Descemer

Bueno

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Una de las figuras más activas de la nueva generación de músicos cubanos es, sin duda, Descemer Bueno. Él es uno de los mejores ejemplos de la hibridación por la cual, de modo creciente, apuestan los jóvenes creadores de nuestro país. Junto con Roberto Carcassés y Pável Urquiza, es parte de una triada de productores que, en mi criterio, ya resulta imprescindible a la hora de referirse al nacimiento de una sonoridad “otra” en el medio artístico de Cuba y su diáspora, fenómeno caracterizado por el abandono de un lenguaje regido exclusivamente por símbolos nacionales y que incide también en la redefinición multicultural de la Isla, proceso que acontece en un contexto internacional abigarrado donde el sujeto cultural unívoco de la modernidad tiende a desaparecer.

Imagen: La Jiribilla

Es en dicho escenario en el que se inscribe la música de este habanero, formado de inicio como guitarrista clásico y devenido luego bajista al integrarse a las filas de Estado de Ánimo, sin la menor discusión una de las bandas cubanas de mayor importancia durante el decenio de los 90 del pasado siglo, tanto por su trabajo como agrupación de respaldo del cantautor Santiago Feliú, como por la obra que el ensamble dejó en los terrenos del jazz.

Su más reciente producción musical, el disco titulado Bueno, es un perfecto ejemplo del proceso de redefinición multicultural que vivimos en