III Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo

Martí en la nueva hora de los hornos

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Dos frases dichas por personalidades de muy diverso signo ideológico pueden definir el alcance de la III Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo. Una la dijo el expresidente de Guatemala, Álvaro Colom: “Siento que después de estos días Martí es mucho más universal”. La otra fue pronunciada por el sociólogo marxista cubano Fernando Martínez Heredia: “Con Martí estamos todos andando”.

El hecho de que hayan participado más de 700 personas (escritores, académicos, historiadores, líderes políticos, activistas sociales, estudiantes) de 44 países, cifra que no contempla a más de un centenar de delegados cubanos, constituye un sólido indicador del poder de convocatoria del pensamiento y el ejemplo martiano.

El grado de participación incluyente, habla de la universalidad del Apóstol de la independencia cubana. Pero habrá que auscultar mucho más en el orden cualitativo lo que eso significa, como para sacar cuentas claras de las líneas martianas que se entrecruzan con el presente y el futuro de la humanidad, guiadas por un eje central: la ética.

Aun cuando directamente no hubieran referencias directas a Martí en varias de las ponencias presentadas, cuando abordaron temas como el de la movilización contra los desastres ambientales, la crítica y las alternativas a la crisis económica global, o el enriquecimiento de los valores humanos mediante la promoción del arte y la literatura, el influjo martiano se hacía sentir.

¡Cómo no advertir la articulación de su legado con los tantísimos desafíos que afronta el género humano en toda geografía! ¡Cómo no compartir el criterio de Frei Betto cuando dijo que Martí no solo era el Apóstol, sino el Profeta!

Pero quizá lo más llamativo de la Conferencia haya sido la cantidad de jóvenes asistentes, al punto que hubo un foro especialmente protagonizado por ellos. Lo que se debatió allí fue un signo inequívoco acerca de cómo Martí está lejos de quedar claustrado en el pasado y la academia. Prueba al canto, la frase más largamente aplaudida de ese espacio: “Si queremos ser jóvenes martianos, consecuentes con nuestro tiempo, debemos luchar por la justicia y la dignidad plena del hombre, como única manera de hacer realidad los preceptos que nos legó Martí”.

También se dijo a lo largo de los tres días de Conferencia que no bastaba una conmemoración ni una jornada para mantener vivo al Maestro, en tanto se requería consustanciar su ideario en las acciones transformadoras cotidianas en cualquier latitud y circunstancia.

No fue casual entonces, que el día en que se inauguraba la Conferencia, en las afueras de Dakar, la capital de Senegal, los niños de la escuela Khadim Rassoul, hayan bautizado con el nombre de José Martí a su círculo hispánico en un acto donde sus integrantes se comprometieron a estudiar y difundir la obra del revolucionario e intelectual cubano; ni que coincidiendo con la clausura, en la remota Nueva Delhi los estudiantes de la Universidad Jawaharlal Nehru hayan propiciado el debate de ponencia sobre la vida y obra de Martí y la vigencia de su pensamiento.

En efecto, Martí es cada vez más universal y tendrá que seguirnos acompañando en nuestra andadura en esta nueva hora de los hornos.

 

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