1990: Memorias del último Festival
de Teatro para Niños en Cuba

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

I

Hace más de 20 años los teatristas para niños y de títeres en Cuba, celebramos la última edición de un sistema de eventos de la manifestación que se inició en 1965. Aunque el festival casi siempre se efectuó en la Capital, ocasionalmente viajó a las provincias de Camagüey, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Santiago de Cuba. En esta última tuvo lugar del 11 al 18 de noviembre de 1990, la edición número XI del que, por primera y única vez, fue nombrado Festival Internacional de Teatro para Niños, pues contó con la presencia de los grupos Teatro de Sombras de Moscú, de la antigua URSS, La quimera de plástico, de España, y el Teatro de La Guimbarde, de Bélgica. Unos 16 conjuntos nacionales, provenientes de Pinar del Río (Grupo Caballito Blanco), La Habana (Teatro Nacional de Guiñol, Joven Teatro de Marianao, Teatro de Sombras de La Habana, Grupo Raúl Gómez García, Grupo Ismaelillo y Teatro de Muñecos Okantomí), la antigua provincia Habana (Guiñol Los cuenteros), Isla de la Juventud (Grupo La toronjita dorada), Matanzas (Teatro Papalote), Cienfuegos (Grupo Caña brava), Villa Clara (Guiñol de Santa Clara), Ciego de Ávila (Guiñol de Ciego de Ávila), Camagüey (Guiñol de Camagüey), Santiago de Cuba (Guiñol Santiago) y Guantánamo (Guiñol Guantánamo Esopo), conformaron la muestra escénica de la Isla.

Imagen: La Jiribilla
Ague el pavo real y las guineas reinas, Guiñol Santiago.

 

El país estaba en el inicio del llamado Periodo especial. Recién se había aprobado el sistema de proyectos teatrales, procedimiento que intentaba agilizar y cambiar las prácticas de la escena cubana. Comenzaban a escasear los alimentos, el combustible y los insumos materiales para vivir y producir nuevos montajes para las tablas. Hablar sobre esa última edición, cuyo cartel exhibía a un pequeño juglar con su trompeta y el estandarte anunciador de la fiesta, es retrotraernos a un tiempo pasado, al periodo definitorio de lo que es hoy nuestro presente teatral y titiritero para niños, a una época de saltos, cambios, riesgos, de encuentros y desencuentros.

Cinco sedes teatrales sirvieron de marco a los espectáculos de sala, el Teatro Martí, la Sala El Mambí (sede del guiñol santiaguero), la Sala Van-Troi (sede del Cabildo Teatral Santiago) y el Teatro Dúplex, antiguo cine del populoso Distrito Urbano José Martí, junto con otros espacios abiertos que acogieron más de 70 funciones, aplaudidas por aproximadamente 10 000 espectadores. La calurosa Ciudad Héroe vivió el jolgorio para niños y adultos a tope. La prensa plana, la radio y la televisión provincial y nacional, cubrieron todas las actividades con fruición, como si intuyeran que vivirían la última fiesta del siglo XX, la única que reunió exclusivamente a los hacedores de teatro para los más pequeños y jóvenes, desde el escenario y el retablo. La posible continuidad fue asumida en 1991 por el Teatro de la Villa, de Guanabacoa, que inició sus actualmente interrumpidos encuentros de teatristas profesionales. Teatro Papalote, en 1994, abre su Taller Internacional de Títeres, que ya va para la XI edición en 2014 y acogerá, además, el Consejo Internacional de la Unión Internacional de las Marionetas. Comenzaron los grupos de la especialidad infanto-juvenil a ser incluidos en la programación del Festival Nacional de Teatro de Camagüey, y el Internacional de Teatro de La Habana, además de aparecer en otros eventos provinciales. Hasta una muestra llamada Memoria viva, organiza el Consejo Nacional de Artes Escénicas, con un panorama de lo mejor producido en el territorio desde San Antonio a Maisí. Nuevas acciones artísticas se han producido posteriormente, organizadas por los propios conjuntos teatrales e instituciones como la UNEAC, la AHS o la UNIMA, más nunca han vuelto a reunirse actores y titiriteros como en el recordado 1990.

II

El repertorio compuesto por las versiones de las obras literarias y los textos originales salió vencedor por mayoría en las puestas en escena presentadas por los grupos en Santiago de Cuba. Le siguieron las obras clásicas de la dramaturgia titiritera y las piezas dramáticas inspiradas en temas del folclor afrocubano. Los pinareños de Caballito Blanco pusieron en retablo con dirección artística de Luciano Beirán, el cuento del mismo nombre del escritor cubano Onelio Jorge Cardoso. Para el actual Teatro de La Villa, entonces Grupo Raúl Gómez García, de Guanabacoa, Armando Morales montó El mago de Oz, según la versión de Abelardo Estorino sobre la novela escrita por Lyman Fran Baum. El desaparecido Teatro de Sombras de La Habana, bajo la dirección del marionetista y realizador Alberto Palmero, representó La guerra de los yacarés, del cuentista latinoamericano Horacio Quiroga. Del autor inglés Rudyar Kipling es La gata que iba sola, cuento dramatizado que llevó a las tablas el Teatro Nacional de Guiñol bajo el mando de Eddy Socorro, una producción que ligaba música original, artes plásticas y actores en vivo. El mismo grupo presentó el unipersonal titiritero Redoblante y Meñique, con el joven Lázaro Duyos, dirigido por el maestro Armando Morales e inspirado en la versión de Francisco Garzón Céspedes sobre el cuento del inteligente pequeñito, recogido en La Edad de Oro por José Martí. Reaparece la pluma de nuestro Apóstol, tanto en el montaje Bebé, realizado con títeres de guante y versión de Ricardo Garal, sobre la narración del mismo nombre para el grupo La toronjita dorada, de la Isla de la Juventud, como en la versión escénica de Enrique Poblet sobre el cuento de Martí y Laboulaye, El camarón encantado, para el grupo cienfueguero Caña brava, una escisión del antiguo guiñol de esa provincia. El guiñol santiaguero aportó dos producciones con muñecos, inspiradas también en narraciones literarias, El principito, de Saint-Exúpery, en versión de Ana María de Aguero y Bibí, sobre la fábula del cubano David García, con versión y puesta en escena de Ramón Pardo.

Los autores cubanos con textos originales presentes en el festival santiaguero fueron: Ernesto Prieto, novel creador del Teatro Nacional de Guiñol, con Dos y una noche, puesta experimental para 30 personas, que potenciaba la labor actoral y el teatro para jóvenes. Dargel Marrero, escritor de la obra El extraño caso de la zorra gallina, defendido titiriteramente por el Guiñol Los cuenteros de San Antonio de Los Baños, bajo la firme guía del desaparecido maestro Félix Dardo. De Salvador Lemis, autor con una prolífica labor para niños aún no publicada de forma total en el país, Teatro de Muñecos Okantomí, con montaje de Martha “Rirri” Díaz Farré, representó Un girasol pequeñito. René Fernández, dramaturgo de una extensa obra dramática literaria para los infantes, rescribió su Historia del papalote que llegó a la luna, de los años 60, y la convirtió en Romance del papalote que llegó a la luna, puesta para actores y objetos manipulados con su Teatro Papalote. Lázaro Rodríguez, dramaturgo avileño, participó con su texto El árbol Tín, obra con muñecos presentada por el guiñol de esa provincia. De Eddy Díaz Souza, es la pieza dramática La oruga se fue a la guerra, presentada por el guiñol camagüeyano con el nombre Simplemente amor, mezcla de actores y elementos manipulados, con versión y dirección de Mario Guerrero. Jorge Ibarra es el autor de la obra con títeres La jutía aventurera, que dirigió para el Guiñol Santiago José Saavedra, y Carlos Leyva Bonaga fue el autor y director de la obra El pájaro feo, una puesta actoral para el guiñol guantanamero, llamado Teatro Esopo en 1990.

Imagen: La Jiribilla
Un girasol pequeñito. Teatro de Muñecos Okantomí

 

Ramón Rodríguez es el autor de Los ibeyis y el diablo, versión del patakín yoruba, que desde aquellos tiempos interpreta el popular titiritero Adalett Pérez, integrante por aquellos años del Grupo Ismaelillo. El siempre recordado Bebo Ruíz fue el autor de El camino y los pasos, una leyenda presentada con el desaparecido Joven Teatro de Marianao. René Fernández es el autor y director del montaje para jóvenes y adultos Obiayá Fufelelé. Máscaras, marottes y actuación en vivo fueron las técnicas utilizadas en esa obra por el Teatro Papalote. Yulki Cary Córdoba, es la dramaturga de Okan Deniyé, la dama del ave real, montaje con títeres expresionistas de gran tamaño, dirigida  para el guiñol santaclareño por Iván Jiménez, otro maestro inolvidable. De su autoría es también Agué el pavo real, otra puesta con grandes figuras, dirigida por Rafael Meléndez para el Guiñol Santiago. Vuelve Carlos Leyva Bonaga con Esopo de Guantánamo y su texto Orula miente o no miente, que privilegió también la labor del actor en vivo.

Un autor clásico como Federico García Lorca, aparece en solitario a través de El retablillo de Don Cristóbal, puesta en escena para jóvenes y adultos de Mario Guerrero con los titiriteros camagüeyanos. Las estéticas de los grupos extranjeros invitados marcarían los nuevos espectáculos nacionales por venir. Las sombras exquisitas de los rusos para la obra El circo de mi infancia, abrirían la puerta de las visitas de grupos como la Compañía Amorós et Augustin, de Francia, y los maestros italianos Fabricio Montecchi y Nicoletta Garioni, del muy conocido Teatro Gioco Vita, a la vanguardia en el mundo en esa milenaria técnica. Recientemente, el sombrista brasileño Marcelo Andrade, del Teatro Karawozk, impartió un curso en la ciudad de Matanzas. Los españoles de La quimera de plástico trajeron dos vertientes escénicas, la obra Ensalada de bandidos, donde actores y escenografías reinaban en escena, y la tradicional Historias y travesuras de Cristobita, con puros títeres. Los belgas de La Guimbarde y su puesta Pequeñas cosas, grandes tesoros, dieron una lección de buen gusto a nivel de montaje, actuación y diseño escénico, mostrándonos a intérpretes con un depurado dominio del cuerpo, la voz y la animación de trajes y elementos escenográficos.

III

Los grupos y espectáculos ausentes a la última cita en Santiago de Cuba, fueron el Teatro Buendía, de La Habana, con importantes montajes para niños en esos tiempos: Monigote en la arena y Un elefante ocupa mucho espacio, dirigidos por Nelda Castillo, obras pensadas para el lucimiento actoral con manipulaciones de elementos escénicos. La enú de Ayapá, un interesante acercamiento escénico al folclor yoruba, con actores y muñecos, respaldado por los Teatreros de Orilé, de Mario Morales, integrado por antiguos miembros del Teatro Anaquillé. Calidoscopio, un grupo de títeres nacido de la desactivación del Teatro El Galpón, del municipio Diez de Octubre, en La Habana. El Frente Infantil de Teatro Estudio y La Cenicienta montada con actores por Luis Brunet. Almacén de los mundos, colectivo joven proveniente del Instituto Superior de Arte, con un montaje para actores del cuento Los dos ruiseñores. El Teatro Experimental de Santa Clara y su nuevo brazo llamado Teatro 2. El Frente Infantil del Teatro Escambray. El grupo La Edad de Oro, de Camagüey, Los Zahoríes, de Las Tunas, el Guiñol Rabindranath Tagore, de Remedios, la Teatrova, oriunda de Santiago de Cuba y residente en los 90 en la Capital, con sus montajes para niños. El guiñol espirituano, el Guiñol Pequeño Príncipe, de Bayamo, el entonces guiñol holguinero llamado Yarabey. Ausentes o no invitados a la cita oriental estuvieron también importantes críticos y especialistas del género, entre ellos Mayra Navarro, ya lejos de sus funciones en el desaparecido departamento de teatro para niños del Ministerio de Cultura, con una importante e imprescindible labor en la promoción y desarrollo del movimiento. Freddy Artiles, el investigador más acucioso de nuestro oficio dentro del territorio nacional, dramaturgo y profesor con varios libros de historia teatral y antologías dramatúrgicas de obligada referencia. Todo eso nos dejó 1990, presencias, ausencias, un festival imperfecto, sui generis y entrañable. Una última vez que algún día será rencuentro, vuelta, repaso y mirada al futuro.

Premios del XI Festival Internacional de Teatro para Niños. Santiago de Cuba, 1990
Premios de Puesta en escena:
1-   El extraño caso de la zorra gallina (Dirección Félix Dardo, Guiñol Los cuenteros)
2-   Romance del papalote que quería llegar a la luna (Dirección René Fernández, Teatro Papalote).
Premios de Actuación con títeres:
Masculina: Gilberto Perdomo (El extraño caso de la zorra gallina, Guiñol Los cuenteros).
Femenina: Graciela González (El extraño caso de la zorra gallina, Guiñol Los cuenteros).
Premios de Actuación en vivo:
Masculina: Adalett Pérez (Los ibeyis y el diablo, Grupo Ismaelillo)
Femenina: (Compartido) María Elena Tomás (El mago de Oz, Grupo Raúl Gómez García), Xiomara Palacio (La gata que iba sola, Teatro Nacional de Guiñol).
Premio de texto: Desierto.
Premio Diseño escenográfico: Zenén Calero, por el conjunto de obras presentadas por Teatro Papalote.
Premio Diseño de muñecos: Orlando Rivera (Okan Deniyé, Guiñol de Santa Clara).
Premio de Música: Luis Manuel Molina (La gata que iba sola, Teatro Nacional de Guiñol).
Premio UNIMA Cuba a El extraño caso de la zorra gallina (Dirección Félix Dardo, Guiñol Los cuenteros).
Premio ASSITEJ Cuba a Romance del papalote que quería llegar a la luna (Dirección René Fernández, Teatro Papalote).

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