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la América Latina

• La Habana, Cuba

Estamos asistiendo a una propulsión simultánea de instituciones integracionistas en nuestra América. La pregunta en cuestión es la siguiente: ¿garantizan estos procesos una integración efectiva? ¿Qué ejemplo podemos tomar de empresas similares en otras partes del mundo? ¿Cuáles son los obstáculos y las perspectivas de una auténtica integración latinoamericana?

Esas preguntas condujeron las intervenciones del panel Avances, dificultades y perspectivas de la integración independiente en nuestra América, que abrió los encuentros con los miembros del jurado del Premio Casa de las Américas, el 28 de enero último, una de las tradiciones más esperadas del certamen anual.

En esta ocasión, tocó al historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy abordar los antecedentes del proceso integracionista de América Latina y el Caribe, en el contexto de una eclosión de cambios sociales y políticos excepcional en nuestra historia.

El estudioso —quien fue uno de los miembros del jurado de Ensayo histórico-social, y ganó en 2010 el Premio Extraordinario sobre el Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana con su libro Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina— afirmó que se trata de un proceso sin precedentes, salvo por “aquel momento cenital, cuando todavía no se había acuñado el término de América Latina” para definir la región.

Recordó que también entonces el proceso integrador estuvo asociado a un país que desempeña ahora un papel fundamental: Venezuela, y evocó las figuras de Francisco de Miranda, Bernardo O´Higgins, Antonio Nariño y Simón Bolívar.

Asimismo, alertó sobre las influencias externas que ya entonces atentaron contra la idea de la unidad, una preocupación que otro de los integrantes del panel, el colombiano Renán Vega Cantor, recuperó, al plantearse varios de los problemas que a su juicio pueden limitar o sabotear la integración real.

En principio, el ensayista celebró la existencia de organizaciones regionales donde ya no está presente de manera directa EE.UU., pero apuntó que es necesario cuestionarse si la integración es un asunto puramente geopolítico o tiene que ver con un proceso más profundo de reestructuración social que acabe con las desigualdades.

Alertó que semejante cambio regional no puede basarse en un modelo de siglos pasados, fundado en el extractivismo, en economías primario-exportadoras y que descuida los recursos naturales de las naciones implicadas.

Además, insistió en la necesidad de atender a la diversidad regional, y a la importancia de que la integración alcance áreas que garanticen la subsistencia de nuestros países, como la educación y la cultura.

El ensayista francés Salim Lamrani, por su parte, se centró en el papel de los medios como mecanismos del poder imperial estadounidense y europeo para desestabilizar los procesos integracionistas, y puso ejemplos de la situación de aislamiento que durante décadas ha afectado a Cuba.

El propio lunes 28, mientras en el país se recordaba el aniversario 160 del nacimiento de José Martí, tuvo lugar una lectura de poesía en la sala Manuel Galich de Casa de las Américas, en la que participaron Fernando Balseca (Ecuador), Rafael Courtoisie (Uruguay), Joserramón Melendes (Puerto Rico), Teresa Melo (Cuba) y Arturo Carrera (Argentina), integrantes del jurado de ese género, y se realizó la presentación del poemario Bajo la plumilla de la lengua, de este último.

Los paneles del Premio continuaron el 29, desde las 11 de la mañana, con la mesa América indígena: pensamiento y creación, que contó con la participación del paraguayo Ticio Escobar, el boliviano Esteban Ticona y el guatemalteco Emilio del Valle Escalante, quienes integraron el jurado del Premio Extraordinario de estudios sobre las culturas originarias de América.

Fue uno de los momentos que el evento dedicó al también guatemalteco Manuel Galich, apasionado defensor de estos estudios, y cuya impronta marcó varias de las áreas de trabajo de la Casa de las Américas.

A partir del concepto de “intelectuales indígenas”, el sociólogo y profesor Ticona abordó el caso concreto de Bolivia, y se refirió a cómo hombres y mujeres de raíz indígena, vinculados generalmente al mundo académico, se apropian conscientemente de ciertas herramientas del colonizador como el idioma, la palabra escrita, el libro y la crítica, para develar la realidad de nuestros países.

Asimismo, llamó a continuar generando un pensamiento propio desde y sobre el continente, que derrumbe los modelos del colonialismo cultural, intelectual y académico, afincado, entre otros prejuicios, en una visión machista que obvia a las mujeres y que ve al hombre como centro de la naturaleza.

Por su parte, Del Valle Escalante se refirió a las reivindicaciones políticas actuales en Guatemala, que abogan por un enfoque distinto de la cultura indígena, y recordó el periodo de los años 80 del pasado siglo, cuando la guerra civil en esa nación centroamericana se ensañó especialmente con la población originaria.

Con respecto a la propuesta de interculturalidad que promueve el gobierno de su país, explicó que —aunque con muchas limitaciones— permite a los mayas educarse en su propia lengua, además del castellano, al tiempo que pretende familiarizar al resto de la población local con el respeto a la diversidad y la cultura del otro.

Igualmente destacó el relieve que textos como el testimonio de Rigoberta Menchú, en 1983, han contribuido a darle a otros documentos mayas que ahora tienen mayor visibilidad, y celebró la realización de este Premio Extraordinario.

El crítico, investigador de arte, curador y promotor paraguayo Ticio Escobar, se centró en el tema de la “creación”, y destacó el carácter contemporáneo de la producción cultural indígena, que guarda relación con la idea de que estos pueblos puedan mantener vivos sus “núcleos o matrices simbólicas”, para significar y relacionar el mundo.

“La cultura es la representación o escenificación de la propia sociedad”, enfatizó Ticio, de quien fue presentado, al cierre del panel, el libro La belleza de los otros, publicado este año por el Fondo Editorial Casa de las Américas.

Al testimonio y algunas formas de promoción literaria estuvo fundamentalmente consagrada la siguiente mesa, en la que participaron Edda Fabbri (Uruguay), Juan Carlos Volnovich (Argentina), Félix Julio Alfonso López (Cuba), y los brasileños Marcelino Freire, Carola Saavedra y Suzana Vargas.

Fabbri, quien es autora de Oblivion, libro premiado por la Casa de las Américas en 2007, eligió leer los móviles que la llevan a “Fabular un país, testimoniar una literatura”, en tanto los brasileños fijaron sus enfoques en la importancia de “traducir” las realidades de nuestras naciones y enseñar a nuestros pueblos a “leerlas”.

El sicoanalista argentino Juan Carlos Volnovich agregó un ejercicio de desmontaje de los mecanismos de creación literaria, advirtiendo que en ese proceso se juega “la posibilidad de sostener un espacio de resistencia al desmantelamiento simbólico; una invitación a resistir el arrasamiento subjetivo; una oposición significativa al vértigo indetenible que imponen los flujos consumistas; una porfiada obstinación en conservar la distancia de los imperativos que nos pretenden productivos, eficaces, exitosos, acríticos y líquidos”.

Los jurados de Novela intentaron, en el último panel del programa del Premio Casa, responder a la pregunta: “¿(Por) Qué narrar?”, y la mesa abrió con “reflexiones provisorias y fragmentarias” del chileno Sergio Missana, quien se refirió, entre otros temas, al papel del narrador hoy como entidad capaz de dar sentido al relato, en un contexto donde se impone la estética de la película Memento y la fragmentación de la memoria y la narratividad.

La argentina Liza Porcelli, ganadora el pasado año en la categoría de Literatura para niños y jóvenes con la novela Mi hermano llegó de otro planeta un día de mucho viento, tras explicar brevemente que narra para los chicos porque está fascinada por su perspectiva, eligió leer fragmentos de