El Torreón de San Lázaro

Josefina Ortega • La Habana, Cuba
Fotos: Jorge Sariol

Si lo comparamos con las grandes fortificaciones de la villa de San Cristóbal de La Habana, el Torreón de San Lázaro, situado hoy en los predios del parque Maceo, en el municipio de Centro Habana, bien pudiera presentársenos como una pieza insignificante de aquel poderoso sistema defensivo colonial, establecido a lo largo de todo el litoral, desde el Castillo de La Chorrera hasta el Torreón de Cojímar.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, su misión era primordial ante la inminencia de los ataques de aquellos corsarios y piratas que rondaban por el Golfo de México, el Estrecho de la Florida y todo el Mar Caribe.

Dicen que su construcción dio comienzo en la caleta de Juan Guillén cuando visitó La Habana el ingeniero de Nueva España Marcos Lucio, a quien se le había encomendado realizar modificaciones en las fortificaciones primitivas de la villa y sus inmediaciones.

De ello da fe el acta del cabildo del 26 de septiembre de 1664, donde se hace referencia a una real cédula que recoge instrucciones para hacer “un fortín nuevo en la caleta que está a media legua de la ciudad”.

Construida con el propósito de mantener una posta de vigilancia donde por la geografía del terreno no alcanzaba la vista desde las fortalezas de la ciudad, esta edificación es un perfecto cilindro de mampostería en tres niveles con aspilleras en el perímetro de su nivel intermedio y parapeto con pequeñas troneras en el superior.

Por cierto, su estructura cilíndrica de mampostería permitía, al estar situado en una zona baja, resguardar a su guarnición del abrasador sol tropical y de los rigores del tiempo, al ser habituales en esta zona las penetraciones del mar.

Muy pronto, el torreón de Juan Guillén fue conocido con el nombre de San Lázaro, que tomó del vecino hospital o reclusorio de leprosos.

Imagen: La Jiribilla

Enlace entre los castillos de La Punta y La Chorrera, desde un inicio cumplió su principal función de vigía, pues el torreón, al decir del investigador Fernando Padilla González: “era clave en la acción de escrutar el horizonte en busca de velas enemigas, en el cuidado de las flotas que permanecían en el Real Fondeadero, al tiempo que custodiaba los embarques de tozas de madera provenientes de las márgenes del río Almendares con destino al Real Arsenal e impedía el posible paso de fuerzas agresoras hacia el Bosque Vedado del Rey y la Zanja Real”.

Pero hasta la primera mitad del siglo XVIII, el torreón de San Lázaro cumpliría su función defensiva, pues como dice Fernando Padilla González: “Su estructura cilíndrica, el grosor de 1,30 metros de los muros, la estructura de mampostería y reticulado de vigas de madera, así como el entramado de aspilleras dedicadas a resguardar el tiro de fusilería, respondían a tácticas de guerra obsoletas para 1762, cuando la numerosa escuadra británica cruzó el océano Atlántico y se posicionó frente al litoral habanero”.

En la segunda mitad del siglo XIX, pierde su carácter de vigía ante el vecino emplazamiento de la Batería de La Reina.

Con el paso del tiempo, la caleta se rellenó y fue tomando la fisonomía urbana que hoy es posible apreciar.

Y hacia 1916, se inauguraba el conjunto escultórico del Parque Maceo, sin embargo, no sería hasta la década del 50 que el solitario y robusto torreón entraría a formar parte de su diseño, integrado a un paisaje urbano que distingue y embellece el hermoso litoral que caracteriza La Habana ante los ojos del mundo.

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