Fabula sin ficción

Louis A. Pérez, Jr. • Estados Unidos

En los días posteriores al fin de la guerra de independencia, Liborio estaba solo en el cañaveral cortando caña mientras los demás almorzaban frugalmente. Al abrirse paso por el surco vio de pronto a Dios con un traje blanco de hilo, sentado en uno de esos banquitos que usaban los hacendados cuando salían a inspeccionar sus propiedades. 

—Buenos días, Liborio —dijo Dios—. He venido a ver cómo les va a mis cubanos.

Liborio se detuvo, la ropa empapada de sudor, las manos agrietadas y sangrantes, los pies descalzos y sucios. Clavó el machete en la tierra, escupió el trozo de caña que estaba masticando y meditó d