La cultura cubanoamericana

Jesús Arboleya Cervera • La Habana, Cuba
Ilustraciones: Zardoyas, Nelson Ponce

La dinámica inmigratoria ha enriquecido constantemente la cultura de EE.UU., aportándole ingredientes muy diversos, que han contribuido a su popularización a escala mundial.

Reciclada con fines comerciales, esta cultura alimenta a una de las industrias más lucrativas de la nación y contribuye a la influencia ideológica norteamericana en el resto del mundo.

Imagen: La Jiribilla
Foto: R. A. Hdez.

 

Sin embargo, la sociedad estadounidense no ha sido capaz de lograr la integración armónica de estos valores en una identidad cultural común, por lo que resulta difícil encontrar patrones únicos para definir la cultura nacional de ese país.

La cultura cubanoamericana constituye, por tanto, una expresión más de esta diversidad en conflicto.

En mi opinión, con razón, el estudioso cubanoamericano Gustavo Pérez Firmat, afirma que “una cosa es ser cubano en EE.UU. y otra distinta ser cubanoamericano”, agregando que “la cultura cubanoamericana ha alcanzado una configuración propia, que la distingue de la cultura cubana de la Isla tanto como de la norteamericana”.1

Se trata de un fenómeno directamente asociado al proceso de integración de los inmigrantes cubanos a la sociedad norteamericana y las condicionantes que impone este proceso a todos los inmigrantes, aunque tiene su génesis en la propia evolución histórica de la cultura cubana, debido a los vínculos existentes entre los dos países, incluso antes que se definieran como nación.

Ninguna otra sociedad llegó a parecerse tanto a la norteamericana como la cubana, convirtiendo, más temprano que en otras partes, al American way of life en modelo de bienestar y progreso; lo que unido al constante flujo migratorio entre los dos países, determinó que los inmigrantes cubanos a partir del triunfo revolucionario no llegaran a un mundo desconocido, ni que el proceso de integración a esa sociedad implicara rompimientos absolutos con la cultura cubana de origen.

Como resultado de esto, sigue siendo la matriz cultural cubana la que caracteriza al cubanoamericano dentro de la sociedad norteamericana y, aunque en muchos casos han sido decenas de años de separación, resulta muy difícil diferenciar culturalmente a un cubanoamericano del resto de la sociedad cubana.

A través de la cultura, por tanto, el cubanoamericano se mantiene conectado con la sociedad cubana, aunque son distintos muchos de los valores adquiridos o perpetuados y son otras sus metas de vida, sus motivaciones y las prioridades resultantes de sus condiciones de existencia. Sobre todo es diferente el ámbito en que se expresa su referencial patriótico y, vinculado a esto, la ideología que lo acompaña.

La cultura cubanoamericana está determinada por una ideología propia, la cual incorpora viejos y nuevos valores y los adecua a la realidad presente. Esta ideología constituye un factor en las relaciones de los inmigrantes entre sí y con el resto de la sociedad norteamericana, influye de manera significativa en la comunicación con el país de origen y tiene un peso en todas sus expresiones culturales.

Imagen: La Jiribilla

Al establecer EE.UU. condicionantes políticas a los inmigrantes cubanos, el núcleo duro de la ideología cubanoamericana ha sido la voluntad contrarrevolucionaria, la cual ha influido decisivamente en el resto de los componentes, convirtiendo al plattismo, como se define en Cuba a la ideología de la dependencia que sirvió de soporte al neocolonialismo, en el origen y, en buena medida, en el cuerpo conceptual de la misma.2

En tanto la política norteamericana contra Cuba ha influido también en la cotidianidad de la comunidad de inmigrantes cubanos, el apoyo a sus propósitos fue impuesto como un factor de cohesión ideológica que modificó patrones históricos y exacerbó un fanatismo conservador poco común en la tradición política cubana, el cual se ha extendido a otros aspectos de su quehacer político en EE.UU., reforzando su coincidencia con los objetivos imperialistas norteamericanos más allá del ámbito cubano.

El neoliberalismo económico, la fuga de capitales y el comercio desigual de EE.UU. con América Latina, han resultado fenómenos beneficiosos para la economía miamense e influido en las posiciones de la comunidad cubanoamericana hacia los problemas de la región.

Precisamente, esta integración “particular”, como la define Abel Prieto,3 resultante de un origen clasista y condiciones políticas especiales, fue lo que determinó que la ideología política del “exilio histórico” se reprodujera constantemente y deviniera dominante para el resto de la comunidad cubanoamericana, definiendo los perfiles ideológicos que diferencian a los inmigrantes cubanos del resto de los latinos y la conformación de una forma cultural que, si bien en la “superficie” es casi idéntica a la del resto de los cubanos; al decir de Ambrosio Fornet, esconde en su seno la contradicción básica de que “nuestros respectivos proyectos de nación no solo son diferentes sino antagónicos, lo que conduce a la visión de culturas distintas”.4

Debido a esto, al mismo tiempo que entre los revolucionarios cubanos prevaleció el criterio de un “nacionalismo excluyente”, donde el que abandonaba el país “dejaba de ser cubano”5; la ideología cubanoamericana predominante asumió lo cubano no solo como el país que ya no era, sino como el que nunca fue, y recreó una caricatura edulcorada del pasado, que se expresó en lo que pudiera llamarse la “cultura de la nostalgia”, la cual parte del supuesto que la Revolución cubana no es legítima simplemente porque no fue necesaria, estableciendo el objetivo de la “recuperación de Cuba”, como caracterización de esta ideología.6

La oligarquía cubana trasladó a EE.UU. las mismas costumbres que la caracterizaban en Cuba. Pocos se asentaron en los enclaves de inmigrantes cubanos, sino que fueron a vivir en barrios exclusivos dentro o fuera de la Florida, sus hijos continuaron estudiando en prestigiosos colegios norteamericanos y sus capitales buscaron restablecer sus vínculos con los grandes consorcios estadounidenses.

El liderazgo del movimiento contrarrevolucionario se desplazó entonces hacia ciertos sectores de esta clase que tuvieron menos suerte y, por tanto, se mantuvieron “fieles a la causa” y, sobre todo, a elementos de la clase media que encontraron en esta actividad un medio de vida y ascenso político.

De estos grupos surgieron los “nuevos ricos” que nutrieron la burguesía cubanoamericana del enclave, reproduciendo el patrón cultural resultante de la dependencia a EE.UU., lo que se tradujo en la recreación de una “Cuba ideal” que solo habitaba en sus mentes, pero que resultaba funcional al propósito de EE.UU. de construir un referente político que sirviera de contrapeso a la influencia de la Revolución cubana en el mundo y legitimara la actividad contra Cuba.

En estas condiciones, ha sido imposible reproducir y regenerar la cultura popular cubana en el entorno cubanoamericano, aportando toda su riqueza a la cultura norteamericana o nutriéndose de ella por la vía de la transculturación. Ni siquiera han sido difundidas las mejores tradiciones culturales de la burguesía nacional cubana, sino una visión elitista bastante cursi, en buena medida cargada de racismo, donde el culto al consumismo ha sido un factor que la distingue.

Lo que caracterizará a la cultura artística y literaria cubanoamericana no será, por tanto, la riqueza de sus aportes creativos, ni tampoco ha evolucionado hasta consolidar una originalidad transculturada que la singularice, pero eso no quiere decir que no exista una cultura cubanoamericana que se expresa en muchos campos de la vida social de esta comunidad y, en tal sentido, elementos clave en la articulación de la cultura cubanoamericana han sido la educación étnica a través de las escuelas privadas cubanas y la preservación de la lengua española.

Imagen: La Jiribilla

Aunque la condición de cubanoamericano no está solo determinada por ello, el bilingüismo es el patrón de medida por excelencia para calcular el grado de integración de los cubanos a la sociedad norteamericana. También constituye una característica que singulariza a la cultura cubanoamericana respecto a la cubana, dado que ello no solo refleja el dominio de los dos idiomas, algo posible en cualquier parte, sino la asimilación de ambas culturas y su reproducción en una singular que las abarca, con sus correspondientes modificaciones.

Ha sido, precisamente, en el mercado donde con mayor fuerza se ha expresado la cultura cubanoamericana. Sin denostar esta tendencia, Pérez Firmat afirma que, “la cultura cubanoamericana no existe solo en museos y bibliotecas, sino también, y quizá fundamentalmente, en tiendas, restaurantes y discotecas. Al conformarse de una mezcla kitsch y cachet, de mal gusto y buen tino, la cultura cubanoamericana honra más al consumidor que al creador; o mejor dicho, trata al consumo como un acto de creación”.7

Tal y como ha ocurrido en otras ramas de la economía, otro aspecto que relaciona al mercado miamense con la cultura es el papel desempeñado por los cubanoamericanos en la industria cultural en español y su comercialización en el resto del mercado norteamericano y en América Latina.

Renombrados eventos culturales, como el Festival de la Calle Ocho, el Festival de Cine de Miami o los premios Grammys Latinos, cuando han podido celebrarse en Miami, tienen esta tónica comercial.

Los cuarteles generales de Univisión y Telemundo, las más grandes cadenas de televisión hispanas, se localizan en Miami, así como los principales canales de televisión norteamericanos que emiten por satélite hacia América Latina, demostrando que, tanto el bilingüismo de Miami como su ubicación estratégica, constituyen una ventaja comparativa para promocionar los ritmos latinos y otros productos culturales en el mercado estadounidense, por lo que Miami ha desbancado a Nueva York como el segundo mercado publicitario hispano más importante del país, detrás solo de Los Ángeles.

Salvo excepciones, no será tampoco lo mejor y más autóctono de la cultura artística latinoamericana lo que se distribuye a partir de Miami, sino aquella que, adulterada para satisfacer la demanda del mercado, sirva mejor a los intereses comerciales, rindiendo culto a una banalidad farandulera, a veces patética, que en el mejor de los casos desaprovecha el talento que promueve.

No obstante, la existencia de esta industria del entretenimiento hispana enfatiza el perfil latino de Miami, así como el papel preponderante de los cubanoamericanos en su funcionamiento, aun cuando ni los artistas ni los principales capitales sean mayormente cubanoamericanos.

También potencia el papel de los cubanoamericanos en áreas tan sensibles como los medios de información televisados, donde han llegado a controlar buena parte del proceso productivo en cadenas tan importantes como la CNN en español, la cual difunde sus programas en toda América Latina, influyendo de manera relevante en la opinión pública de la región. 

Aplastada por las presiones convergentes del mercado y la política, la cultura cubanoamericana no ha podido desarrollarse en un entorno de libertad, que le permitiera expresar el potencial creativo implícito en el desarrollo social de estas personas y las tradiciones de que son portadoras.

Sin embargo, aún con estas limitantes, se trata de un fenómeno trascendente para el futuro de la nación cubana por dos razones básicas:

En primer lugar, porque el mantenimiento de la cultura cubana constituye una necesidad existencial del cubanoamericano para preservar su identidad dentro del conjunto de la sociedad norteamericana —no puede convertirse en otra cosa— y ello implica un estímulo para el vínculo con su patria de origen, que ya tiene expresiones políticas en el ámbito político miamense, toda vez que se contradice con las premisas que han servido de base a la beligerancia contrarrevolucionaria.

En segundo lugar, porque constituye una expresión a escala social de la cultura cubana fuera del territorio nacional, lo cual tiene escasos antecedentes en la historia de nuestro país —solo podríamos mencionar los casos de Cayo Hueso y Tampa en el siglo XIX— lo cual, por su volumen y amplitud divulgativa, tiende a perpetuarse, adquiriendo una importancia estratégica para el futuro de nuestra propia nacionalidad.

      

Este texto fue escrito a propósito del panel “Cultura y emigración”, convocado como parte de los Ciclos de debates de la Revista de cultura cubana La Jiribilla. Casa del ALBA cultural, La Habana 6 de febrero de 2013.


Notas:
 
1. Pérez Firmat, Gustavo: Vidas en vilo. La cultura cubanoamericana. Editorial Colibrí, España, 1994, p. 17.
2.  El “plattismo” toma este nombre de la Enmienda Platt, una cláusula constitucional impuesta por EE.UU. como condición para reconocer la independencia en 1902, la cual establecía el derecho de ese país a intervenir en los asuntos internos de Cuba.
3. Prieto, Abel: Cultura, cubanidad y cubanía. Ponencia en la conferencia La Nación y la Emigración, La Habana, abril de 1992.
4. Fornet, Ambrosio: Narrar la nación, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 243.
5. Idem, p. 242.
6. Grenier, Guillermo y Lisandro Pérez: The legacy of Exile: Cubans in the United States, Pearson Education Inc., Boston, 2003, p. 120.
7. Pérez Firmat, Gustavo: Vidas en vilo.La cultura cubanoamericana. Editorial Colibrí, España, 1994, p. 26).
 

 

Comentarios

El desafio de la Cultura CubanoAmericana es la SER O NO SER fuera del territorio de esa gran nacion que es los EE.UU. Deseo recomendar la lectura de «  EL CONFLICTO CUBA - ESTADOS UNIDOS DESDE EL UMBRAL DEL SIGLO XXI « .del Dr Esteban Morales Dominguez. http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com.br/2009/07/el-conflicto-cuba... Un saludo cordial

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