Margarita Xirgu: Una grande del teatro

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

Mucho se ha escrito sobre la fraterna amistad de Federico García Lorca con la gran actriz catalana Margarita Xirgu; sin embargo, poco se conoce que fue la escritora cubana Lydia Cabrera quien los presentó, en Madrid, a finales del verano de 1926.

Ya para entonces la Xirgu era toda una consagrada en las tablas e incluso había participado en algunas películas, pero no dudó en convertirse muy pronto en fiel colaboradora de Federico, pues el joven poeta de Fuente Vaqueros estrenaría casi todas sus piezas más importantes con ella: Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa, Yerma, Doña Rosita la soltera y el reestreno de Bodas de sangre.

Imagen: La Jiribilla

“Fue mi autor, fui su intérprete”

Margarita Xirgu había nacido en Molinos de Rey, Barcelona, el 18 de junio de 1888. Desde niña se inició como actriz en grupos de aficionados. Debutó profesionalmente con la Compañía de Josep Santpere.  En 1910, formó su propia compañía, con la que estrenó en el Teatro Romea de Barcelona, entre otras, las obras Andrónica y La reina joven, que le permitieron ganar un gran prestigio en la escena catalana. También, ese mismo año, estrena Salomé de Oscar Wilde en el Teatro Principal de Barcelona. Por cierto, en esa ocasión, le rescinden el contrato por enseñar el ombligo.

Dicen quienes la conocieron que era una personalidad apasionante, con grandes deseos de triunfar. Málaga será la primera ciudad donde interprete una obra en castellano. Desde aquí saldrá hacia Canarias, Buenos Aires y Chile. A su regreso, y luego de presentarse en 1914 en el teatro de la Princesa, en Madrid, la crítica la considera como “alta y generosa renovadora de nuestra escena”.

No es de extrañar que alcance sucesivos triunfos representando a Mariana Pineda —primer texto teatral de Federico García Lorca—, estrenado en Barcelona, en el teatro Goya, en junio de 1927.

Unos años más tarde el autor escribirá sobre su musa: “Hace seis o siete años terminé la última escena de Mariana Pineda. La obra recorrió varios teatros, y en medio de los más calurosos elogios me la devolvían, unos, por atrevida; otros, por difícil. Margarita Xirgu la leyó y a los dos meses comenzaron los ensayos para hacerla viva en escena”.

“Públicamente, y en Granada, donde duerme su sueño de amor mi distinguida heroína, he de manifestarle mi agradecimiento y expresarle de manera fría y razonada la profunda admiración que siento por su labor en el teatro de nuestro país; porque ella es la actriz que rompe la monotonía de las candilejas con aires renovadores y arroja puñados de fuego y jarros de agua fría a los públicos dormidos sobre normas apolilladas”.

Es esa la Margarita Xirgu que en enero de 1936, poco antes del inicio de la Guerra Civil española, comienza su cuarta gira por América, que se convierte, con el triunfo del franquismo y sin saberlo la artista, en un exilio de tres décadas.

Mucho había soñado ella hacer la gira con su querido amigo, pero Federico por motivos personales y para terminar La casa de Bernarda Alba, no le acompaña, quedando de acuerdo reunirse con la compañía semanas después en México.

Pero este encuentro no llega jamás.

Los fascistas fusilan a Federico en Granada el 19 de agosto de 1936.

“No he podido —dirá ella— creer en su muerte… Me aferro a la ilusión de que Federico vive, porque vive en mi esperanza…”

Desde entonces, Margarita Xirgu convertirá su culto al poeta-dramaturgo en una de las razones de su existencia.

El 5 de octubre de 1936 la actriz catalana está otra vez en Cuba, donde había triunfado entre febrero y abril de ese mismo año, tal y como lo informan los periódicos, entre ellos El Mundo, cuyas crónicas de teatro y música eran escritas por Juan Bonich.

Así, el 24 de octubre, en el habanero Teatro Principal de la Comedia, —al decir de la periodista y amiga Nydia Sarabia—, la Xirgu actúa en dos obras de Federico: Yerma, en horas de la tarde, y Bodas de sangre, por la noche. En esta última, según recuerdan algunos, anuncia emocionada que se le iba a rendir homenaje al poeta desaparecido y pide se le ofreciera un minuto de silencio. Todos los presentes se ponen de pie y guardan respeto por el caído. Luego se levanta el telón.

“Federico era un talento, lo descubrí yo y yo lo llevé al teatro, recuerda la Xirgu años después. Nos unía una amistad artística y personal tan acrecentada, que hoy desaparecido de la vida en la que vivo yo, siento que mi arte ha perdido algo más grande: un auxilio. Yo tenía en él a mi autor, a mi poeta; yo lo había guiado hacia la gloria, lo había hecho de todas las tierras, de todos los mundos; yo había ofrecido mi voz para sus palabras y las divulgaba por todos los ámbitos del mundo”.

En 1938 Margarita Xirgu actuó en la película argentina Bodas de sangre dirigida por Edmundo Guibourg y, en 1945 estrenó en el Teatro Avenida de Buenos Aires el último drama de Federico, La casa de Bernarda Alba.

Fundó y dirigió escuelas de arte dramático. Particularmente en Uruguay, donde desarrolló una valiosa labor dramática y pedagógica. Falleció el 25 de abril de 1969, a los 81 años, en la capital uruguaya. Sus restos descansan hoy en su ciudad natal. 

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