Artcrónica: para pensar el arte

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

El sábado 2 de febrero, en la galería Servando de La Habana, se presentó el Nro. III de Artcrónica, revista bimestral concebida para promover la reflexión y el pensamiento sobre las artes visuales en las Américas y el Caribe, para la presentación y legitimación de obras y autores de la región.

Imagen: La Jiribilla

El crítico y curador cubano David Mateo, director y editor de la publicación, aseguró en entrevista exclusiva con La Jiribilla que, aunque Artcrónica es internacional y posee la autonomía de movimiento que presupone Internet, sus realizadores pretenden tener “una relación estrecha con los artistas y las instituciones cubanas”.

Mateo, dice, tiene que agradecer, fundamentalmente, el apoyo entusiasta ofrecido al proyecto por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), “especialmente a la pintora y grabadora Lesbia Vent Dumois y al escultor José Villa Soberón”, quienes además, desempeñan cargos directivos dentro de esa institución y que han “defendido y respaldado a Artcrónica”.

Según subraya su director, iniciar el proyecto en la Red de redes —aunque sueña convertirlo al papel— es más económico: “son mucho menos los recursos que hay que invertir, además Internet propicia el acceso a determinados sectores y facilita la comunicación con América y el Caribe”; sin embargo, está consciente de que lo que diferencia una publicación impresa de una digital es el soporte, la esencia continúa siendo la misma. “Pensamos hacer un anuario impreso que incluya una selección de los textos más importantes publicados en los 12 meses anteriores”, para lo cual se contará con el respaldo económico del Fondo Cubano de Bienes Culturales.

“Nos interesa mucho el pensamiento en torno al arte. El sistema editorial de América y el Caribe ha perdido espacios dedicados a la reflexión, a la crítica, al pensamiento duro en torno a la creación, a la teoría... La intención de esta revista es favorecer esos espacios que se han ido olvidando y, hasta cierto punto, abandonando”.

Y en ese voltear la espalda al pensamiento crítico, ¿considera que las revistas de arte —tanto impresas como digitales— van más por los caminos de la promoción y la publicidad que por el del análisis profundo en torno a lo que están haciendo los artistas de América y el Caribe?

Sí. Estamos viviendo un periodo muy  pragmático dentro del mundo del arte —también a nivel de la sociedad, de la política y de la economía— y ese fenómeno se refleja en todos los procesos que se están llevando a cabo en el terreno de las  artes plásticas, también en el editorial. Incluso, revistas históricas y prestigiosas han ido priorizando el tema de los reportes económicos. En otras palabras, la venta de publicidad en función de sostener el proyecto y de captar un dinero, que es imprescindible, ha conllevado que se releguen los espacios para la crítica y la teoría. Es muy peligroso que ese sentido pragmático sea el que defiendan esas revistas.

¿Cuáles son las consecuencias que puede traer?

El riesgo es que empieza a estar en crisis el sistema de valores, que es el que legitima, el que acredita las tendencias, los artistas, los procedimientos, las formas de construir el arte histórico en América y el Caribe.

Por otro lado, se está definiendo una nueva relación entre el editor y el artista, entre el editor y el crítico de arte, que está mediada y definida por el dinero. O sea, si tienes para pagar un espacio, si puedes solventar un lugar dentro de la revista, entonces vas a tener una prominencia o un protagonismo. Lamentablemente, hay revistas  que circulan en el Caribe que —públicamente, y no tienen ningún prejuicio en decirlo—‘venden sus espacios de contenido’. Está bien que se vendan los espacios publicitarios porque las revistas se sostienen con el apoyo de los artistas y de las publicidades, pero una cosa es que se utilice la publicidad como un recurso de supervivencia y otra que vendas tus espacios de contenido a cualquiera que pueda pagar.

En otras palabras: si el artista tiene una determinada cantidad de dinero, aun cuando su obra no tenga los valores suficientes, puede legitimarse sin merecerlo.

Efectivamente.  Eso ocurre en muchos países y, lamentablemente, ya en Cuba está asomándose ese fenómeno. Hay ciertos espacios en los que están siendo legitimados artistas sin una obra sólida y consumada, porque poseen los recursos para hacer un catálogo, para acceder a determinados espacios de promoción, para influir sobre personas puntuales y eso lastra el sistema de valores.

Artcrónica pretende dar otra alternativa, ofrecer un espacio para que el pensamiento y el valor del artista sea el que pese sobre la decisión de los editores y se mantenga el respeto entre el artista, con sus propios méritos creativos, y el editor a partir de lo que considera que puede ser bueno o no, o de lo que vale o no.

Pero todo eso tiene que ver con las políticas culturales…

Tiene que ver con una política cultural y tiene que ver, también, con un pensamiento cultural, con una postura ética ante el arte y ante la creación. Lo menos que se puede hacer en un país como Cuba —donde tan importante ha sido el valor de la obra y del artista— es mantener a toda costa esos espacios, esas alternativas para que el buen arte y la buena obra prevalezcan por sobre la mediocridad y el oportunismo.

¿Cómo se da la proyección visual de Artcrónica? ¿Para qué sirven las nuevas tecnologías en función de la promoción del arte que se genera desde este proyecto?

Si algo beneficia a esta iniciativa editorial que, por el momento, se mueve en el mundo digital, es la posibilidad de que los espectadores vean la obra, interactúen con los procesos del audiovisual o se incluyan entrevistas dinámicas.

Nos ayuda mucho el hecho de que no tenemos una cantidad específica de páginas; un número de nuestra revista puede contar con 80 páginas y otro con 112, y esa es una posibilidad que solo brinda el mundo digital. Pero, también el mundo digital —según mi concepción, que a veces es un poco conservadora— crea un cierto atiborramiento de efectos gráficos en las propuestas de diseño que no favorece una contemplación directa y efectiva de la imagen.

Las artes plásticas requieren, fundamentalmente, una mirada directa al espacio, una claridad para poder valorar, y eso lo está defendiendo Artcrónica. Aun cuando estamos en los medios digitales, tratamos de realizar una revista limpia, sintética en su concepción, en la que la obra respire, los párrafos sean legibles y en la que las propuestas del diseño y la composición, el empleo de colores, no entorpezcan la lectura de las columnas de texto… Estamos haciendo una revista dentro del mundo digital —y creo que ese ha sido uno de sus éxitos— con una concepción no anquilosada, pero sí sobria y de cierta manera conservadora en cuanto a la manera de exhibir el arte y de mostrar los textos. Es una revista muy visual y de contenidos, para contemplar y leer; por lo tanto, tenemos que hacerla también lo más sencilla y potable posible.

¿Qué autores convoca Artcrónica?          

Tenemos la fortuna de contar con excelentes especialistas tanto cubanos como de otros países como México, Brasil, Paraguay, Chile, Venezuela, Canadá, EE.UU., República Dominicana, Martinica, San Vicente y las Granadinas, Colombia, Jamaica, Puerto Rico y Argentina. Mi estrategia fue crear desde Cuba —porque vivo aquí y tengo los recursos que me aporta la realidad cubana— una revista para toda América y el Caribe y parecía un sueño muy pretencioso, pero se logró. En la revista han publicado especialistas como Antonio Eligio Tonel, Magaly Espinosa, Yolanda Wood, Dominique Brebion, Félix Suazo, Gerardo Mosquera, Adriana Almada, Jorge Fernández, Suset Sánchez, Maylinn Machado, Norberto Codina… Ha estado presente el pensamiento de Marek Bartelik, presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y de Ticio Escobar—que fue ministro de cultura en Paraguay y un hombre con un pensamiento filosófico de mucho peso—. Al inicio de este proyecto estuvo muy cercano a mí el ensayista y crítico de arte Rufo Caballero con quien tuve una relación estrecha. Desafortunadamente, Rufo falleció, pero hubiera sido un colaborador permanente, como lo fue en mi proyecto editorial anterior: la revista Arte por Excelencias. Por la vía de los contactos y las relaciones se ha ido creando un sistema de colaboradores muy fuerte que está creciendo de manera acelerada.

¿Diseñadores…?

Fundamentalmente dos: una joven profesional que se ocupa de toda la composición y el diseño que se llama Yodanis Mayol, y como director de arte tenemos a Pepe Menéndez con quien, por cierto,  fundamos hace unos años la revista Dédalos, de la Asociación Hermanos Saíz. Entre todos concebimos la visualidad de la revista y creo que hemos logrado un producto sobrio, pero con virtudes desde el punto de vista del diseño.

¿Cómo se organiza cada número? ¿Estructuralmente, cómo se le da cuerpo a Artcrónica?

Es una revista naciente, y por eso es difícil que, con tiempo suficiente, se puedan meditar y prever las ediciones. Sinceramente, no es así. Como la revista está aún emergiendo, ella misma en su construcción tiene esa dinámica de lo noticioso o fortuito, de lo eventual, contingente, y así hemos logrado armarla.

La revista publica textos, en sentido general, sobre temáticas, eventos, ferias, acontecimientos, procesos creativos interesantes de la región y tiene tres o cuatro sesiones fijas que, poco a poco, van encauzando el camino editorial. Por ejemplo, tenemos un espacio consagrado  a la teoría que se llama Pensamiento tosco, que coordina Magaly Espinosa. La línea, dedicada a la historieta y a la caricatura porque me ha interesado —en todas las publicaciones en que he trabajado— hacer un énfasis en esta manifestación, que ha quedado un poco preterida. De hecho, en el primer número estuvo Ajubel, un destacado caricaturista cubano que desde hace unos años reside en España. En la década de los 80 la caricatura en Cuba fue muy importante y se fue perdiendo su presencia debido a que desaparecieron los soportes para publicarla.

¿La línea es solo para publicar caricaturas e historietas, o para reflexionar desde la teoría?

Me acabas de aportar una idea y, quizá, en un momento determinado, pudiera incluir teoría sobre la caricatura, pero por el momento estamos publicando solo la obra en sí.

¿Y la sección En galería?

Una de las grandes virtudes que da el espacio digital es que se puede construir una galería en Internet con obras, con videos, con fotografías y, por supuesto, con entrevistas. Una de las primeras galerías que publicamos fue la de René Francisco a partir de su exposición Viejo verde, que se exhibió en el Museo Nacional de Bellas Artes, de La Habana. Publicamos absolutamente todas las obras y le hicimos una entrevista al artista. En galería da la oportunidad de ir documentando las exposiciones que están ocurriendo en el área América y el Caribe —al menos a las que tenemos acceso—. Publicamos una muy interesante exposición colectiva que coordinó el curador Kevin Power, en Cartagena de Indias y documentamos otra muestra que hizo hace muy poco Dominique Brebion, presidenta de la Asociación de Críticos de Arte de Martinica, en Guadalupe.

En el Número II de la revista documentamos la exposición de carteles internacionales itinerantes que se exhibió en Brasil y, hace poco, en Casa de las Américas, y una exposición de Alexander Arrechea en Nueva York. Quien acceda a Artcrónica más allá de leerse los textos, tiene la posibilidad de ver exposiciones porque hay un sitio creado, construido, con todo el diseño digital para disfrutar las distintas muestras, incluso, hay una opción panorámica en la que se aprecia el espacio y se ve cómo está solucionada la museografía. Es, casi, un paseo virtual.

¿Qué artistas cubanos han tenido presencia en la revista?   

En el primer número incluimos a René Francisco con la exposición Viejo verde, la caricatura de Ajubel, el grupo The Merger —integrado por Mario Miguel González (Mayito) y Alain Pino—. Hay una entrevista —no es artista, pero sí es una figura de peso— con Jorge Fernández, el director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, hablando de la Bienal de La Habana y esa conversación dio pie a que colgáramos imágenes de artistas cubanos que habían sido invitados a la Bienal.

En el segundo número publicamos un texto valorativo de Maylin Machado sobre la Bienal de La Habana; dedicamos un reportaje al encuentro de Gabriel Orozco con estudiantes del Instituto Superior de Arte; se colocó la exposición de Alexander Arrechea en Nueva York, y una entrevista con Ela Cisneros disertando sobre el arte cubano y su interés por traer a La Habana su colección  —por cierto, varias preguntas giraron en torno a su deseo de trabajar con artistas cubanos—. Como la revista se hace con el apoyo de un grupo de artistas cubanos, la visualidad de la publicación está muy permeada por esa óptica; es decir, se puede ver mucha obra de creadores del patio: Carlos Quintana, Reynerio Tamayo, Rubén Alpízar, López Pardo, entre otros que han apoyado solidariamente y desde el principio el proyecto. Igualmente, publicamos íntegramente una conferencia que impartió el importante crítico cubano de arte, Gerardo Mosquera, sobre las concepciones curatoriales de Photo España.

El tercer número, incluye una historieta de Reynerio Tamayo; un texto del ensayista cubano Norberto Codina sobre la labor de Julio Girona como escritor porque queremos potenciar un espacio dedicado a la memoria que se llamará Anales; tenemos un texto muy importante que habla sobre la repercusión que está teniendo fuera de Cuba el diseño gráfico, escrito por Cristina Figueroa, que se ilustrará con obras. Informamos sobre la inauguración de la Casa Daros Latinoamericana en Brasil, y también se incorpora un trabajo sobre una exposición de la artista chilena Klaudia Kemper. En el espacio de teoría pura, Pensamiento tosco, publicamos un conversatorio sobre la obra del artista cubano Lázaro Saavedra que se impartió en Quito, Ecuador, y que fue coordinado por la galería Arte Actual. Además, se pueden ver obras del diseñador mexicano Alejandro Magallanes y las piezas de René Peña, Aimee García, Jorge Otero, Adonis Flores y Adrián Milanés que estuvieron en el evento Photo Aix, en Francia.

Apenas estamos poniendo en la Red el tercer número de Artcrónica y mucho nos queda por hacer, pero la voluntad de esta publicación es que, con el tiempo, se convierta en referente de lo mejor del arte que se está generando en las Américas y el Caribe. Para eso trabajamos.

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