Tras la guitarra la voz: rescate de la memoria oral

Celia Medina • La Habana, Cuba

Tras la guitarra, la voz, y tras la voz, la historia de una época; dicen que recordar es volver a vivir, y quizá sea cierto, en cualquier caso diariamente apostamos a detener el tiempo, a entretener su paso encabritado de múltiples formas… Y tras la guitarra la voz no aspira a otra cosa: a través de entrevistas a ocho de los protagonistas del Movimiento de la Nueva Trova el periodista Orlando Castellanos desentraña una actualidad que ya no es la nuestra, pero que contribuye a reconstruir pasajes, fenómenos, personajes, acaso maneras de ver el mundo.

Imagen: La Jiribilla

Y no ha sido tarea fácil esta de escoger fragmentos de conversaciones, transcribir diálogos, recopilar canciones, buscar referencias que ayuden a la comprensión de una idea, aclara Virgen Gutiérrez, compiladora de este volumen de Ediciones La Memoria, que se presentará el 20 de febrero, a las 10 de la mañana, en la Casa del Alba, como parte de la próxima Feria Internacional del Libro. Virgen nos cuenta sobre cómo se ha estructurado este libro, de cómo la entrevista contribuye al rescate de la memoria, de cómo Castellanos llegó a ser el entrevistador de excelencia que fue…

¿Qué podrá encontrar el público en Tras la guitarra la voz?

Este libro es una compilación de entrevistas realizadas por Orlando Castellanos a ocho de los 21 músicos que conservara en su archivo personal. Mi deseo era reunirlos a todos, pero hubiera resultado un volumen muy grueso y ya sabes como son los problemas financieros. Por eso me decidí por estos ocho que iniciaron el Movimiento de la Nueva Trova: están Pablo, Noel, Vicente, Silvio, Sara, Alberto Faya, Augusto Blanca y Amaury Pérez. Pienso que esas conversaciones realizadas en diferentes momentos de la vida de estos entonces muy jóvenes músicos darán a los lectores un panorama de las circunstancias en las que se desenvolvieron: sabrán de sus conciertos, de sus viajes, de las canciones que en determinados momentos fueron populares… en fin, esas experiencias personales que se viven y que, lamentablemente, el paso del tiempo va borrando. El libro contiene además las discografías completas de cada uno de ellos e incluye anexos de canciones que aparecen en películas o en actividades de la Casa de las Américas”.

¿Qué criterios se siguieron para la estructuración de este libro?, ¿qué entrevistas se incluyeron en el cuerpo de este texto?
La estructura del libro es muy sencilla pero coherente. Hay dos pilares innegables: Silvio y Pablo. El primero abre y el segundo cierra el volumen. En el cuerpo del texto utilicé por orden cronológico casi todas las entrevistas que guardara Orlando a estos trovadores. Para cada entrevistado hay una cita de alguna personalidad que los califica brevemente. Además, se incluye el texto de una canción de cada autor, a la cual hacen referencia en alguna entrevista”.

Luego de estas ocho entrevistas, ¿qué peculiaridades podían destacarse de este fenómeno cultural?
Lo que más resalta luego de la lectura de estos textos es la coherencia en el pensamiento de todos acerca de dos figuras fundamentales en su quehacer: Haydée Santamaría y Leo Brouwer, la primera como apoyo material y espiritual, sobre todo en los momentos iniciales; el segundo como forjador de conocimientos técnicos para el mejor desempeño como músicos y compositores, para la formación de una conciencia musical acorde con las tradiciones de nuestro país, rico como sabes, en este acervo”.

Resulta imprescindible conversar propiamente sobre la labor de Castellanos.

El quehacer de Castellanos fue verdaderamente destacado: siempre estuvo pendiente de los nuevos creadores que iban surgiendo y no vacilaba en hacer una primera entrevista a aquellos que empezaban y difundirlos a través de sus variados programas, tanto en Radio Habana Cuba, como en Rebelde o Taíno. Fue, como diría mi profesor José Antonio Portuondo, una labor de promoción formidable”.

Formalmente informal fue un espacio que marcó época en la radio cubana, ¿qué características presentaba el programa en la época de Castellanos?, ¿cómo se escogían los invitados al espacio?

Formalmente informal sembró pautas en la programación, no solo de Radio Habana Cuba, sino del resto de nuestras emisoras. Aunque en los últimos años el periodista centró su quehacer en el mundo cultural, al inicio entrevistaba lo mismo a un deportista que a un científico, a un presidente que a un guerrillero. Escoger los invitados era a veces una tarea coyuntural, otras de encargo, imagino que por mandato de los directivos de la emisora. Y las más por iniciativa propia, por su saber del acontecer diario y, como diría él mismo, por el olfato.

¿Cómo se preparaba Castellanos para realizar una entrevista?
Orlando siempre dijo que al entrevistado había que conocerlo antes de enfrentarlo al micrófono, que si era un desconocido para él lo primero era informarse sobre quién era la persona: leer algo de lo que hubiera escrito, si era un escritor; o conocer de su vida política si ese era su desempeño; hablar con la persona antes de comenzar a hacer preguntas para que perdiera el miedo y ganar su confianza, elemento que logró al punto de que la mayoría de sus entrevistados terminaron siendo sus amigos. En ello influyó el carácter jovial del periodista, su facilidad de palabra, la entonación de su hermosa voz, que adecuaba al momento y circunstancias en que se hallara… y su buen sentido del humor”.

¿Cómo se apropiaba Castellanos de las peculiaridades del lenguaje radial para comunicarse con la audiencia?

No conocí sus inicios, llegué a su vida cuando ya estaba conformado como entrevistador. Pero creo que el hecho de ser un eterno enamorado de ese medio de comunicación y el haber oído mucha radio desde pequeño, el comenzar siendo un niño a trabajar en una emisora de su natal Ciego de Ávila, debe haber influido en esa apropiación del lenguaje radial. Una de las cosas que siempre resaltaba era la claridad en la exposición de las ideas, el dominar perfectamente el asunto o tema del que quería hablar para que la comunicación fuera diáfana.

Como entrevistador, ¿qué elementos lo distinguían?, ¿cuáles usted podría señalar como sus secretos de oficio?

Algunas personas muy calificadas (Miriam Rodríguez Betancourt, Josefa Brasero, entre otros) lo consideraban un entrevistador de excelencia. Pienso que tenía a su favor el don de la palabra. Era una persona que leía mucho: sus conocimientos sobre política, historia, cultura artística y literaria eran amplios. Su mente era muy ágil. Se preparaba mentalmente para las entrevistas, aunque no escribía las preguntas. Hacía un balance de las cuestiones fundamentales que debía preguntar, a veces anotaba algún dato específico que le diera pie para comenzar a hurgar en la privacidad de su interlocutor —siempre respetuosamente— y acorde con las respuestas de los entrevistados hacía otras preguntas en las que no había pensado. Era muy hábil para establecer la confianza con el otro”.

Dentro del quehacer del Centro Pablo Orlando Castellanos ha dejado huellas. En este sentido podríamos destacar el proyecto Palabra viva, del que usted fuera coordinadora, ¿qué importancia tiene esta colección?, ¿cuál es su vigencia en la actualidad cubana?, ¿qué carácter tuvo el encuentro del Centro Pablo con Castellanos?

Cuando se fundó el Centro Pablo, su director, Víctor Casaus, acudió a figuras destacadas del ámbito cultural para conformar un consejo asesor. Él conocía la labor de Orlando como periodista y fiel guardador de las voces de sus entrevistados. Uno de los objetivos del Centro fue, y sigue siendo, el rescate de la memoria oral y Orlando tenía (tiene) un incalculable tesoro de voces de lo más relevante de la cultura cubana, latinoamericana y española. De manera que hablaron en 1997 sobre cómo prolongar en el tiempo ese tesoro, pero lamentablemente Orlando falleció pocos meses después y el proyecto quedó trunco.

En abril de 2000 pasé a formar parte del Centro Pablo y así surgió el proyecto Palabra viva, del cual fui editora, colección que comenzó en soporte de casetes y en 2004 cambió a discos compactos. Con las entrevistas de Orlando hice una suerte de documentales sonoros en los que, editando las entrevistas y agregando música, logré mantener el espíritu del original, enriquecido con esos añadidos. Tuve la suerte de contar con un equipo magnífico: para el sonido, con el ingeniero Jaime Canfux, y para el diseño de las cubiertas con el maestro Héctor Villaverde. De este modo se ha continuado el trabajo que comenzara Castellanos, que ha dejado así una impronta indeleble en el rescate de la memoria oral.

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