La palabra que falta

Ambrosio Fornet • La Habana, Cuba
Ilustraciones: Albert Zayas, Nelson Ponce

Si accedo a asomarme al terreno de la literatura de la diáspora  sin tener nada nuevo que añadir es solo para hacerme una pregunta: ¿Y ahora qué?  Porque han pasado casi 20 años desde que La Gaceta… empezó a publicar su famoso Dossier sobre el tema, han aparecido numerosas obras de autores ya consagrados o virtualmente desconocidos en Cuba que residían o residen fuera del país, de los primeros se han compilado antologías y textos nunca antes recogidos en libro, en nuestras publicaciones literarias se incluyen entrevistas y colaboraciones suyas, revistas como Temas y Espacio Laical ventilan nuestras coincidencias y discrepancias, estimulan la reflexión sobre nuestras posiciones respectivas, y más de un aspirante a licenciado o doctor le ha dedicado a alguno de ellos su tesis de grado. Por lo demás, no faltan revaloraciones notables —como la que Rigoberto Segreo y Margarita Segura hicieron de Mañach en Más allá del mito—, ni estudios rigurosos sobre el tema de la emigración, como Al cruzar las fronteras, de Antonio Aja, al que viene a sumarse el de Jesús Arboleya recién premiado en el concurso de la Casa de las Américas.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Kike

 

Es lógico que en esta situación nuestro relativo desconocimiento del asunto nos cause cierta extrañeza. Y es que ha faltado la crítica. Porque no basta con  disponer de los textos, necesitamos ahondar en sus propuestas, tanto estéticas como temáticas, analizarlas a la luz de lecturas diversas, lo que solo es posible en el contexto de un movimiento crítico coherente y dinámico (precisamente lo que nos falta). Algo dijo nuestra crítica sobre la poesía de Lourdes Casal, de José Kozer y de Lorenzo García Vega, por ejemplo,  pero, ¿qué ha dicho de la de Mauricio Fernández y la de Enrique Sacerio? ¿Y  de los cuentos de Manuel Cachán,  Roberto G. Fernández, Sonia Rivera y Achy Obejas, para no hablar de Isla tan dulce (2002), la antología preparada por Carlos Espinosa, hasta entonces única en su género?  Las novelas de Mireya Robles, René Vázquez Díaz, Mayra Montero, Juan Arcocha y  Lichy Diego —para no hablar de De dónde son los cantantes, publicada aquí a mediados de los 90, poco después de la muerte de Sarduy—, ¿qué comentarios críticos suscitaron?  Y de los ensayos de Lourdes Tomás, Román de la Campa,  Jesús Barquet y Ana López, o de  las piezas teatrales incluidas en la antología de Alberto Sarraín y Lilliam Manzor,  ¿qué se dijo? Que yo sepa, nada.  Se  anunció  su salida, se agotaron en un mes…  y eso es todo.

¿Qué  pienso yo de esas obras? Unas me gustan más, otras menos, pero hasta ahí, porque son propuestas que me llegan descontextualizadas, como unidades autónomas, sin relación con los demás libros de sus respectivos autores —si los hay—, ni con nuestra tradición, ni con la literatura cubana contemporánea. Tengo algunas ideas sobre ese corpus, pero el tiempo pasa y no puedo dejar de preguntarme: ¿sigue vigente el llamado “discurso de la nostalgia”, por ejemplo? Las cartas, las fotos descoloridas, las palabras  “allá”, “entonces” y “memoria” ¿siguen siendo piezas claves de esa  corriente temática? ¿Quiénes son los nuevos nombres? ¿Qué novedades traen? Y conste que no me refiero solo a las obras escritas en español;  la impresión se agudiza cuando pienso en las cubanoamericanas —las escritas en inglés—, tan importantes para nosotros porque nos devuelven esa otra imagen de nosotros mismos que encontramos en Dreaming in Cuban, de Cristina García, en Memory Mambo y Days of Awe, de Achy Obejas,  y hasta en reminiscencias más remotas como The Mambo Kings play songs of love, de Oscar Hijuelos, por ejemplo, o las que suponemos más cercanas por la notoriedad mediática alcanzada por Richard Blanco. La extrañeza se dilata más aún porque somos conscientes de que aún falta un largo trecho por recorrer.

Imagen: La Jiribilla

Es posible que ya vayan siendo más los autores publicados que los preteridos, pero aún están entre estos últimos el Cabrera Infante de Tres tristes tigres y el Arenas de El mundo alucinante, obras como Puente en la oscuridad, de Carlos Victoria; Boarding Home, de Guillermo Rosales y  Livadia de José Manuel Prieto, así como media docena de notables críticos y ensayistas, y dramaturgos como Montes Huidobro y Dolores Prida, recién fallecida…

Queda claro que mi enumeración deja fuera la llamada novela anticastrista —aun algunas de sus muestras tardías e innovadoras, como las de Arenas—, porque en ellas el conflicto se revela de inmediato como antagonismo ideológico y político, lo que entorpece uno de nuestros propósitos, que es la invitación al diálogo desprejuiciado a través de la cultura. Se dice fácil, pero en la práctica no lo es; todos somos cubanos, es cierto, pero nuestros respectivos proyectos de nación no siempre coinciden. Para ilustrar dramáticamente esa tensión bastaría asomarse al espacio de El sitio de nadie, la novela de Hilda Perera cuya sola existencia es también ilustrativa, pues la autora lo es también de Mañana es 26, que puede verse, retrospectivamente, como su contraparte política.

Y esto me devuelve a la pregunta inicial: ¿Y ahora qué? En mi opinión, de lo que ahora se trata es de reanudar y profundizar el diálogo iniciado con la publicación de tantos textos que antes no existían para nosotros como fenómeno cultural y social. En otras palabras, se trata de hacerlos existir no solo como parte de nuestro Imaginario sino también como puntos de referencia para una reflexión más abarcadora y compleja sobre el conjunto de nuestra cultura. Necesitamos incorporar ese multifacético movimiento al de la crítica interna, una ambición desmedida, lo sé —no lo hemos logrado ni siquiera con nuestras propias obras— pero irrenunciable, si queremos ir un poco más allá, como lo está haciendo el propio país.

Habrá quien diga que, para hacerla funcionar a cabalidad, esa acción tendría que ser recíproca. Nuestros colegas de la diáspora deberían esforzarse por estudiar y divulgar las obras más valiosas que se publican  aquí, lo que no es frecuente, salvo en el caso de que se editen también  en el extranjero, una situación que se explica con argumentos de diversa índole: la ignorancia, el mercado —el mercado académico, quiero decir—, la intransigencia política de ciertos sectores del exilio… En un intercambio de criterios sostenido por varios intelectuales a principios del año pasado —y publicado en la revista Palabra Nueva— nuestra apreciada amiga, la narradora y ensayista Uva de Aragón, residente en Miami, comentó: “…Es posible… que pocos en la Isla tengan conciencia de la magnitud de cuanto han creado los cubanos en el exterior”. Estoy seguro de que lo mismo podría decirse  de las primeras oleadas de exiliados e inmigrantes, así como de gran parte de sus descendientes, con respecto a la magnitud  de lo que hemos creado aquí. Pues bien, para nosotros es hora ya de seguir acortando esos márgenes de ignorancia. Digo para nosotros, porque de los colegas de la diáspora podemos esperar más atención crítica, pero no sería justo exigirles lo demás: ellos no son dueños de las editoriales, como nosotros, ni determinan la orientación de las revistas en las que colaboran, de manera que sus esfuerzos no pueden tener el mismo alcance social.

Imagen: La Jiribilla

Si aceptamos la idea de que las obras las crean los autores, pero que son los críticos los que, con esa argamasa, construyen el edificio de las literaturas, entonces queda claro que la palabra que falta es la de la crítica. Tan sencillo como eso. Para afirmar la noción de que la cultura cubana es “una sola” —que la literatura cubana es una sola—, como venimos diciendo desde hace años, tenemos que mostrar un poco más nuestra impaciencia y exigirles un poco más a nuestros críticos.
 

Este texto fue escrito a propósito del panel “Cultura y emigración”, convocado como parte de los Ciclos de debates de la Revista de cultura cubana La Jiribilla. Casa del ALBA cultural, La Habana 6 de febrero de 2013.

Comentarios

Los propositos del Sr. Ambosio Fornet, mas alla de ser del interes especifico de los escritores y criticos literarios. Tiene para mi una amable invitacion a la diaspora de cubanos y sus desendientes por el mundo de... » seguir acortando esos márgenes de ignorancia. *«, entre todas la orillas sean proxima o lejanas, en un... »diálogo desprejuiciado a través de la cultura. *« e... »ir un poco más allá, como lo está haciendo el propio país.* «. Un saludo cordial  * cita correspondiente al texto de Ambrosio Fornet

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