Diálogo con Carola Saavedra, jurado de Literatura brasileña

¿Chilena o brasileña?

Maité Hernández-Lorenzo • La Habana, Cuba

Fue la pregunta de arrancada en la conversación a un costado de la piscina del Hotel Presidente con la escritora Carola Saavedra, jurado de Literatura brasileña que esta vez evalúa obras de ficción. Chilena o brasileña es una disyuntiva que, en el caso de Carola, está bien ubicada en su lugar: chilena por nacimiento y brasileña por literatura.

“Nací en Chile, llegué a Brasil con casi tres años. Soy chilena, pero, en realidad, soy una escritora brasileña”.

Imagen: La Jiribilla

En otras ocasiones te has referido a la escritura con estas palabras: “Y para quien pasó la mayor parte de su vida en tránsito, es también una forma de llegar a casa”. ¿Crees que si no hubieses vivido el exilio de tus padres hubiera aparecido la literatura como una respuesta a esa experiencia de vida?

Decir que si hubiera sido o no escritora es también una ficción. Creo que probablemente no. Pero sucedió que al llegar a Brasil en la casa se hablaba español y en el colegio portugués, luego estudié en una escuela alemana, y a los 24, viví en Alemania durante ocho años, más tarde un año en Francia, luego otro más en España. Es decir, he estado viviendo en otros países por mucho tiempo. Siempre me he sentido extranjera.

Cuando me preguntan si soy chilena o brasileña, nunca puedo responder. Por eso siempre digo, soy una escritora brasileña. Significa que la literatura, y, especialmente la lengua portuguesa, es un lugar. No está relacionado con un país específico. Puedo estar aquí, en Chile, en Alemania, y seguiré siendo una escritora brasileña.

Hay otra relación entre el extranjero y el escritor porque este no está exactamente en el medio de las cosas que están pasando, sino que está aislado, ve las cosas desde afuera, mirando al otro. El ejercicio de ficción es justamente eso, imaginarte cómo ser otra persona. El escritor busca la comprensión, intentar ser verosímil, que los lectores crean que son de carne y hueso, aunque sea ficción. Hay un paralelo entre esas dos cosas, porque el extranjero trata de entender ese país ajeno, esa cultura, tan diferentes, por ejemplo, como son la alemana y la brasileña. Eso también tiene su lógica, porque nunca vas a llegar a ser como ellos pero tratas de ponerte en ese lugar y entenderlo.

Gustavo Pérez Firmat ha acuñado la frase “vivir en el guion”, entre un lugar y otro, en una fase intermedia. Me interesaría que me comentaras cómo has resuelto vivir ahí, tratando de pertenecer, a la vez, a una tradición.

Es difícil. Ocupo un “entre-lugar”. Hay cosas que vienen de una tradición hispanoamericana gracias a la biblioteca de mis padres, de la cual leí a Borges, Onetti, Cortázar; y, del otro lado, estaba Brasil. En el colegio leía a Machado de Assis, Guimaraes Rosa, Clarice Lispector. Tenía acceso a las dos cosas, eran parte de mi vida. Después, en el colegio alemán y en mi viaje a Alemania, leía a muchos autores en ese idioma: Thomas Bernhard, Thomas Mann, Peter Hancke.

De manera que es difícil decir a cuál tradición pertenezco. Soy una persona que es una mezcla y siempre he vivido en ese “entre-lugar”, donde conviven muchas tradiciones culturales. Cuando escribo, lo que hay es esa mezcla de muchas tradiciones que las voy trayendo a mi literatura. Quizá sea ese mi diferencial, lo mío.

No es casual que mi novela tenga una isla sin nombre. La idea de una isla para mí es muy fuerte, está en alguna parte que no sabemos exactamente dónde es. Encuentras en ella tradiciones muy diferentes, como si yo también viviera en esa isla.

¿De esos autores que mencionabas, cuáles están presentes con más fuerza en tu literatura?

Cuando era muy joven, Clarice Lispector fue muy importante. La empecé a leer a los 14 años y, a veces, no la entendía. Pero había una intuición de lo que ella estaba diciendo. Quizá ahí aprendí que la palabra puede llegar a lugares que antes pensaba que eran inalcanzables. Por el trabajo que ella hace del lenguaje me di cuenta que la ficción puede llegar a lugares que no me podía imaginar.

Cuando tenía 20 años fue importante leer Rayuela, de Cortázar. Hasta ese momento yo pensaba que escribir una novela era empezar y terminar de manera cronológica y lineal. Cuando la leía me di cuenta de que no, de que puede ser otra cosa y otra forma de hacer literatura, de construir una narrativa. No es un libro que hoy me interese tanto, porque no escribo pensando en Rayuela, pero fue muy importante para entender la literatura.

También leía muchos ensayos de (Ricardo) Piglia. Fueron importantes para pensar la literatura, lo que puede ser la literatura en el siglo XX o en el XXI. Luego vino Bolaño, y ahora hay autores que me gustan muchísimo como César Ayra, Juan José Saer y otros varios. Sin mencionar a los clásicos como Borges. Y de Brasil mi autor es el clásico Machado de Assis, que fue importante a los 14, luego a los 20, a los 30 y ahora cuando voy a cumplir 40.

La revista inglesa Granta te reconoce como una de las escritoras jóvenes brasileñas más destacadas. Teniendo en cuenta esa condición “dual” que mencionábamos, cómo se relaciona tu obra con la de tus contemporáneos y cómo la ves en ese panorama.

Creo que mis libros pertenecen a la literatura brasileña toda. Traigo otras lecturas, pero escribo en portugués y lo hago desde el punto de vista de quien vive en Brasil. Por eso soy una autora brasileña.

Quizá siempre haya sido así, pero en la literatura brasileña hay de todo. Las clasificaciones mejor que las hagan los académicos, los críticos, uno está en el medio de la cosa, estás leyendo, escribiendo, es muy difícil pensarlo.

¿Pero sientes una identificación con esos contemporáneos, sientes que van por el mismo camino?

Estamos buscando lo mismo. Claro que hay autores con los cuales me identifico más. Me interesa contar una historia, pero no es lo único. Me interesa pensar la construcción de la novela, de la literatura. Me interesa construir una literatura que se piense a sí misma, buscando algo nuevo, cierta innovación. Uno se pregunta cómo voy a hablar de tal tema si existe una tradición, si no quiero repetir lo que ya se ha hecho.

Esta idea de contar una historia y de pensar esa literatura es lo que me interesa. Hay autores que les sucede lo mismo y con ellos me identifico.

Ahora con las lecturas de una representación condensada de la literatura brasileña, ¿has notado esa búsqueda en el campo de lo formal, del lenguaje o de nuevas miradas sobre los mismos temas?

En ese panorama hay de todo, pero también existe una necesidad de pensar Brasil, de mirar ciertas clases sociales, formas de hablar que no son las más visibles. Es una tendencia. Hay autores preocupados con experimentos de lenguaje, siguiendo a Guimaraes Rosa. Hay ficción urbana también. Y vimos una tendencia muy de este siglo donde se piensa a Brasil desde el exterior. Personajes que están de viaje y que relatan experiencias desde otros países. Mucha gente joven describiendo personajes que están fuera de Brasil, en tránsito. Hay 20 cosas más.

Quizá necesitemos tiempo y distancia para poder mirar la literatura de ahora.

Mencionabas la frase “pensar Brasil”. ¿Crees que la literatura está reflexionando sobre el país a raíz de los cambios sociales que está experimentando desde hace algunos años?

Está de forma indirecta. Se habla de eso pero no es el tema principal. Es una forma de pensar Brasil. Si alguien escribe un libro donde se habla de la vida de Rio de Janeiro, de las favelas, de la violencia urbana, es una forma de pensar el país. Está diluido. Es algo que es parte de la Historia.

¿Los libros concursantes provienen de autores que ahora mismo están marcando la pauta en la literatura brasileña hoy?

Hay de todo. Hay autores desconocidos, gente que publicó su propio libro, pero 150 libros no es proporcional con la cantidad de gente que está escribiendo hoy en Brasil. Pero muchos son conocidos, gente que ha ganado premios y está haciendo una literatura muy importante. Hay autores jóvenes también. De todas formas, es bastante representativo.

Creo que más gente se interesaría por el Premio si se supiera más. Hay que circularlo más en Brasil para que llegue a más personas. Sé de mucha gente que no envió porque no sabía. Dejaremos los contactos aquí.

Un dato que me llamó la atención en tu ficha: ¿Por qué una maestría en Comunicación?

Yo estudié Periodismo porque quería ser escritora, es algo muy frecuente en Brasil. Pero descubrí en la mitad de la carrera que era una pésima periodista, no tengo talento. Dije, esto no me sirve. Pero quería salir de Brasil. En Alemania me ofrecían una beca de maestría para estudiar pero debía terminar la carrera. Entonces, seguí, la terminé y me fui a Alemania y allí leí mucho y eso fue una formación paralela a la maestría.

Prometo que con estas cierro: ¿cuándo tuviste conciencia de que querías ser escritora, y por qué esa necesidad de salir del país?

Conciencia desde que aprendí a leer. Creo que las ganas de ser escritora vienen de un enamoramiento de la lectura. No creo que se pueda ser escritor sin leer mucho. Fue mi primer amor. Desde muy pequeña los libros eran un mundo apasionante, y de ahí vino la idea por qué no escribir mis propios libros.

Siempre, cuando me preguntaban cuando era niña qué quería ser, yo respondía escritora, y era un poco raro.

Nunca cambió. Todo lo que he hecho es porque quise ser escritora. Cuando me fui a Alemania era pensando en eso.

Quise vivir en otro país para tener otra experiencia, de conocer otras maneras de pensar, de leer otras cosas. Todo era un proyecto para ser escritora.

Siempre me ha llamado la atención el viaje, pero no como turista, eso no me interesa. Me interesa vivir uno o dos meses, a veces un año, en otro lugar, y construir en ese sitio una vida cotidiana. Para mí viajar es una forma de entender al otro, cómo piensa, cómo vive. Creo que viene de un interés por las otras personas.

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