pueda ser estática, estos procesos están sujetos a la dinámica de la vida. La Revolución cubana se va re-creando día a día. Por eso, los pensamientos de Martí y de Fidel tienen vigencia en el movimiento de liberación. En nuestro continente no estamos liberados, estamos en un camino de liberación. La gran derrota de un militante es el conformismo. Hay que estar permanentemente en esta dinámica de transformación re-creando la vida, sin perder la sonrisa.

Los movimientos de liberación del continente han dialogado mucho con los movimientos sociales que en algunos casos les han precedido, en otros les han acompañado. ¿Cómo valoraría el estado de los movimientos sociales en América Latina hoy?

Cuando hablamos de los movimientos sociales es importante apuntar que no todos son iguales, no todos están en el mismo estado. Hay movimientos sociales que surgieron por hechos puntuales, coyunturales pero no de una transformación estructural. Les interesó buscar una solución a un problema específico, lo enfrentaron pero no se salieron del sistema. Algo distinto son los cambios estructurales, que sí son transformadores y que no son únicamente para un momento. 

Por eso hablo de que José Martí hizo caminar la palabra, una idea compartida por los indígenas del Cauca. ¿Qué es hacer caminar la palabra? Es cuando la palabra es transformadora de la conciencia crítica, del pensamiento, de la actitud frente a la vida, en lo social, en lo político, en lo económico... Es importante especificar cuando hablamos de movimientos sociales a qué nos referimos. Conozco, por los años de trabajo en toda América Latina, movimientos sociales que después de haber resuelto un conflicto desaparecen. Cuando los movimientos sociales están en una línea de transformación cultural, política o social, entonces son duraderos.

Eso es lo que tenía de maravilloso Martí, y lo que tiene de maravilloso Fidel. Fidel no se quedó satisfecho con el triunfo y con haber tomado el poder. Él se empeñó en la transformación de la sociedad cubana en la educación, en la salud, en la propuesta de la solidaridad continental. Cuba es un país que abrió la solidaridad, no se quedó encerrada; abrió las puertas y las ventanas por donde entra la luz y la esperanza. En un momento Cuba estuvo aislada por el sistema y por la incomprensión de muchos gobiernos latinoamericanos. Luego, surgió un Chávez en Venezuela, un Evo en Bolivia, un Correa en Ecuador y ahora están emergiendo nuevas voces. Tal vez lo que ha faltado es poder canalizar esto en una fuerza de conjunto latinoamericano, que ahora se está dando, por suerte, lo cual es un signo de esperanza muy importante.

¿Cree que la reunión de la CELAC pueda ser una de las vías para canalizar esa “fuerza de conjunto latinoamericano”?

Claro. Era impensable hace un tiempo que Cuba tuviera una responsabilidad continental. Hoy es posible. Cuba asumió la presidencia pro tempore de la CELAC. El fortalecimiento de UNASUR ha evitado golpes de Estado. No se pudo en el caso de Honduras, pero sí en el de Ecuador. Recuerdo que cuando ocurrió lo de Ecuador tomé un avión y me fui allá a apoyar a Correa. ¿Qué es lo que está pasando hoy en el continente? No podemos hablar de equilibrio del mundo y mirarlo desde fuera, debemos mirarlo también desde dentro, hay que resolver los conflictos de América Latina, por eso en mi intervención hablé de la salida al mar de Bolivia y del proceso de paz de Colombia, al que Cuba ha abierto sus puertas desde la solidaridad para que el problema pueda encontrar una solución.

Su decisión de tomar un avión para ir a apoyar a Correa me remite a otra pregunta. ¿Cuál debe ser el rol de los intelectuales, de los artistas, de los hombres de pensamiento como líderes de opinión para intentar encontrar este equilibrio del mundo?

Si nos referimos solo a los hombres de pensamiento como sinónimo de intelectuales perdemos una parte importante de la fuerza que puede ayudar a encontrar ese equilibrio. Por ejemplo, los campesinos también piensan, proponen, construyen, son científicos empíricos. Hay intelectuales que son de escritorio y otros que caminan junto con los pueblos, no adelante ni detrás, juntos. Esos intelectuales que hacen caminar la palabra, como Martí, y caminan junto con los pueblos, esos son los que me interesan.

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