Dos exposiciones dedicadas a Martí:
“El arte… hace inmortal a los pueblos”

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba

Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves

José Martí

La humanidad ha convertido a sus iguales en mitos, leyendas, santos y dioses, concediéndoles cualidades únicas, poderes inexplicables. A lo largo de toda su historia, la inmortalidad ha sido para el hombre un anhelo inmanente; el Apóstol escribiría: “Es profanación el vergonzoso olvido de los muertos”. Trascender más allá de toda frontera física supone la perdurabilidad del ser en la memoria colectiva, memoria que puede desaparecer en décadas o perpetuarse por siglos. Lo cierto es que a 160 años de su natalicio, la figura y la obra del “Dómine Apóstol”, es constante apropiación, cita y paradigma.

Martí, para el individuo cubano, cualquiera que sea su condición geográfica, política o de otra índole, ha devenido componente indivisible del concepto Patria; aseveraría el cubano más universal “Patria es Humanidad”. Su obra, cual simiente en extremo fecunda, se multiplica en la imaginería artística de creadores jóvenes y consagrados. Y a manera de tributo o de recordatorio de su inmortalidad, por estos días se exhiben en La Habana las exposiciones Soy el amor, soy el verso y Martí, ese misterio que nos une. En ambas muestras se han reunido un gran número de artistas bajo la curaduría y organización de Roberto Chile, creador de vocación martiana en toda su dimensión.

Soy el amor, soy el verso, expuesta en la Casa del ALBA Cultural, aúna a un total de 15 artistas entre quienes se cuenta, también, el curador. Las obras comparten como hilo conductor la re-apropiación del icónico rostro martiano desde la visualidad y singularidad propia de cada uno de los participantes.

Un Martí arcángel, semidios, santo guerrero, es la visión que propone la obra de Vicente R. Bonachea, artista que quizá se fue muy pronto, pero que legó una producción artística inmensurable. Con sus acostumbrados tonos azules, la pieza expone, sin mediaciones, a un heroico luchador, que cabalgante, porta como armas el escudo y la bandera cubanos, símbolo este último que excede las fronteras físicas del cuadro, cual metáfora misma del ideal martiano.

Imagen: La Jiribilla
 S/T, Vicente R. Bonachea

 

La pieza del trinitario Iván Basso, “Universo martiano” (2009), expone al interior del rostro del Héroe, una especie de mapa fantasioso donde se entretejen historias e ideales, “El arte (…) hace inmortal a los pueblos”. Las figuras y dibujos parecen emerger desde ese bagaje martiano que se forma en el ser cubano, y conforman una urdimbre de sueños que tienen por máxima la independencia.

El paisajista pinareño Dausell Valdés no abandona su sello personal, y desde las copas de los árboles proyecta la figura del Apóstol, enigmático, silencioso. “El alma trémula y sola” (2009) remeda el hermoso y sensual poema “La bailarina española”, recurso que el artista utiliza para crear un diálogo entre el autor y su poesía. La corteza del árbol es, precisamente, el puntiagudo pie de una bailarina, símbolo que funciona como metonimia de la creación martiana, porque este Martí, solo se sostiene sobre su propio verso.

“La tabla de la salvación” (2013), pieza conjunta entre Roberto Chile y Ernesto Rancaño, bajo un título profético, coloca nuevamente al Héroe en el epicentro de toda redirección y comienzo. La disposición museográfica de la obra —justo en la unión, en el enlace—, ubicada en la perspectiva visual de la galería, acentúa la intención de los autores. El colibrí, ave inquieta, libre, citada en varias ocasiones por Martí como símbolo de grandeza, espiritualidad y veracidad, se vuelve a posar, como en el mural de la Biblioteca Nacional, en el corazón del maestro. El rojo de la pequeña escultura, bajo una polisemia de sentidos, recuerda en su bonanza los presupuestos e ideales de “…una República con todos y para el bien de todos”.

Las obras de otros artistas participantes como Emilio Valdés, Kamyl Bullaudy, Jesús Lara, Jorge César Sáenz, Eduardo Roca (Choco), Alicia Leal, Eduardo Méndez Navarro, Yudit Vidal, Enrique Ávila y José Fuster, también desde poéticas y lenguajes personales, citan la fisonomía martiana. En sentido general, Soy el amor, soy el verso, presenta una museografía comedida, que aboga por los formatos y las técnicas tradicionales.

Sin embargo, Martí, ese misterio que nos une ubicada en la Casa Guayasamín, apela a una curaduría y museografía más contemporánea, en tanto presenta una variedad de técnicas y lenguajes, donde se incluyen desde pinturas, esculturas, grabados y fotografías hasta instalaciones y video-arte. Además, las obras expresan —sin explícito figurativismo— la apropiación o la relación muy personal de cada creador con el universo martiano.

Ernesto Rancaño participa en ambas muestras y, para esta segunda exposición, propone una visión en extremo evocadora con su obra “Culto y Libre” (2008). A primera mirada, el minimalismo de las formas utilizadas remite al espectador a la silueta del Apóstol, la cual contrasta sobremanera con el resto de la composición, pues es un lienzo en su mayoría de valor blanco. La aprehensión causada se acentúa al descubrir que el artista ha utilizado como referente —todo el tiempo— la imagen de los grilletes abiertos usados por el Apóstol en su temprana y cruenta cárcel. ¿Será acaso casualidad tal coincidencia? ¿O el dolor desdibujó cualquier frontera entre alma y cuerpo?

Imagen: La Jiribilla
"Culto y Libre", 2008. Ernesto Rancaño

 

Sucesos claves de la vida del Héroe son también revividos en la pieza audiovisual “Radical Forever” (2013), de Daniel Chile. Sonidos de trabajo en canteras, una pluma que escribe insaciable, resuenan en el video-arte. El autor ha decidido utilizar dos canales de percepción, auditivo y ocular, y por ambos conduce al espectador en la vorágine de un viaje. Las imágenes proyectan las iluminadas copas de los árboles como quien observa desde el interior de un bosque frondoso y recuerda: Arte soy entre las artes/ En los montes, monte soy, y a la vez, la mente le transita por la turbulenta vida del Mártir, del Poeta.

Una obra más interesada en el romance es “Perfume” (2013), de Leticia Sánchez Toledo. Gran parte del epistolario martiano y de sus versos fueron dedicados a la mujer: madre, hermana, amiga, amante. De su poesía brotan las palabras más bellas hacia las féminas, a quienes entendió como iguales, nobilísimas y virtuosas. Esta instalación desde las palabras martianas “Muerto, aún verán que de mi cuerpo surge el pábilo perfume de tu alma”, rememora la relación de amor entre José Martí, Carmen y la poesía. Se considera el aroma una esencia divina, capaz de apropiarse del más extrañado encuentro, de crear la más bella lírica.

Sandra Pérez, contextualiza en la Cuba de hoy la vigencia del ideal martiano. En la obra escultórica-instalativa, el Héroe, en la cúspide de la estructura, mira hacia el infinito. Bajo sus pies yacen en un amasijo, collares pertenecientes a la religión yoruba, estampas cristianas, billetes de moneda convertible y nacional, figuras de mambises y la simbólica bandera cubana.Todos, elementos que componen la variopinta nacionalidad cultural de la Isla. Los escalones donde reposa el Apóstol, conforman la imagen de una cerradura ¿abierta? y dos alas cual banderas rematan todo el conjunto, ¿dispuestas a volar? ¿símbolo divino?

Autores como Kamyl Bullaudy con “Es mi verso lo que ves” (2010), Mabel Poblet con “Una simple palabra” (2012), Kcho con “Cuando los recursos escasean las ideas son más importantes”(2008), y la joven Lisandra Ramírez con “La Edad de Oro” (2013), vislumbran en sus obras una relación con la palabra, el texto y la literatura en general. Otros, expresan su relación desde una postura más íntima como el óleo abstracto “Sin título” (2011), de Verónica Guerra; “La Musa” (2006), de Liang Domínguez; “Viajeros” (2011), de Gabriel Sánchez Toledo;  “Gorrión” (2004), de Douglas Pérez; o la fotografía “Sin título” (2013), de Alex Castro. Utilizan la fuerza conceptual de edificaciones emblemáticas como el Memorial José Martí y la Torre de Babel, los artistas Liudmila López con el “Martiazo” (2013) y Sándor González con “Babel” (2013).

Imagen: La Jiribilla
"Cuando los recursos escasean las ideas son más importantes" 2008. Kcho

 

Las obras participantes en ambas muestras indican la re-actualización  y vigencia de la memoria del Apóstol. Y es que, a veces, el tiempo todo lo calla y olvida, otras —cual legislador omnipotente— inmortaliza.

Comentarios

Muy bueno el artículo, que, por cierto, no me parece una simple crónica, emana poesía de cada reflexión o descripción, así es que, felicitaciones. Quedo deseosa de ir a ver personalmente las obras que tan bien nos describes. Iré a verlas, artículo en mano, que así seguro que las disfrutaré más.
Es un alivio saber que Martí sigue siendo referente para todas las generaciones de cubanos y, en especial, para nuestros artistas contemporáneos.
Gracias a la autora y a la Jiribilla.

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