A propósito de un concierto en Casa de las Américas…

Yo, el nuevo Roberto Fonseca

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Frente al piano, Roberto Fonseca dibuja con su cuerpo un lento movimiento pendular. Dobla la espalda hacia atrás sin despegar las manos de las teclas, fija la vista en el cielo oscuro de sus párpados cerrados y luego se curva de nuevo hacia delante, como si se inclinara ante el altar de su santo. Cuando su nariz apunta hacia arriba Fonseca está en un lugar y cuando se acerca al teclado ya ha entrado en un sitio completamente distinto. Es un constante ir y venir, como el de los pilotos que parten por la mañana y regresan a la medianoche a su país después de haberse alejado miles de kilómetros. El pianista está en Cuba, en la Casa de las Américas, doblándose hacia delante y hacia atrás como si invitara al público a entrar y salir del espacio físico de la sala, a atravesar los muros de la ciudad, a cruzar los límites de la Isla.

Imagen: La Jiribilla

La nueva música de Fonseca —sin lugar a duda, lo más sugestivo de su primera presentación en solitario en la nombrada institución cultural— viaja constantemente de un lado a otro. Se diría que el pensamiento del pianista se ha entrenado para la ubicuidad, y que los temas de su último disco son el resultado de habitar en dimensiones paralelas. Si quisiéramos encontrar razones prácticas para explicar por qué las composiciones más recientes del líder de Temperamento combinan elementos del son cubano con melodías provenientes del tronco de la música eslava y sonoridades africanas, habría que hacer notar que Roberto Fonseca es un hombre que ha recorrido mucho mundo intercambiando con colegas de culturas diversas, que han contribuido a que su visión del arte transgreda las fronteras de los géneros y de las tradiciones cubanas. Para hacernos una idea de cuánto “se mueve” este artista, bastaría mencionar que solo con la agrupación de Ibrahim Ferrer, a las alturas de 2001, había actuado en más de 400 conciertos fuera de Cuba, y que ya para esa fecha su CD No limit había sido distribuido en Japón.

Al insertarse en los circuitos internacionales de difusión y comercialización del jazz, la música de Fonseca comenzaría a explorar con mayor avidez otras matrices culturales, de modo que el interés por dotar de un nuevo sentido a su búsqueda en las raíces de la identidad cubana ha comenzado ha hacerse más evidente en fonogramas recientes. Si bien al principio de su carrera en la década de los 90 resultaba muy fácil identificar a Fonseca como un músico de jazz, hoy la clasificación de su trabajo se vuelve una tarea compleja. Hasta algunas de las voces más influyentes en el mercado de la música contemporánea se dividen al incluir al cubano dentro de una corriente u otra. En Francia, una plaza muy frecuentada por el músico, sobre todo a partir de su presentación en el Festival de Jazz de Marciac, la lista de éxitos de L´Express reconoce a su producción Yo, como uno de los mejores discos del 2012 en el género jazz. Al mismo tiempo, el periódico The Sunday Times, incluye a este álbum entre los más destacados del año en la categoría World music.

Imagen: La Jiribilla

En el concierto que ofreciera con motivo del Premio Casa de las Américas, Fonseca trabajó con la formación regular de su grupo Temperamento, a excepción del bajista Yandy Martínez, quien ocupa desde hace muy poco la plaza de Omar González. Además del saxofonista Javier Zalba y el baterista Ramsés Rodríguez, subieron al escenario el guitarrista Jorge Luis Chicoy y la cantante Danay Suárez, invitados habituales de la banda. Desde hace unos meses el saxofonista que otrora perteneciera a la cuerda de metales de Irakere, trabaja con su propio quinteto de saxos explorando un filón de la música eminentemente jazzístico. Si tenemos en cuenta que Rodríguez, Chicoy y Martínez se mantienen colaborando con agrupaciones de jazz, podría haberse esperado que la presentación del 29 de enero continuara con la marcada línea genérica que ha caracterizado por años a Temperamento.

No obstante, al interpretar algunos de los temas de Yo, la banda tradujo literalmente la intención declarada del autor de Tiene que ver, No limit, Elengo, Zamazu y Akokan, de mostrar el contenido de “un disco diferente a los anteriores, donde el jazz ha estado muy presente”. Limitando el tiempo y la cantidad de oportunidades para la improvisación (lo cual no impidió que los dedos rápidos del pianista impresionaran una vez más a sus seguidores, y que Zalba y Chicoy ejecutaran solos memorables), el nuevo CD parece ser una entrega que, sin hacer concesiones en materia de calidad artística, apunta al centro de la diana a la que miran actualmente una buena parte de los productores y consumidores musicales.

El crítico británico Robin Denselow escribió en marzo pasado en The Guardian, que Fonseca “es el más alto exponente de la fusión en Cuba”. El especialista se admiraba de la capacidad del pianista para cambiar el rumbo de una actuación de un momento a otro, introduciendo en la escena lo mismo al maliense Fatoumata Diawara que un homenaje emocional a Ibrahim Ferrer. Para el cronista, en este sentido podría afirmarse que la “variedad” se ha tornado la especialidad de Fonseca.

Las palabras fusión y variedad resultan fundamentales para entender lo que otro crítico ha dado en llamar “a stylistic crash course” (un cambio radical de itinerario estilístico) con la aparición de Yo. Ambos vocablos, en la jerga de los especialistas musicales, emparentados con otros como “mezcla extravagante” y “espíritu callejero”, son utilizados frecuentemente para caracterizar a la variante genérica world music. Aun cuando existen numerosos ejemplos en que las clasificaciones se convierten en camisas de fuerza para comprender el trabajo de los artistas, no está de más señalar que algunos de los rasgos propios de este género se muestran claramente en la obra que Fonseca acaba de presentar en el Olympia de París y en varios escenarios de Tokyo.

La world music, un resultado del proceso de la globalización, se asocia fundamentalmente con productos que nacen al margen del mainstream anglonorteamericano, y que provienen por lo general del continente africano y su diáspora. Para la investigadora Jocelyne Guibault, los modos en que esta música se coloca en el mercado de Occidente suponen la existencia de “otro” con características distintas. “Ese otro no es de aquí (o sea, no está marcado por orígenes e influencias euronorteamericanas nor-occidentales), es exótico (en el sentido de inusitado), sensual (en su vínculo con la danza), místico (en su dimensión filosófica) y atractivo”.

Mientras que de los intercambios de Fonseca con la cultura underground vinculada con la música urbana se han tenido constantes noticias a partir de colaboraciones con artistas como la cantante Suárez y el grupo de hip hop Obsesión, la experimentación con la música electrónica sí constituye una novedad que acerca al disco a la tendencia descrita por Guibault. El pianista, manejando una laptop en el escenario, no solo entrega protagonismo a las secuencias en la introducción de varios temas, sino que explota el uso de voces grabadas y sonidos radiales para comunicar mensajes extramusicales.

Por otro lado, la colaboración para el CD, con artistas de Mali, Yemen y Senegal, entre ellos Baba Sissoko, Sekou Kouyate y Fatoumata Diawara, hace que la etiqueta de world music venga mejor al traje de Fonseca. Lo mismo sucede con el “embalaje” del disco, para el cual fueron realizados una serie de retratos del pianista con el torso desnudo, ofreciéndose a la cámara. Todo forma parte de lo que, en palabras de Fonseca, constituye un intento por tender un puente entre la cultura afrocubana y la africana.

A cada uno de los extremos de ese puente se traslada el pianista que escribe trayectorias de péndulos mientras ejecuta el instrumento. Es su manera de expresar que el jazz ya no es tan puro como algunos creen y que es necesario abrirse a otras influencias musicales. Fonseca gusta de los riesgos. Por ello, luego del concierto de Casa de las Américas, no fueron pocos los que comentaron que los temas de Yo son sus creaciones más internacionales y más ambiciosas.

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