Umberto Peña: regreso a un pintor visceral

Silvia Llanes • La Habana, Cuba

La selección de un conjunto de obras enmarcadas entre 1963 y 1971, conforma esta muestra personal de Umberto Peña para la Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas. Con ella culmina el ciclo de exposiciones que, desde abril de 2012, ha procurado mostrar parte de la colección de obras de la Casa, bajo el prisma de la Nueva Figuración.

Imagen: La Jiribilla

La colaboración del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y la gentileza de amigos que han prestado sus obras para realizar la muestra, permite completar el diseño curatorial de esta exposición que busca establecer su centro en ese denominado por algunos observadores agudos “terreno movedizo”, donde se desplazaba la producción de Peña en los años 60.

A mitad del camino entre abstracción y figuración, y, finalmente, desembocando en una particular versión del arte pop, Umberto Peña hizo viajar sus impulsos creativos entre el grabado, la pintura y el diseño gráfico. Si para muchos asumir la presencia del pop en su obra fue una explosión de vitalidad, dinamismo y color, es posible establecer en la producción anterior, marcada por la Nueva Figuración, esa misma fuerza avasalladora de vitalidad y desgarramiento expresivo que permanece para siempre en su pintura.

El arte producido en Cuba al calor de la influencia de la Nueva Figuración ha sido poco estudiado. No sería justo decir que ha sido preterido en las investigaciones historiográficas del arte cubano, pero pasa como una pequeña cuña, encajada entre las disímiles propuestas abstractas de los 50 y la llegada del pop y hasta el fotorrealismo de finales de los 60 y principios del 70.

Umberto Peña, junto con Raúl Martínez y Servando Cabrera Moreno, completa el grupo de creadores a los cuales podría añadirse Ángel Acosta León, Chago Armada, e, incluso, Alfredo Sosabravo y otros, lamentablemente menos conocidos, como Manolo Vidal. Ellos acompañan a Antonia Eiriz, el rostro visible de la Nueva Figuración cubana.

   Imagen: La Jiribilla

Muchas veces insistió Cabrera Moreno en su “pasión por lo humano” y en la importancia que concedía al individuo y sus luchas existenciales. Esta preocupación está implícita en el grupo de creadores que en la década del 60 experimentó con un lenguaje que no desdeñó la belleza de la violencia y la visión incisiva ―pudiera pensarse que hasta escatológica― de los cuerpos, los miembros desgarrados, las carnes abiertas o desmembradas, ofrecidas no solo como producto de la muerte o el dolor, también de la voluptuosidad y el erotismo.

Los cuerpos lacerados y la carne expuesta pudieran considerarse una metáfora de la época en que Peña vive y crea, de la intensidad de esos procesos históricos de los que fue testigo. Peña parece estar todo el tiempo moviéndose en los puntos más vibrantes de la década: La Habana, México, París… A su vez, moviéndose en torno a sí mismo y a sus inquietudes expresivas: grabar, pintar, diseñar… observar, intercambiar a partir de la llegada a las obras de los maestros europeos ―antiguos y modernos, desde Rembrandt hasta Soutine―, el conocimiento de sus contemporáneos ―como Saura trabajando sobre discursos neoexpresionistas, comunes en la producción de los artistas cubanos―, o descubrir los puntos de contacto con las propuestas estéticas de Francis Bacon y Willem de Kooning o Jasper Jones.

En Umberto Peña: regreso a un pintor visceral puede contemplarse la efectividad de las diferentes expresiones gestuales. La vitalidad y fuerza agresiva subyace en cada desgarrón, cuerpo sangrante o víscera desplegada, y se perciben las mismas resonancias líricas que acompañan a los pequeños “seres” zoomorfos de sabor prehistórico, clavados sobre el papel, que nos provocan con sus bocas abiertas y sus cuerpos rojos. Peña incita al movimiento a través de los cuerpos en marcha, y a la inconformidad con las dianas marcando el corazón y el centro del individuo, porque en este regreso, toda experimentación ha sido válida para ofrecer la permanente intensidad de la vida y la acertada capacidad para expresarlo con su arte.

Palabras del catálogo de la exposición Umberto Peña: regreso a un pintor visceral. La Habana, enero 2013.

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