Entrevista con Juan Carlos Volnovich, jurado de Literatura Testimonial

“Este es el premio de mis amigos”

Paula Companioni • La Habana, Cuba

Desde 1970, dentro del Premio Literario Casa de las Américas se convoca al concurso de Literatura Testimonial, un certamen que no solo se concentra en el modo de hacer, sino que permite que sus participantes dejen huellas palpables de la historia que les ha tocado vivir, para así salvaguardar cosmovisiones propias del continente. Por esta vía no solo han salido a la luz momentos difíciles que el poder dominante ha querido borrar de la memoria colectiva latinoamericana, como el testimonio de la guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, ganador en 1983 del Premio Casa; también se han encaminado procesos políticos como la firma de los acuerdos de paz de Guatemala, en la década de los 80.

Imagen: La Jiribilla

Resulta, entonces, coherente que los premiados en ediciones anteriores sean jurados de las convocatorias que siguen, como la uruguaya Edda Fabbri, o el cubano Félix Julio Alfonso. Pero un detalle singular, en esta 54 edición, es la participación de un jurado que “analiza” desde otra perspectiva las diversas aristas de la literatura testimonial que presentan los autores de esta región.

Juan Carlos Volnovich (Argentina, 1941) es un escritor y sicoanalista que se desempeña como profesor en la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Nacional de Tucumán. Además, ha publicado varios libros relacionados con el sicoanálisis. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Madres de Plaza de Mayo y reconocido por sus aportes a la Teoría de Género por la Unión de Mujeres de la Argentina. Por estas razones, Volnovich le exige al Premio Casa escribir la realidad en primera persona para mostrar la voz de los protagonistas de tales historias.

¿Cómo se convierte un sicoanalista en jurado del Premio Casa de las Américas?

No es para nada ajena la literatura al sicoanálisis. En la literatura testimonial hay casi como una conjunción, una intersección entre lo más personal y la narrativa; por lo que es absolutamente coherente que se unan el análisis literario con el sicoanálisis.

No podría decirse lo mismo del ensayo, por ejemplo, o de otros géneros más académicos. A pesar de que el autor esté presente, a pesar de la implicación que tiene todo autor con sus textos, ambos son paradigmas diferentes.

Y en este sentido, me parece que es importante el término “implicación” para diferenciarlo del compromiso y la neutralidad. Para diferenciar lo que es una literatura comprometida, o un intelectual más comprometido, con una posición que llama a la neutralidad académica.

La neutralidad responde a la epistemología de una filosofía positivista lógica, donde lo fundamental es que el autor ponga una distancia acorde a lo que, aparentemente, sería esa posibilidad de distancia con respecto a aquello de lo que habla. Ese es un paradigma que dominó y domina la literatura desde la década de 1960, cuando empezó a tener una enorme influencia.

Luego, llega otro paradigma hegemónico: el del intelectual comprometido con las causas sobre las que estaba escribiendo. Este fue muy importante, pero también hizo mucho daño, porque todo el Realismo Socialista y todo ese movimiento que escribía validando ciertos imperativos político-ideológicos, llegó a crear una mala literatura en favor de las buenas causas.

Esto se manifestó en toda el arte. Cuando dominó el paradigma de intelectual comprometido había una poesía comprometida, una plástica comprometida, una música… Y en nombre de ese compromiso, a veces, se hicieron muy buenas producciones y, a veces, la causa era muy justa pero la producción artística muy mala. Gran ejemplo son los intelectuales comprometidos de la Unión Soviética, que hoy han quedado como un residuo descartable desde el punto de vista de la cultura, del arte.

Por eso, creo que como remplazo de lo que sería el escritor “neutral”, de lo que sería el escritor comprometido, hoy tenemos al paradigma del intelectual implicado.

La implicación supone un salto cualitativo hacia el análisis de la acción creativa unida a determinada manera de pensar. Entra, entonces, el análisis de por qué elegimos determinados temas, qué es lo que como individuos nos llena o a qué nos adherimos para vivir. Los sicoanalistas estamos indagando permanentemente acerca de cuáles son las causas que nos llevan a aludir o evadir determinados temas. Estas interrogantes atraviesan tanto a los sicoanalistas como a los escritores.

¿Cuáles serían, entonces, las alusiones o evasiones que ha encontrado en la literatura testimonio de este Premio Casa?

Las obras que hemos recibido son todas de mucha calidad, y no hay más remedio que premiar una. Decir esto no es una fórmula, realmente estoy muy impactado, muy sorprendido y en problemas porque cada texto que he leído hasta ahora es único en su tipo.

Los textos presentados no están dentro de los que serían los parámetros fundamentales de testimonio, lo cual es un alivio; pero tienen una producción artística impresionante. Los que he leído de México, de Argentina, de Colombia, de Cuba, son absolutamente memorables.

En general, tienen que ver con la historia, la memoria y los recuerdos. La construcción de una memoria y una historia es fundamental, sobre todo para las nuevas generaciones, porque se abre una especie peculiar de diálogo.

Se presentan dos aspectos: personas mayores que quieren dejar testimonios de historia y personas muy jóvenes que muestran desde su visión, su mirada infantil, cómo atravesaron estas situaciones históricas. Veo la posibilidad de, a través de esta narrativa testimonial, armar o encadenar una historia que no quede cortada, que no quede segmentada a través de las generaciones que la cuentan. Ese es el gran riesgo de la reflexión ideológica, por lo que es importante contar una historia con esa continuidad.

La particularidad que tiene la amplia producción cultural y literaria cubana puede presentar cortes o abismos que separen, que impidan llegar a esa continuidad, al mosaico histórico que es fundamental rescatar como un rompecabezas con todas las piezas. En este sentido, es amplísima la producción que llega de los autores cubanos. Cuando los leo, pienso en la trascendencia que tiene para los jóvenes el poder acercarse a la historia sin esa “cosa despreciativa” de algunos actos de contar desde la “gloria de los combatientes” y que antes estuvo hecha un tanto anacrónicamente.

Siempre hay hechos que añoran glorias pasadas. Pero ahora están puestos de otra manera que intenta recuperar la fórmula de contar comprometidamente sin olvidarse de la calidad de la producción artística.

¿Qué tipo de jóvenes se muestran en esta producción que, según Ud., viene desde ellos?

Es impresionante. Son jóvenes que desde la mirada casi infantil, hacen que uno pueda contruir y percibir cómo veían ellos esa historia que iba desarrollándose y que nosotros conocemos desde el legado de los adultos.

¿Estos jóvenes tienen algún punto discursivo en común, además de la historia que están contando?

Algunos tienen características de críticas simpatiquísimas; pero no he leído, por ejemplo, textos que sean provocadores. Lo que domina la selección es algo que viene de lejos dentro de la cultura cubana: la división entre una buena literatura y una mala literatura. No es una literatura que apele a las nobles causas o que esté en contra de las nobles causas; lo fundamental es que esté bien escrito, según parámetros no de la escritura tradicional sino desde la propia producción y desde la propia innovación dentro de la literatura.

Si Joyce, en su momento, hubiera mandado un texto a un concurso literario, no le hubiera ido muy bien. Hay que estar muy abierto a la innovación y discriminarla del puro texto que está simplemente a la moda, del texto que cae ante ciertas presiones consumistas y que también está en la producción de algunos jóvenes.

¿Qué significa para el sicoanalista ser jurado del Premio Casa?

Cuando era estudiante quería recibirme para venir a trabajar a Cuba, por lo que para mí es un enorme orgullo y una satisfacción enorme haberlo logrado. He vivido ocho años en Cuba. Pero además, mi generación estuvo muy marcada por la Revolución y por la cultura cubana. Fundamentalmente, por la Revista Casa.

Dos revistas causaron mucho impacto para nuestra generación cuando éramos jóvenes: una, la fundada por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, y la otra era la Revista Casa. Entonces para mí la Revista Casa —al igual que la de Sartre— tenía un valor fetichista, un valor agregado. Cuando, por primera vez, vi un artículo mío publicado en la Revista Casa fue como la realización del sueño del pibe, del “¿qué querés ser cuando seas grande?”.

Es un reconocimiento muy significativo que un sicoanalista pueda estar incluido, sobre todo es un reconocimiento al hecho de que el sicoanálsis, en América Latina, tomó un camino muy diferente a lo que sería un proyecto burgués-capitalista.

Cuando se realizó acá el Segundo Encuentro de los Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en el año 1985, se aceptó el sicoanálisis con cierto reconocimiento, pues se incorporaron dos intelectuales “diferentes”: una sicoanalista que era Marie Langer y Frei Betto, que representaba a la teología de la liberación. Se unían religión-sicoanálisis-socialismo.

Entonces, es importante para los sicoanalistas, sobre todo los que no estamos dentro de instituciones y también para los escritores que no pertenecen a una comunidad, a una masa crítica que te reconoce como un par. Por más que uno no quiera, cuando escribe, tiene siempre un interlocutor, escribe siempre para alguien, y muy frecuentemente para aquellos que son sus amigos. Este es el premio de mis amigos.

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