Memorias recobradas. Introducción al discurso literario de la diáspora

Prólogo

Ambrosio Fornet • La Habana, Cuba

En 1993, con la publicación de un conjunto de ensayistas y críticos cubanos residentes en los EE.UU., La Gaceta de Cuba puso en marcha un proyecto que, por alusión a sus distintas etapas, vendría a conocerse en nuestro medio como los dosieres sobre la literatura de la diáspora o simplemente como los dosieres de La Gaceta... La idea consistía en ir divulgando la obra de aquellos escritores cubanos que, por haber comenzado a escribir en el extranjero, eran totalmente desconocidos en Cuba. En un lapso de cinco años La Gaceta… consagró otros tantos dosieres a diversos géneros y temas, lo que sirvió para dar a conocer a los autores 1 y, en ciertos casos, los argumentos que ellos aportaban al obsesivo debate sobre sus vínculos con Cuba y su propia condición de exiliados o transterrados. Ediciones Capiro ha tenido la feliz ocurrencia de recoger dichos argumentos —así como las notas con que fui presentando cada dossier— en un volumen que pudiera servir de introducción a ese nutrido corpus —tan desatendido por la crítica, aun fuera de Cuba— que solemos llamar, esquemáticamente, literatura cubana de la diáspora.2 Me he permitido añadir como anexo la transcripción de una charla en la que enumeré aquellas obras literarias y audiovisuales que hasta entonces (1995) habían abordado entre nosotros el tema de la emigración y el exilio.

Desde que apareció el primer dossier de La Gaceta… se hizo evidente que estábamos dando respuesta a una necesidad profunda, tanto de información como de coherencia intelectual. Eso explica que desde entonces no hayan cesado de pedirme charlas y conferencias sobre el tema, a las que nunca he accedido sin rubor sabiendo, como sé, que apenas soy el consabido tuerto en tierra de ciegos. Con esa convicción he hablado en los lugares y ante los públicos más diversos, la primera vez en la Casa de la Cultura de Bauta, a principios de 1993, y las últimas en instituciones culturales de Matanzas y Santa Clara, así como en un programa de radio patrocinado por la UNEAC. Con el tiempo fui ganando confianza y ya en abril de este año me atreví a abordar el tema en lugares como el Hunter College, de Nueva York, y la Universidad Internacional de la Florida, de Miami, a los que fui invitado por el Centro de Estudios Puertorriqueños y el Cuban Research Institute, respectivamente. La recepción en contextos tan diferentes me hizo ver que los dosieres cumplían también una función imprevista —una doble función, de hecho: sociocultural y psicosocial—, puesto que a los autores les permitía incorporarse a su ámbito mayor, el formado por los lectores de la Isla, y a nosotros nos permitía recobrar esos fragmentos de nuestra propia memoria colectiva, escindida por el trauma recurrente de la diáspora3.. No hemos hecho más que empezar, pero de eso se trataba, justamente, de dar el primer paso, que suele ser el más difícil.

Dejo constancia de que no siempre pude obtener la autorización de los autores para publicar sus respectivos trabajos, aunque muchos de ellos me hicieron llegar sus parabienes acompañados, a veces, por valiosas informaciones y sugerencias para proyectos futuros. En cuanto a los comentarios y traducciones incluidos aquí, se reproducen sin cambios sustanciales. Me he limitado a corregir errores, erratas y torpezas de estilo, así como a actualizar la información bibliográfica. En una nota del último dossier, sin embargo, me pareció conveniente aludir a la influencia del mercado en la más reciente producción de algunos jóvenes autores de la diáspora.

No olvidaré el entusiasmo con que Abel Prieto —entonces presidente de la UNEAC— y Norberto Codina, director de La Gaceta…, acogieron y sostuvieron el proyecto. Desde Madrid, un amigo que prefirió mantener el anonimato me suministró fotocopias y valiosas sugerencias. Con una paciencia infinita, Silvia Gil ordenó y —valga el neologismo— digitalizó los materiales. En Santa Clara, Yamil Díaz Gómez se empeñó en reeditarlos para hacer llegar a nuevos lectores ese cúmulo de información dispersa, y Carlos Alé Mauri asumió con celo y firmeza el cuidado de la edición. A todos ellos, gracias.

La Habana, 1999.
                                                  
 

Notas:

1. Véanse los apéndices de esta edición.

2. Por su situación dentro del mismo merecerían tratamiento aparte aquellos autores de prestigio y talento que han hecho del exilio, en mayor o menor medida, un componente de su trayectoria profesional. Uno de ellos, por cierto se dio el lujo de señalar burlonamente ciertos rasgos personales y estilísticos del grupo con una actitud despiadada, es decir, exponiéndose él mismo a los ramalazos del choteo. En un pasaje de la novela El portero, los supuestos narradores explican por qué, para hacer más verosímil la historia del personaje, no acuden a colegas más experimentados. "La razón es muy sencilla —dicen—. Con Guillermo Cabrera Infante este relato perdería su sentido medular y se convertiría en una suerte de trabalenguas, payasada o divertimiento lingüístico cargado de frivolidades más o menos ingeniosas. Heberto Padilla aprovecharía cada renglón para interpolar su yo hipertrofiado, de modo que en vez de ofrecernos las vicisitudes de nuestro portero, el texto se convertiría en una suerte de autoapología del propio escritor donde el mismo, siempre en primera persona y en primer plano, no dejaría brillar ni al más insignificante insecto.[...] En cuanto a Reinaldo Arenas, su homosexualismo confeso, delirante y reprochable contaminaría a todas luces textos y situaciones, descripciones y personajes, obnubilando la objetividad de este episodio que en ningún momento pretende ser ni es un caso de patología sexual. Por otra parte, si nos hubiéramos decidido por Sarduy, todo habría quedado en una bisutería neobarroca que no habría Dios que pudiese entender". (Reinaldo Arenas: El portero. Miami, Ediciones Universal, 1990, p. 97.)

3. Trato este y otros aspectos del asunto en "Soñar en cubano, escribir en inglés: una reflexión sobre la tríada lengua-nación-literatura". Temas, no. 10, abr.-jun. 1997. El trabajo incluye una bibliografía que los interesados en el tema de la diáspora literaria cubana pueden consultar con provecho.

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